En algún lugar de Cantabria

Cuando giro la cerviz y acomodo el torso hacia el mar, advierto un alma deshecha, en pedazos, con la cota de malla más imperfecta que la de un tubérculos o o un clorítico.

Por José Miguel Gándara

Si giro la cerviz y miro la mar, enseguida me anegan la añoranza y una nostalgia de istmo y continente. Son abradacabrantes dolores de parto que no me dejan vivir, dónde están todos, por qué fui amenazado y desterrado de la entraña de la tierra, en que lugar residen el destino y la tragedia griega, la misma de la que me hablara Stephanos Petridis, el griego inconstante??

La abuela, mamá, todos han muerto sin gloria, en una permanente perífrasis….

Cuando giro la cerviz y acomodo el torso hacia el mar, advierto un alma deshecha, en pedazos, con la cota de malla más imperfecta que la de un tubérculos o o un clorítico.

Soy una persona con el alma destrozada y esta es la anatomía de una caída, desde aquí volveré a levantarme, como aquella niñita alemana que se extravió en Langre, casi en alta mar, en las rompientes, junto a los restos momificados de tantos naúfragos.

Me han amenazado, han tronchado mi espíritu en virutas, han intentado liquidarme sin mira telescópica, a boca jarro, más he vuelto con un brío extrañado.

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