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La jornada de movilización se desarrolla en un contexto de profunda crisis política. La dimisión de Bayrou, tras perder una moción de confianza, y el nombramiento de Sébastien Lecornu como primer ministro reflejan la inestabilidad del gobierno de Macron.
Por Joan Balfegó | 10/09/2025
Este 10 de septiembre, Francia vive una jornada de movilización masiva bajo el lema ‘Bloquons tout’ (Bloqueemos todo), un movimiento ciudadano que busca paralizar el país en protesta contra los recortes sociales propuestos por el gobierno de François Bayrou, quien dimitió tras perder una moción de confianza en la Asamblea Nacional este 9 de septiembre. A pesar de su salida y el nombramiento de Sébastien Lecornu como nuevo primer ministro, las protestas han continuado, reflejando un descontento social que trasciende los cambios políticos. Este miércoles se están llevando a cabo bloqueos, huelgas y manifestaciones en todo el país.
Origen del Movimiento 10 de Septiembre
El Mouvement du 10 septembre nació en mayo de 2025, pero cobró fuerza tras el anuncio del plan presupuestario de Bayrou el 15 de julio, que proponía medidas de austeridad por 43.800 millones de euros para 2026. Entre las medidas más controvertidas se encuentran la eliminación de dos días festivos nacionales (el Lunes de Pascua y el 8 de mayo), la congelación de pensiones y recortes de 5.000 millones de euros en sectores clave como la salud y la educación. Estas propuestas, justificadas por el gobierno como necesarias para reducir el déficit público, fueron percibidas como un ataque a los derechos sociales y un símbolo de desigualdad.
El movimiento, que se presenta como apolítico y no afiliado a partidos o sindicatos tradicionales, se organizó principalmente en redes sociales como X, Telegram, TikTok y Facebook, bajo hashtags como #10septembre2025 y #Mobilisation10Septembre. Con el lema ‘Boicot, desobediencia y solidaridad’, los organizadores han convocado a una jornada de movilización.
Acciones y movilizaciones en curso
Este 10 de septiembre, Francia ha amanecido bajo un despliegue policial sin precedentes, con 80.000 agentes movilizados, incluyendo helicópteros, drones y vehículos blindados, para evitar bloqueos y sabotajes. A pesar de ello, las acciones de protesta han sido significativas, especialmente en sectores estratégicos como el transporte, la educación y la energía.
En la región de Île-de-France, se han registrado bloqueos en la circunvalación de París desde las 7 de la mañana. Las principales autopistas y carreteras de la región parisina están afectadas, con el objetivo de paralizar la economía. En el transporte público, los servicios de TGV funcionan con normalidad, pero los trenes regionales (TER) y líneas de cercanías como el RER y Transilien enfrentan graves problemas. Por ejemplo, el RER D está parcialmente paralizado, mientras que el RER B norte, que conecta con el aeropuerto de Roissy, opera al 50%. En el sector aéreo, se reportan retrasos y cancelaciones, con una reducción del 50% en los vuelos desde y hacia Niza y Córcega.
En el norte de Francia, se han reportado bloqueos de camiones en la salida de un almacén de Amazon. En París, la policía ha intervenido para evitar el bloqueo de un depósito de la RATP (transporte público) y ha cargado contra manifestantes en el periférico. Los organizadores han anunciado acciones en sitios industriales, refinerías, estaciones de tren y mercados de abastos, con el objetivo de interrumpir servicios estratégicos.
También Se han registrado protestas y ocupaciones en universidades y liceos, con cerca de 100 acciones reportadas en Île-de-France y más de 600 en otras regiones de Francia. Los estudiantes se han sumado al movimiento, exigiendo la protección de los servicios públicos educativos.
La Confederación General del Trabajo (CGT), uno de los principales sindicatos franceses, ha respaldado la movilización, llamando a organizar huelgas en todos los sectores posibles. Sin embargo, la CFDT, el mayor sindicato del país, ha optado por no unirse, proponiendo una movilización alternativa en una fecha posterior.
Los organizadores han promovido acciones de desobediencia civil, como boicots a grandes superficies comerciales y bancos, así como el cese de actividades laborales en comercios y transporte público.
Contexto político y social
La jornada de movilización se desarrolla en un contexto de profunda crisis política. La dimisión de Bayrou, tras perder una moción de confianza, y el nombramiento de Sébastien Lecornu como primer ministro reflejan la inestabilidad del gobierno de Emmanuel Macron, que enfrenta su cuarto cambio de jefe de gobierno en menos de un año. Este vacío político ha alimentado el descontento, con muchos manifestantes comparando la situación actual con la crisis de los chalecos amarillos de 2018.
Los sindicatos, por su parte, están divididos, lo que genera incertidumbre sobre la capacidad de coordinación del movimiento. El Ministerio del Interior, encabezado por Bruno Retailleau, ha calificado el despliegue de 80.000 agentes como un ‘dispositivo masivo’ para garantizar el orden. Retailleau ha advertido que ‘no se tolerará ninguna clase de bloqueo’, y las autoridades temen que grupos radicales aprovechen la jornada para atacar infraestructuras sensibles.
En París, la policía ha intervenido en el periférico, mientras que en otras regiones se multiplican las acciones en carreteras, universidades y centros logísticos. Aunque el cambio de primer ministro podría apaciguar algunas demandas, los organizadores insisten en que el descontento va más allá de los nombres y apunta a un rechazo estructural a las políticas de austeridad.
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