Hacia el sol de Oriente: el último viaje de Javier Reverte

Pasear por las calles estrechas y empedradas de Estambul, oler los perfumes de los exóticos jardines de Shiraz y oír el rumor latente del oleaje del Mármara golpeando contra las paredes que lo aprisionan en el Bósforo es algo que solo puede conseguirse estando allí o leyendo a Reverte.

Por Jayro Sánchez | 10/12/2025

¿Qué son Oriente y Occidente? ¿Qué es lo que los diferencia y dónde está ubicado el espacio geográfico que los separa? Numerosos sabios, líderes, intelectuales y estadistas de todas las épocas de la historia se han formulado estas tres preguntas, y ninguno de ellos ha conseguido obtener una respuesta clara con la que ilustrar al resto del mundo.

El último libro de viajes escrito por el afamado periodista español Javier Reverte, La frontera invisible (Debolsillo, 2022), intenta contestar esas mismas cuestiones a su particular manera.

Como siempre, la obra es una mezcla de recuerdos pasados, reflexiones subjetivas y datos históricos que forman una deliciosa masa literaria. Esta, hecha al punto por la pluma magistral e incisiva de Reverte, narra sus vagabundeos por diversos parajes de las que quizá son las dos naciones más icónicas del Oriente Próximo: Turquía e Irán.

En su momento antiguos y temibles enemigos de la Europa occidental —y del Occidente europeo—, los Estados turco y persa se han convertido en un producto más de la actual globalización. Pero siguen manteniendo, según el escritor, ese atractivo y bello aire oriental que hechizó a los grandes aventureros y aristócratas de la Francia y la Inglaterra de los últimos siglos de gloria.

Pasear por las calles estrechas y empedradas de Estambul, oler los perfumes de los exóticos jardines de Shiraz y oír el rumor latente del oleaje del Mármara golpeando contra las paredes que lo aprisionan en el Bósforo es algo que solo puede conseguirse estando allí o leyendo a Reverte.

Para todo lector y viajero —y para todo ávido viajero lector, como el mismo autor formularía si todavía viviera—, La frontera invisible representa un final agridulce para sus periplos a lomos de la palabra leída.

Azucarado porque es un libro magnífico con el que sentarte en tu sillón favorito al atardecer de un día de finales de verano, y amargo por la pena que te da perder a un compañero de viajes y libros tan querido entre los lectores de lengua hispana como el veterano hombre de letras madrileño.

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