La Andalucía de Moreno Bonilla: entre la inercia y el abismo

Moreno Bonilla no lidera por convicción, sino por la inercia del odio al sanchismo y la incapacidad de una izquierda fragmentada que ha dejado huérfana a la calle.

Por José Luís Carpintero | 4/05/2026

La política andaluza se encuentra en un estado de esquizofrenia electoral. Por un lado, el liderazgo personalista de Juanma Moreno Bonilla parece blindado por un aura de moderación; por otro, el latido de la calle —especialmente en las salas de espera de los hospitales— bombea un descontento que, paradójicamente, no termina de desangrar las urnas del Partido Popular.

La posibilidad de revalidar los 55 escaños (o incluso alcanzar los 58) no debe leerse como un cheque en blanco, sino como un síntoma de la fragmentación de la izquierda y el miedo al «lío», y en un ejercicio de cinismo político sin precedentes, Juanma Moreno Bonilla se presenta envuelto en una bandera de moderación que ya no alcanza a tapar las vergüenzas de una gestión que está desguazando el patrimonio más sagrado de los andaluces: su salud. Resulta desgarrador que los andaluces describan el sistema sanitario como «cerca del colapso» y la preocupación por la salud duplica a la del paro, Moreno Bonilla mantenga una valoración de 5,46/10. Es una una victoria de la imagen sobre la realidad, una aberración democrática que un gobernante pueda rozar la mayoría absoluta (55-58 escaños) mientras el 56% de la población grita que su sistema sanitario está al borde del colapso.

Moreno Bonilla no lidera por convicción, sino por la inercia del odio al sanchismo y la incapacidad de una izquierda fragmentada que ha dejado huérfana a la calle, vende un perfil dialogante mientras se destinan 16.265 millones de euros —una cifra récord— para terminar engordando las cuentas de resultados de clínicas privadas y empresas de servicios, disparando las listas de espera y dejando a los profesionales exhaustos.

Es obsceno que el futuro de millones de andaluces dependa de un puñado de 15.000 votos mendigados en los restos de provincias como Málaga o Almería. Si el PP alcanza la mayoría absoluta no será por mérito, sino por el error de cálculo de una ciudadanía que prioriza la «estabilidad» de un despacho sobre la dignidad de sus quirófanos. Un error de movilización en el núcleo duro o una alta abstención de los moderados decepcionados por las listas de espera podría dejar al PP en la orilla de los 52-54 escaños.

Si la aritmética falla y Moreno queda atrapado en los 52-54 escaños, caerá la máscara de la «vía andaluza». Pactar con la ultraderecha no es un mal menor; es la entrega voluntaria de las llaves de la Junta a quienes desprecian el autogobierno ,y no sería un simple acuerdo de gobernabilidad, sino una claudicación ideológica con efectos devastadores en tanto que un gobierno de coalición (siguiendo los modelos de Extremadura o Aragón) obligaría a Moreno a entregar consejerías clave como Familia o Interior lo que metería al zorro en el gallinero de los derechos sociales. Esto dinamitaría su narrativa de «estabilidad vs. caos» y lo convertiría en rehén de la agenda nacional de VOX, algo que él mismo ha calificado como un «lío evitable».

Veremos cómo se canjean derechos de las mujeres y políticas de igualdad por votos de investidura, una «comercialización» de derechos que el PSOE ya denuncia y que el PP aceptará en silencio tras las cortinas de San Telmo. El PSOE ya afila el discurso de la «comercialización de derechos», y con razón. Un pacto expondría fisuras en políticas de igualdad y migración, alienando al 40% de votantes que, según el CIS, prefieren a un Moreno en solitario para evitar el radicalismo. Ese 40% de votantes moderados que hoy confía en Moreno como un muro de contención contra el extremismo se despertará el 18 de mayo con la resaca de una traición. No hay moderación posible cuando te sientas a la mesa con quienes quieren demoler el consenso autonómico.

Andalucía se encamina hacia una victoria del PP que es, en realidad, un síntoma de anestesia social. Moreno Bonilla confía en que el ruido de la economía y su imagen de «buen gestor» ahoguen los gritos de la Marea Blanca.

Pero que no se engañen en San Telmo: gobernar por inercia es gobernar sobre un volcán. Un pacto con VOX no solo será el fin del mito de la moderación; será la prueba definitiva de que para el PP la sanidad pública y la estabilidad social son solo monedas de cambio en el mercado del poder. Andalucía no merece ser el tablero de juegos de un presidente que prefiere el «caos» de la ultraderecha antes que reconocer el fracaso de su modelo privatizador. El mayor riesgo es la desmovilización. El votante de centro-derecha que en 2022 utilizó al PP como «barrera» contra VOX se sentiría traicionado. Un pacto con la ultraderecha podría erosionar entre un 5% y un 10% del apoyo moderado en futuros ciclos, convirtiendo la victoria de hoy en la irrelevancia de mañana.

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