Julián Grimau, in memoriam

La familia de Julián Grimau, casi en solitario, sin apoyo de partidos políticos, no han dejado de luchar por limpiar la memoria del dirigente comunista.

Por María Torres

En la madrugada del 20 de Abril de 1963 Julián Grimau es trasladado al campo de tiro de Carabanchel y veintisiete descargas de fusil y dos tiros de gracia acabaron con su vida. El fusilamiento fue ejecutado por soldados de reemplazo de la División Brunete. Julián Grimau no quiso que le vendaran los ojos. Su delito: Rebelión contra el régimen. Los cargos imputados a Grimau cometidos en 1938 habían prescrito según el código de justicia militar vigente cuando se realizó el juicio farsa. No fue problema, le aplicaron el código de 1894, siendo acusado de rebelión continuada, alegando que durante la posguerra había continuado la lucha armada contra el régimen, a pesar de su prolongado exilio.

De nada sirvieron los más de 800.000 telegramas que llegaron a Madrid solicitando que no fuera ejecutado. El papa Juan XXIII, Nikita Jruschov, J.F.Kennedy, Willy Brandt, Harold Wilson, Aldo Moro, el cardenal Montini y Jean Paul Sartre pidieron a Franco clemencia para el reo. El pequeño dictador, como siempre, desoyó todos ellos con la misma frialdad con la que firmaba las sentencias de muerte.

El 18 de abril de 1963 a las 8:20 horas, se inició un Consejo de Guerra contra Grimau bajo la presidencia de Valentín Bulnes Alonso, coronel de caballería. Los vocales fueron los capitanes Francisco Bravo Serrano, José Domínguez González y Luis Valín Gómez y el comandante Manuel Fernández Martín. Este último, exdirector de los campos de concentración franquistas en Extremadura, actuó como ponente y contaba en su haber con cerca de mil penas de muerte. Sorprende saber que no poseía Licenciatura en Derecho. La Fiscalía recayó en Enrique Amado, cuñado del secretario general del Movimiento, José Solís.

No pudo ser defendido por su abogado, Amandino Rodríguez, ya que el reglamento establecía que al tratarse de un Consejo de Guerra debía hacerlo un militar, así que su defensa la ostentó el capitán Alejandro Rebollo Álvarez-Amandi, integrante de Acción Católica y que más tarde fue diputado por la UCD.

En el Consejo de Ministros que debía ratificar la condena y que tuvo lugar nueve horas antes del fusilamiento ninguno de los asistentes votó a favor de la concesión del indulto. Entre ellos se encontraba Manuel Fraga.

Unos meses antes, el 7 de noviembre de 1962, Julián Grimau había sido detenido en Madrid, tras ser delatado por un “camarada”. Durante el interrogatorio policial fue torturado y en un intento de simular su suicidio, arrojado desde una ventana. Según consta en el informe emitido por el Centro Asistencial de la calle General Ricardos, el paciente tenía: «Herida contusa estrellada en región frontal izquierda con hundimiento óseo y salida de masa encefálica; fracturas de ambas muñecas, con luxación interfalángica en dedo medio de la mano derecha; pérdida de conocimiento».

Según Manuel Fraga, Ministro de Información, Grimau recibió un trato exquisito manifestando que en un momento de su interrogatorio se encaramó a una silla, abrió la ventana y se arrojó por ella de forma «inexplicable» y por voluntad propia. En este punto exacto hay recordar dos panfletos publicados por Fraga en 1963, titulados “Julián Grimau o el arte de fabricar una víctima” y “Crimen y castigo”.

La familia de Julián Grimau, casi en solitario, sin apoyo de partidos políticos, no han dejado de luchar por limpiar la memoria del dirigente comunista. En 1990 el Tribunal Supremo revisó la causa, pero la dio por buena.

No olvidamos.

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