![]()
Para Procter la descolonización no significa destruir los museos, sino intentar transformarlos en lugares donde las historias de resistencia puedan coexistir con las de opresión, para ofrecer al visitante un marco más real y completo.
Por Dani Seixo | 21/11/2024
«Millones de personas se han visto descritas en los museos durante años como salvajes”
Alice Procter
Esto no es un simple libro, sino una herramienta para subversión. El cuadro completo, publicado por Capitán Swing, desarma con absoluta precisión las narrativas imperialistas que sostienen nuestras galerías, esas catedrales de mármol donde el poder colonial impregnado en el arte aún brilla bajo focos perfectamente calibrados. Lo que puede aparecer como un recorrido por la historia del arte se revela finalmente como un manifiesto decolonial, que exige más que simples disculpas, acciones concretas para restituir todo aquello expoliado. Alice Procter lanza una llamada urgente a devolver no solo los mármoles robados, sino también la soberanía cultural y narrativa que el colonialismo arrancó de las manos a tantos y tantos pueblos..
El libro asesta un golpe directo, las colecciones de nuestros grandes museos no son trofeos de la civilización y el progreso, sino reliquias de un saqueo global. Desde los mármoles del Partenón hasta los mokomokai maoríes, las representaciones artísticas de estos pueblos han sido convertidas en meras mercancías por codiciosos coleccionistas europeos. Cada páginas nos detallas cómo el arte se ha terminado transformando en una herramienta de propaganda imperial y dominación cultural impuesta desde una perspectiva netamente occidentalista. La noción de “arte universal” que los museos proclaman con orgullo no es más que un simple eufemismo para justificar siglos de expropiación y pura supremacía.

Pero este ejercicio crítico no se queda en una simple denuncia. La autora utiliza el arte como un prisma para analizar cómo el poder colonial no solo saqueó objetos, sino que también configuró nuestras formas analizar, narrar y transmitir la realidad. El arte europeo glorificó su rol como conquistador mientras borraba las voces de las culturas dominadas, arrastrándolas a un océano de olvido y sumisión. Obras como los retratos de aristócratas rodeados de esclavizados o los lienzos que celebran “descubrimientos” no son simples representaciones, sino que principalmente suponen instrumentos de legitimación de la barbarie imperialista.
Procter sostiene que descolonizar el arte no es simplemente devolver piezas saqueadas a los pueblos originarios. Es, ante todo, devolver la soberanía narrativa a las comunidades que fueron silenciadas. Esto implica cuestionar quienes deciden qué historias cuentan los museos y cómo y donde se exhiben. Los objetos no son neutrales. Cada máscara ritual, cada códice, cada estatua lleva consigo un contexto histórico y espiritual que fue arrancado junto con el artefacto.
Este título expone cómo el arte debe ser un espacio de resistencia. Obras contemporáneas como las de Kara Walker confrontan los horrores de la esclavitud y el colonialismo, subvierten la narrativa oficial que únicamente ofrece el arte como un espacio de belleza apolítica. Para Procter la descolonización no significa destruir los museos, sino intentar transformarlos en lugares donde las historias de resistencia puedan coexistir con las de opresión, para ofrecer al visitante un marco más real y completo.
Más allá de los objetos nos lanza una cuestión directa y concisa: ¿quién tiene el poder de mirar y definir lo que es arte? La respuesta a la misma no nos dejará escapatoria, no podemos seguir admirando el arte sin cuestionar las estructuras de poder que lo sostienen. Leer este libro es abrir los ojos a un mundo donde las galerías ya no son templos de belleza neutra, sino campos de batalla para la memoria, la soberanía y la resistencia.
Un libro imprescindible para cualquiera que haya mirado un museo y se haya preguntado: ¿quién cuenta esta historia y qué intenta realmente transmitir?
Se el primero en comentar