El programa económico de VOX


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Por Javier Aledo

La irrupción de esta formación política con la nada desdeñable cifra de 12 diputados en las elecciones andaluzas ha sacudido la política española. Generalmente, cuando se habla de este partido se destaca su programa completamente reaccionario en el ámbito social. La derogación de la Ley de Violencia de Género por ejemplo, ha sido uno de los puntales de su programa. No obstante, centrándonos tan solo en lo social a veces ignoramos su también profundamente retrógrado programa económico. En el presente artículo trataremos de analizar las medidas económicas que propone Vox. Por problemas de espacio solo comentaremos dos medidas trascendentales: la liberalización del suelo y las pensiones mixtas.

 

LIBERALIZACIÓN DEL SUELO

En el programa de Vox se habla textualmente de lo siguiente: “convertir en suelo apto para ser urbanizado todo el que no deba estar necesariamente protegido por motivos de interés público convenientemente justificados. El mercado del suelo es especialmente rígido su regulación provoca una escasez artificial que eleva su precio”. Lástima que los “economistas” de Vox tengan una visión tan errada de como funciona el mercado del suelo. En realidad, lo único que puede evitar los vaivenes del precio del suelo es la regulación estricta por parte del estado.

Antes que nada debemos definir lo que es el capital ficticio. El capital ficticio pueden ser activos o valores financieros que no poseen valor intrínseco (es decir, son productos que no son fruto del trabajo). El capital ficticio es una “promesa” de extracción de beneficios futuros. Cuanto mayor sea la perspectiva de extracción de renta mayor será el valor del capital ficticio. Los bonos del tesoro, las acciones… y la tierra son capital ficticio.

Habiendo entendido lo que es el capital ficticio tenemos que entender como funciona el valor del suelo y de la tierra. Como bien dijo David Harvey, la tierra no es producto del trabajo, por lo que no puede tener valor. Pero el propietario de la tierra puede percibir una renta anual por la misma (en forma de alquiler), que se puede considerar el interés por dicho capital ficticio.

Primero debemos tener en cuenta dos cosas. Las expectativas, fundadas o no, de futuras subidas de los precios pueden contribuir a un alza extra de los precios de la tierra. Además ante un shock económico (de oferta o de demanda), los propietarios del suelo se resistirán a vender por menos de lo que lo compraron, lo que puede producir un retraso del proceso de adaptación a la nueva situación y un estancamiento del mercado del suelo.

En definitiva, bajo el modo capitalista de producción la tierra no es más que un bien financiero, cuyo valor depende de la renta futura que se puede extraer de ella alquilándola, montando una fábrica… es por ello que los precios de la tierra sufren unos movimientos y desajustes continuos y estructurales. La liberalización total del suelo que propone Vox no solo no acabaría con los desajustes y el alza de precios, sino que estos fenómenos se recrudecerían. La solución a esto pasa por una regulación del precio del suelo y de la tierra por parte del estado, estableciendo los precios en función de las actividades que en dicho suelo se realicen, manteniendo precios bajos en los sectores estratégicos (vivienda, agricultura…).

LAS PENSIONES MIXTAS

El sistema púbico de pensiones ha sido uno de los mayores blancos de ataques de los intelectuales orgánicos de la burguesía, también llamados “economistas neoclásicos”. Desde el famoso mantra de “el sector público gestiona peor” hasta “España sufre una crisis de natalidad que convierte a las pensiones en inaudibles”. Vox, como mercenario de la clase capitalista que es, no iba a ser menos. Lo que la formación de Santiago Abascal propone es una combinación entre un sistema de reparto (el actual que poseemos que se realiza mediante la Seguridad Social, que se trata de un modelo de “solidaridad intergeneracional”) y un sistema de
capitalización. El sistema de capitalización básicamente consiste en que los individuos contratan con una entidad bancaria un plan de pensiones. La entidad bancaria les retiene una parte de la nómina y cuando lleguen a la edad de jubilación los individuos complementan la pensión que les otorga la Seguridad Social con su plan privado de pensiones. Vox lo que busca es ir poco a poco reduciendo el papel de la Seguridad Social e ir apostando cada vez más por planes de pensiones privados.

Esto a priori no suena mal, cada uno con su dinero tiene derecho a hacer lo que le de la gana ¿verdad? Ojalá la realidad fuera tan simple como nos la presentan los adalides del liberalismo pero desgraciadamente, la vida real es bastante más compleja.

La Seguridad Social es una conquista de la clase trabajadora, protege a los trabajadores de los embates del mercado y de la vida. La institucionalización de la Seguridad Social implica que una parte del salario de los trabajadores esta “blindado”, es decir, está fuera de los movimientos del mercado. Por lo tanto, para la clase capitalista es un lastre, un obstáculo a remover ya que no pueden hacer negocio con las necesidad de obtener una pensión, lo que debilita la acumulación de capital. La financiación a la SS la realizan tanto empresario como trabajador. El obrero cotiza un 6% de media mientras que el empresario alrededor de un 30%. La mayoría de críticos aducen que el sistema de reparto es insostenible porque “cada vez el ratio entre trabajadores/pensionistas es más pequeño, por lo que “hay que aumentar la edad de jubilación para hacer el sistema sostenible”. No obstante, lo que estas personas ignoran son los enormes aumentos de productividad y renta, que hacen más que posible la financiación de estas pensiones, tal y como explica Vinçenc Navarro en su libro “Las pensiones son viables”. Además, si realmente hubiera una amenaza demográfica ¿Qué ventajas aportaría la gestión privada de las pensiones respecto a la gestión pública? A continuación veremos un ejemplo histórico de gestión de las pensiones puramente privado; el caso chileno.

En Chile en el año 1980, con la dictadura de Pinochet, se puso en marcha la privatización del sistema de pensiones, impulsando un sistema único de capitalización privado. Los sistemas de pensiones estaban gestionados por las llamadas Administradoras de Fondos de Pensiones. A estos fondos solo aportaban dinero los trabajadores (alrededor de un 12% de la nómina), los empresarios no aportaban nada. Las AFP controlaban alrededor de un 5% del PIB. Todo esa enorme masa de dinero va a parar mayoritariamente a los mercados financieros y especulativos. Es decir, el dinero que tanto les cuesta ganar a los trabajadores chilenos financia auténticos despropósitos en el mercado de capitales. Por si fuera poco, las AFP cobran cuantiosas comisiones y gastos de gestión. El invertir en los mercados financieros y especulativos no es un acto inocuo, sino que entraña un riesgo muy serio para las personas que, ante la ausencia de un ente público de Seguridad Social, se ven obligadas a depositar sus ahorros en estos fondos. Dos terceras partes de los fondos están invertidos en empresas, acciones de bolsa… Durante el
mes de octubre (un mal mes para la bolsa) las AFP perdieron 25.000 millones de dólares, el equivalente a un año de cotización. El balance de este modelo es muy negativo para el conjunto de los trabajadores, cuyas pensiones acaban siendo muy bajas. La pensión media recibida mediante las AFP es menor a 1/3 de los ingresos recibidos en la vida activa. En España por el contrario, con el presente sistema de reparto la pensión media es de 1.100 euros, un 70% del salario medio. Este es el modelo que los adalides del liberalismo y Vox quieren implantar en España.

CONCLUSIONES

No hemos mencionado otras medidas igual de reaccionarias como el establecer un tipo impositivo único del IRPF del 20%, lo que supondría que un individuo que gana 12.500 euros al año y otro que gana 60.000 estarían gravados por el mismo tipo impositivo. También debemos mencionar la supresión del Impuesto de Donaciones y Herencias, si Ricardo o Adam Smith vieran esto seguramente se revolverían en su tumba, además de la bajada del Impuesto de Sociedades a un pírrico 20%.

En definitiva, Vox es un partido profundamente antiobrero en lo económico. Su eclosión solo muestra las profundas dificultades que atraviesa la clase burguesa y el sistema capitalista en su conjunto. Hoy en día, los avances de la técnica y la ciencia podrían dar un impulso tremendo a las Fuerzas Productivas, pero un sistema económico focalizado en la rentabilidad privada actúa como corsé al desarrollo. Hoy más que nunca la humanidad se enfrenta a la dicotomía final; socialismo o barbarie.


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