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Para Anabel Cósimo. Poeta asturiana
Por José Miguel Gándara
No estas sola camarada…
Todos nos sostenemos en esa misma creencia y rabia, la de que Dios nos abandonó.
Mientras, los vulgares son asistidos por su mano más diestra, proporcional y deliciosa.
A veces le maldigo, aunque me compadezca con un rictus picado en su boca.
Y después, a última hora, los mismos versos pessoanos nos vienen al esófago caliente, el que se desprende leproso y absconditus cada mañana de la dorsal de cada poeta…
Aquí en la playa, mudo y contento con el mar.
Sin nada ya que me atrae, y nada que desear,
Tendré un sueño, tendré mi día, cerraré mi vida.
Y nunca tendré agonía, porque dormiré inmediatamente.
Sin nada ya que perder en ese laberinto planetario que es nuestro cuerpo.
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