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La admiración por el Imperio Romano sirvió para justificar las ambiciones coloniales de Italia. Mussolini soñaba con un imperio que abarcara el Mediterráneo y más allá, emulando las conquistas romanas.
Por Lucio Martínez Pereda | 21/04/2025
Esto de Roma, su identidad milenaria y los valores de su gloriosa historia, lo podría haber escrito Benito Mussolini.
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Todos los fascismos han tenido un elemento en común: la palingenesia. Es decir, la mitificación a-histórica de un pasado idealizado al que se promete retornar en el futuro tras superar un presente de decadencia. Mussolini lo hizo con la roma imperial y el franquismo con la monarquía cristiana de Felipe II. Vamos a centrarnos en la palingenesia del fascismo italiano. Una palingenesia que -no se si desde una admiración propia de la ignorancia de la Historia o desde una consciencia responsable y conocedora de lo que se escribe- es la que reactiva la señora Olona en este mensaje.
Desde que asumió el poder en 1922, Mussolini buscó revivir la grandeza del Imperio Romano para legitimar su régimen, fomentar el nacionalismo, justificar sus ambiciones expansionistas y exaltar los valores del orden, la disciplina y el militarismo, asociados con la Roma antigua. Mussolini se presentaba como un nuevo «César» o «Augusto», destinado a restaurar la gloria de Roma. El concepto de «Romanità» (romanidad) fue clave en la ideología fascista, que había salido derrotada de la IGM: promovía la idea de que Italia era la heredera directa del Imperio Romano y debía recuperar su prestigio.
En sus discursos, Mussolini- como ahora hace Meloni- invocaba constantemente la Roma imperial. Frases como «resurgir de las cenizas de Roma» o la idea de un «nuevo Imperio» resonaban continuamente en sus proclamas . Prometía que Italia recuperaría un imperio mediterráneo (Mare Nostrum), lo que justificó invasiones como la de Etiopía (1935-1936). La admiración por el Imperio Romano sirvió para justificar las ambiciones coloniales de Italia. Mussolini soñaba con un imperio que abarcara el Mediterráneo y más allá, emulando las conquistas romanas. Sin embargo, las campañas militares reales mostraron las limitaciones del ejército italiano y la desconexión entre la retórica grandiosa y la realidad.
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