España y los créditos de guerra de la socialdemocracia

Aunque el gobierno de PSOE y Sumar insista en que no habrá recortes sociales, la realidad es que la militarización conllevará que se destinen menos recursos a sectores como la educación, la sanidad o las pensiones.

Por Ricardo Guerrero | 14/03/2025

El debate sobre la militarización de Europa, impulsado desde Bruselas bajo el relato de una supuesta amenaza rusa, ha puesto de manifiesto las posturas de los distintos partidos políticos con representación en el Congreso de los Diputados. Este plan, que busca aumentar de manera drástica el gasto militar, revela un preocupante alineamiento entre las grandes formaciones en su apoyo a los presupuestos de guerra. Merece especial atención, el posicionamiento del gobierno de coalición PSOE-Sumar, que evidencia como la socialdemocracia española da la espalda a los intereses de la clase trabajadora en favor de la burguesía y las empresas armamentísticas.

¿Quién apoya la militarización?

El PSOE, como líder del gobierno de coalición, ha respaldado plenamente las propuestas de Bruselas para los créditos de guerra. Pedro Sánchez ha defendido esta postura como una necesidad geopolítica ante la ‘agresión rusa’ en Ucrania, alineándose con la estrategia de la Unión Europea (UE) y la OTAN. Este posicionamiento no sorprende: los socialistas han abrazado históricamente el atlantismo y el europeísmo, incluso cuando ello implica priorizar el gasto militar sobre las necesidades sociales.

Sumar, como socio minoritario del gobierno, mantiene una posición ambigua. Aunque en ocasiones ha criticado la falta de transparencia en el envío de armas a Ucrania y ha pedido debates en el Congreso, no se ha opuesto frontalmente a la militarización. Esta tibieza demuestra que, pese a su discurso supuestamente progresista, la formación encabezada por Yolanda Díaz está dispuesta a plegarse a las directrices de Bruselas y del PSOE.

El Partido Popular (PP) apoya con entusiasmo el rearme europeo, en línea con su tradicional defensa de la OTAN y su visión conservadora de la seguridad. Para el PP, aumentar el presupuesto militar es una prioridad estratégica, y no duda en sumarse al bloque belicista junto al PSOE, evidenciando que, en cuestiones de fondo, PP y PSOE comparten una misma agenda.

Vox, por su parte, ha votado en contra del plan de rearme en el Parlamento Europeo, alineándose con fuerzas como Podemos, Sumar, Bildu y partidos de la izquierda radical como los de Víctor Orbán y Marine Le Pen. Sin embargo, su oposición no responde a un rechazo al militarismo, sino a una desconfianza hacia la UE y una preferencia por una política de defensa nacionalista.

Podemos, pese a haber perdido peso en el Congreso, mantiene una postura crítica hacia el rearme y la escalada bélica. Sin embargo, su influencia es limitada tras su salida del gobierno.

Otros partidos minoritarios, como ERC y Bildu, también rechazan el rearme, argumentando que fomenta una escalada bélica innecesaria y desvía recursos de las prioridades sociales. Sin embargo, unas declaraciones recientes de Gabriel Rufián (ERC) tras reunirse con Pedro Sánchez insinuaban que probablemente terminen apoyando la militarización apelando a la ‘real politik’.

El rearme de Europa

El rearme propuesto por Bruselas es una política absurda y peligrosa que solo agravará las tensiones globales y perjudicará a la clase trabajadora. En primer lugar, la narrativa de la ‘amenaza rusa’ se basa en una exageración interesada que ignora el contexto histórico y las responsabilidades de la OTAN en la escalada del conflicto en Ucrania. Lejos de garantizar la seguridad, aumentar el gasto militar y enviar armas alimenta un ciclo de violencia que podría arrastrar a Europa a una guerra a nivel continental de consecuencias desastrosas.

En segundo lugar, el rearme implica un coste económico insostenible. En un país como España, donde un tercio de la población vive en riesgo de pobreza, destinar miles de millones de euros a armamento es una aberración. Aunque el gobierno de PSOE y Sumar insista en que no habrá recortes sociales, la realidad es que los presupuestos son finitos: cada euro invertido en tanques y misiles es un euro menos para educación, sanidad o pensiones. La experiencia histórica demuestra que las aventuras militaristas siempre terminan pagándolas los más vulnerables.

Además, esta política carece de legitimidad democrática. Las decisiones sobre el rearme se toman en Bruselas y la OTAN sin apenas debate público ni consulta a la ciudadanía. En España, el gobierno ha evadido sistemáticamente el escrutinio del Congreso, mostrando una opacidad que Sumar, lejos de combatir, ha tolerado.

El gobierno de coalición PSOE-Sumar, que se presenta como progresista, ha sucumbido a la lógica militarista de la UE y la OTAN. Lejos de cuestionar la escalada bélica contra Rusia, la socialdemocracia española se ha alineado con una estrategia que beneficia a las élites capitalistas y perjudica a la clase trabajadora. Sánchez defiende el rearme como una ‘defensa de los valores europeos’, pero omite que en la práctica se van a transferir miles de millones de euros de dinero público de los presupuestos comunitarios hacia la industria privada armamentística.

Sumar, por su parte, ha abandonado cualquier atisbo de antimilitarismo. Su silencio cómplice ante el aumento del gasto militar y su apoyo tácito a las políticas del PSOE revelan que su progresismo es pura fachada. Esta coalición, que prometía proteger los servicios públicos, está allanando el camino para futuros recortes inevitables en partidas sociales, mientras los presupuestos se reorientan hacia la industria bélica.

La industria bélica: la gran ganadora

El rearme europeo no solo es una amenaza para la paz y el bienestar social; también es un negocio lucrativo para las empresas armamentísticas. Gigantes como Airbus, Indra o Leonardo, con fuerte presencia en España, están viendo cómo sus beneficios se disparan gracias a la reorientación de los presupuestos de la UE. La Comisión Europea ha propuesto destinar miles de millones de euros a la industria bélica, a menudo mediante créditos de guerra que endeudan a los Estados mientras enriquecen a las corporaciones.

En España, el gobierno ha incrementado los contratos con estas empresas, que se benefician de la militarización sin rendir cuentas a la ciudadanía. Este trasvase de fondos públicos a manos privadas evidencia que el rearme no busca proteger a la población, sino engordar los bolsillos de la burguesía industrial y financiera.

Salir de la OTAN y reestablecer relaciones con Rusia

Es imperativo frenar esta deriva belicista. La financiación de la guerra debe detenerse, los créditos de guerra deben rechazarse y España debe salir de la OTAN, una organización que perpetúa la confrontación y la inseguridad global. Adoptar una postura neutral no solo es viable, sino necesario para abogar por la paz y restablecer relaciones cordiales con Rusia, basadas en el diálogo y la cooperación.

La vía actual solo beneficia a la burguesía: las empresas armamentísticas, los especuladores y las élites capitalistas que prosperan con el miedo y la división. Para la clase trabajadora, el rearme significa más pobreza, menos derechos y un futuro de incertidumbre.

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