El emérito y su cohorte de cómplices arribistas y zánganos

Desde la instauración de la monarquía borbónica después de la muerte del dictador, alrededor del Juan Carlos I se ha ido tejiendo una “Corte” que con las singularidades del momento histórico resulta muy similar a las de otras épocas pretéritas

Por Puño en alto

A lo largo de la historia, los reyes se han rodeado de lo que se ha llamado su Corte o Cohorte, que era un conjunto de personajes de la nobleza o no que supuestamente le ayudaban al gobierno de su reino. Sin embargo, entre ellos pululaban los arribistas, aduladores, instigadores y bufones en un totum revolutum, todos ellos vividores gracias a la cercanía al monarca que buscaban, cuando no pugnaban, por ganarse su confianza sirviéndoles en asuntos de gobierno y mayormente en otros asuntos más prosaicos, dependiendo del nivel moral y ético del soberano de turno, que por lo general no venían de cuna muy bien dotados de estos valores. Ni que decir tiene que estos personajes igualmente buscaban beneficiarse personalmente y escalar en la Corte y en el grado de influencia sobre el monarca y, para ello, la información o pruebas sensibles que pudiera perjudicar de algún modo al mismo rey era un valor muy cotizado.

Desde la instauración de la monarquía borbónica después de la muerte del dictador, alrededor del Juan Carlos I se ha ido tejiendo una “Corte” que con las singularidades del momento histórico resulta muy similar a las de otras épocas pretéritas. Como el monarca por la Constitución no tiene labores de gobierno, esta Cohorte buscaba la supuesta amistad como elemento de distinción social y otros se han prestado en tapar las andanzas inconfesables del ahora rey emérito.

La incompresiblemente abortada comisión parlamentaria de investigación por parte de PSOE, PP, Cs y Vox no a va a impedir que conozcamos los devaneos de faldas, los negocios en que estaba embarcado para multiplicar de manera espectacular su fortuna y otras actividades aún menos confesables de índole impropia de un Jefe del Estado del llamado rey emérito. Lo que sí va a impedir es que conozcamos con nombres y apellidos y podamos señalar con el dedo a quienes se han venido lucrando de manera directa e indirecta de su cercanía al monarca tapando y ocultando su poca ética y escasa moralidad.

En esa “Cohorte”, al igual que en tiempos pretéritos, hay arribistas, zánganos, vividores, que bajo nombres y apellidos rimbombantes de mucho abolengo y denominaciones de muy conocidas corporaciones y medios de comunicación han sabido lucrarse en lo económico y social de su relación con la monarquía y de ocultar y tapar los desmanes de ese Jefe de Estado, del que poco a poco estamos conociendo que concibió esa máxima jefatura como una herramienta para dar rienda suelta a sus más bajos instintos.

El relevo, por herencia, en la Jefatura del Estado, no ha dado ninguna garantía de una posible regeneración, ya que el actual rey presuntamente se ha lucrado de las relaciones de su padre. Ahora también hemos sabido como un amigo de su progenitor le costeó a modo de regalo, 269.000 dólares, es decir, el 50% del coste de su viaje de bodas alrededor del mundo. Viaje organizado por la amante de su padre. De verdad nos creen tan estúpidos para pretender hacernos ver que, por amistad, alguien regala esa cantidad de dinero, sin saber que antes o después no le retornará con creces de manera crematística en lo económico y social o si no lo han conseguido con anterioridad.

Si como parece más plausible, el empresario no fue tan dadivoso y tan solo se dedicó a prestarse como testaferro de su amigo el monarca, la cosa empeora aún más. Ya que esta fue la única manera que encontró el rey padre de donar a su hijo 269.000 dólares para su viaje de boda, sin que llamara la atención y nadie se preguntara de donde podría sacar el rey esa cantidad si su asignación como rey en ese momento era de poco más de 250.000 euros anuales.

El escándalo del cobro de comisiones por la supuesta mediación del emérito en la construcción del AVE en Arabia Saudí, lo pretendieron zanjar mediante la renuncia a la herencia de su padre del actual rey y apartando al rey emérito de la agenda Real y quitarle la asignación económica que cobraba. Por cierto, también hemos sabido que esa asignación será destinada a imprevistos de la Casa Real. Pudieron haberla donado para atender a los más necesitados, pero no, se van a dedicar a “imprevistos”. De nuevo todo queda en casa, real se entiende.

Lo más triste de todo y como prueba de lo que decimos, es que todo esto lo españoles lo estamos sabiendo gracias a la prensa extranjera porque los grandes medios de comunicación patrios huyen del asunto, no sabemos si como pago de anteriores favores o como futuros por lo que pueden venir.

En definitiva, los ciudadanos estamos padeciendo la insoportable levedad de la monarquía borbónica instaurada por un dictador que a cambio de una vida muy regalada solo se le exigía una supuesta y discreta ejemplaridad y en su conjunto, lo están devolviendo con actitudes nada recomendables en lo ético y moral y de una Cohorte de amistades peligrosas que día si y día también nos reafirman que la monarquía en este país por historia y definición supone una institución necesariamente prescindible.

 


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