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Amal Khalil se convierte en la cuarta periodista libanesa asesinada por fuerzas israelíes en el sur de Líbano en los últimos meses.
Por Joan Balfegó | 24/04/2026
En un ataque que ha sido calificado por autoridades libanesas y organizaciones internacionales como un crimen de guerra, el ejército israelí asesinó el 22 de abril a la periodista Amal Khalil, reportera del diario libanés Al-Akhbar. Khalil, de 43 años, fue alcanzada por un bombardeo aéreo israelí mientras cubría los acontecimientos en la aldea de Al-Tiri, en el sur de Líbano.
Según múltiples testimonios y reportes de medios como AP, BBC, The Guardian y Al Jazeera, Khalil y la fotógrafa freelance Zeinab Faraj se encontraban cubriendo las secuelas de ataques israelíes previos cuando un primer impacto alcanzó un vehículo cercano. Las dos periodistas se refugiaron en una casa cercana. Minutos después, un segundo bombardeo impactó directamente el edificio donde se habían resguardado. Faraj resultó gravemente herida, mientras que Khalil quedó sepultada bajo los escombros.
Los equipos de rescate y ambulancias intentaron acceder al lugar durante casi cuatro horas, pero fueron impedidos por fuego israelí adicional, según denunciaron testigos, la Unión de Periodistas Libaneses y el propio diario Al-Akhbar. Solo horas después, los rescatistas lograron recuperar el cuerpo sin vida de Khalil. El ministro libanés de Información, Paul Morcos, condenó el hecho: “Matar periodistas es un crimen y una violación flagrante del derecho internacional humanitario”. El primer ministro libanés, Nawaf Salam, lo calificó directamente como un “crimen de guerra”, señalando que el “apuntado deliberado contra trabajadores de los medios” se ha convertido en una “práctica establecida” por Israel.
El Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) expresó su “indignación” y advirtió que la obstrucción deliberada de las labores de rescate “puede constituir un crimen de guerra”. Hasta el momento, el ejército israelí no ha emitido comentarios oficiales sobre el incidente.
Un patrón sistemático: la guerra contra la verdad
Este asesinato no es un hecho aislado. Amal Khalil se convierte en la cuarta periodista libanesa asesinada por fuerzas israelíes en el sur de Líbano en los últimos meses, según reportes de medios locales. Su muerte se suma a una larga lista de ataques contra la prensa.
Según el informe anual del CPJ correspondiente a 2025 –el año más letal registrado para la prensa desde que la organización comenzó sus conteos en 1992–, se documentaron 129 periodistas y trabajadores de medios asesinados en todo el mundo. De ellos, dos tercios (86) fueron atribuidos a Israel, la inmensa mayoría en Gaza y entre periodistas palestinos. El CPJ destacó que “el ejército israelí ha cometido más asesinatos selectivos de miembros de la prensa que cualquier otro ejército hasta la fecha”.
En lo que va de 2026, la cifra continúa en ascenso. La Oficina de Prensa del Gobierno de Gaza reportó, a principios de abril, más de 262 periodistas palestinos asesinados por ataques israelíes desde el inicio de la ofensiva en octubre de 2023. A esto se suman ahora las muertes en Líbano, donde el régimen israelí ha extendido su campaña contra reporteros que documentan sus operaciones militares.
Organizaciones como Reporteros Sin Fronteras (RSF) e IFJ (Federación Internacional de Periodistas) han denunciado repetidamente que Israel se ha convertido en “el peor enemigo de los periodistas” del mundo, con una estrategia que incluye amenazas directas, bombardeos selectivos y bloqueo sistemático al trabajo periodístico. El objetivo, según las denuncias, es ocultar la realidad de las operaciones militares y silenciar las voces que informan desde el terreno.
El caso de Amal Khalil, una periodista experimentada que solo cumplía con su deber de informar, evidencia una vez más la peligrosidad extrema de ejercer el periodismo en las zonas bajo ataque israelí. Su muerte no solo representa la pérdida de una voz valiente, sino un ataque directo contra la libertad de prensa y el derecho de los pueblos a conocer la verdad.
Mientras el cuerpo de Khalil era repatriado a su pueblo natal para ser enterrado, las condenas internacionales se multiplican. Un nuevo crimen de guerra que exige una investigación independiente y el fin de la impunidad.
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