Here Comes the Sun

Este no es solo un libro sobre el clima, es un libro sobre el poder. La energía que viene de arriba puede subvertir la energía que viene de abajo y con ella las estructuras de dominación.

Por Dani Seixo | 22/09/2026

Hay momentos en los que uno sale a la calle, mira el cielo y se da cuenta de que algo está cambiando. Y no hablo simplemente del clima, sino también de algo más profundo, la forma en que producimos energía y organizamos nuestras sociedades. Bill McKibben lo había visto antes que muchos otros y en «Here comes the sun. La última oportunidad para el clima y un cambio para la civilización» de Capitán Swing, el veterano activista estadounidense lanza de nuevo un mensaje que no es naíf: la tecnología ya está aquí, resulta más barata que los combustibles fósiles y está creciendo a un ritmo que ni los más optimistas se atrevieron a soñar. El obstáculo hoy no es técnico, es político. Y en esa ecuación hay un actor que lo cambia todo: la República Popular China.

McKibben insiste en esta publicación en una idea sencilla pero revolucionaria, la energía del sol y del viento es fundamentalmente distinta a la del carbón, el petróleo y el gas. Mientras que los combustibles fósiles están concentrados en depósitos subterráneos, controlados por unos pocos, petro-Estados, oligarcas y multinacionales, el sol y el viento están dispersos por definición. No se puede acaparar la energía solar ni mantenerla en reservas, sino que debe estar al alcance de todos. Esa dispersión que durante décadas fue su debilidad frente a la densidad energética del petróleo, se ha convertido en la actualidad en su mayor virtud, permitiendo a este sistema fluir desde todas direcciones. La transición no es solo una cuestión de mitigar el cambio climático, supone una oportunidad histórica para reordenar el mundo sobre bases más democráticas y justas. Si tardamos 40 años en abastecer el mundo con energía solar y eólica, será un mundo destruido y por ello tenemos que acelerar.

Si hay un país que ha entendido la potencia transformadora de las renovables, ese es China. Mientras Occidente debatía sobre subsidios y negacionismos, Pekín construía la mayor cadena de suministro solar y eólica de la historia. El resultado: los paneles solares y las turbinas eólicas son hoy las fuentes de energía más baratas del planeta. Debemos reparar en la gran capacidad de China para abaratar costes en la lucha climática. No es un detalle menor, China ha logrado lo que ni los acuerdos internacionales ni las cumbres climáticas habían conseguido, poder hacer que la energía limpia sea económicamente imbatible. Cada dieciocho horas el mundo instala paneles solares equivalentes a la potencia de una central nuclear. Y gran parte de esa tecnología sale de fábricas chinas. Como señala McKibben en el presente libro, las fábricas capaces de producir paneles solares son complejas y por el momento, se concentran en China, pero tampoco es ciencia espacial. India y Estados Unidos están empezando a igualar esa capacidad, pero el liderazgo chino ha sido el catalizador y sigue sacando al resto del mundo una ventaja considerable.

El libro no es un canto ingenuo al tecnoptimismo. La industria fósil y sus políticos no van a rendirse sin lucha y quienes han construido su riqueza sobre el control de la escasez se sienten amenazados y usan su poder para proteger sus intereses. Trump prohibió nuevos proyectos eólicos el mismo día en que Musk parecía hacer un saludo nazi, pero la fuerza de la gravedad económica empuja en la dirección correcta. California, la sexta economía del mundo, ha reducido casi a la mitad su uso de gas natural en dos años. En Pakistán, la ciudadanía instaló paneles solares equivalentes a un tercio de la red eléctrica nacional en un solo año. La esperanza no es retórica: es una realidad medible.

La transición renovable es también una oportunidad para reformar el sector eléctrico y poner por delante la energía verde, la asequibilidad y la equidad. Un sistema público democrático y empoderado es la mejor manera de lograrlo. No se trata solo de cambiar de fuente de energía, sino de cambiar quién la controla. Frente a los petro-Estados autoritarios, las renovables ofrecen un modelo distribuido. Los combustibles fósiles, concentrados y fáciles de acaparar, generan regímenes autoritarios. La energía solar y eólica permiten imaginar otra trayectoria posible, aunque no invariable, alejada de la dominación.

Este no es solo un libro sobre el clima, es un libro sobre el poder. La energía que viene de arriba puede subvertir la energía que viene de abajo y con ella las estructuras de dominación que han definido los últimos dos siglos. China ha demostrado que la transición es posible y que puede ser rápida. La última oportunidad para el clima es también la primera para una civilización más justa. La energía solar debe viajar muchos kilómetros hasta la Tierra, pero ninguno pasa por Ormuz. La energía del futuro no depende de estrechos, ni de dictadores comprados por el imperialismo occidental, ni tampoco de reservas que se agotan. Depende de mirar al sol. Y de tener el valor de cambiar las cosas.

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