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El ascenso del Amedspor ocurre en un momento crítico entre el amplio movimiento político kurdo y el Estado turco.
Por Leandro Albani | 19/05/2026
Hace unos días miles de hombres y mujeres salieron a las calles de la ciudad de Diyarbakir. La razón fue que el Amedspor, el principal club kurdo en Turquía, ascendió a la Súper Liga, la primera división de fútbol profesional en el país. Banderas, vinchas, abrazos, bengalas y canciones fueron el telón de fondo para un hecho inédito y que trasciende los logros deportivos. Esto es así porque las y los kurdos en Turquía conforman un pueblo de más de veinte millones de habitantes que desde la fundación de la república, en 1924, sufrieron la persecución sistemática estatal y la negación de sus derechos políticos y culturales.
El ascenso del Amedspor ocurre en un momento crítico entre el amplio movimiento político kurdo y el Estado turco. Desde principios de 2025 se reactivaron los diálogos de paz entre ambos actores. Del lado kurdo, su principal líder es Abdullah Öcalan, fundador del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), encarcelado desde hace 27 años en la isla-prisión de Imrali. Por el Estado turco, el presidente Recep Tayyip Erdogan accedió al proceso de paz luego de que su principal aliado, Devlet Bahçeli —máximo dirigente del partido de ultraderecha MHP— hiciera sonar las alarmas sobre que la resolución de la “cuestión kurda” era fundamental para la estabilidad del país. Desde el gobierno turco ven con preocupación las sucesivas crisis que mantienen en vilo a Medio Oriente y saben que un acercamiento con los kurdos permitiría que Turquía no implosione internamente.
La victoria del Amedspor —festejada en las cuatro partes en que está dividido el territorio kurdo original— demostró que el músculo político de los kurdos en Turquía se ejercita de forma permanente. Los festejos en Diyarbakir —capital histórica de Kurdistán— se convirtieron en una manifestación en defensa de la identidad y de los derechos culturales de un pueblo que —en el caso de Turquía— tiene a más de veinte mil desaparecidos y miles de asesinados y presos políticos debido a su lucha centenaria.
Historia
El Amdespor fue fundado en 1972 con el nombre Melikahmet Turanspor. A partir de 1985 se llamó Melikahmetspor. En la turbulenta década de 1990, el municipio de Diyarbakir adquirió el club y cambió su nombre por el de Diyarbakır Belediyespor. En 1993, se denominó Diyarbakır Büyükşehir Belediyespor, nombre al que unos años más tarde se le agregó la palabra DİSKİ, iniciales del departamento de aguas del municipio, su principal patrocinador.
En octubre de 2014, el club, tras una votación en un congreso extraordinario, se convirtió en el Amedspor, pero sin aprobación oficial de la FTF, por lo cual fue multado. Su emblema es un águila bicéfala como las que están grabadas en las antiguas murallas de Diyarbakir.
En un artículo reciente publicado por The National Context, se explicó que el nombre original (en kurdo) de Diyarbakir es Amed, del cual se desprende Amedspor. “Proviene de la antigua denominación Amid/Amida de la historia de la ciudad, anterior tanto a la República turca como al movimiento nacionalista kurdo —detalló el portal—. En el uso premoderno, la distinción era geográfica: Amid se refería a la ciudad en sí, mientras que Diyarbekir aludía de forma más amplia a la región circundante y su geografía administrativa”. Si bien la historia larga influyó en el nombre del club, también lo hicieron las luchas del pueblo kurdo de las últimas décadas. “Lo que endureció la oposición entre Amed como reivindicación de reconocimiento kurdo y Diyarbakir como nombre oficial del Estado fue el período republicano: la turquización del nombre de la ciudad en 1937, seguida del conflicto con el PKK, el desplazamiento masivo y el auge de la política municipal prokurda a partir de la década de 1990”, señaló The National Context.
Por estas razones, el Amedspor ya es un símbolo político kurdo, que se remonta a la historia silenciada de un pueblo que desciende de los medos y que ubica sus orígenes en la civilización sumeria.
Represión
El Amedspor no es ajeno a la represión que sufre el pueblo kurdo. El hecho más reciente ocurrió cuando los festejos todavía no se apagaban. El 2 de mayo, la policía intentó detener al delantero senegalés del equipo, Mbaye Diagne, cuando el jugador quiso desplegar una bandera de su país y las fuerzas de seguridad confundieron al estandarte de Senegal con la del PKK, el partido de izquierda que encabeza Öcalan y que el año pasado anunció la disolución de todas sus estructuras, incluidas sus guerrillas, en el marco del proceso de paz.
En el video difundido se escucha a varias personas, incluidos directivos del Amedspor, gritando a los agentes que la bandera es de Senegal, al mismo tiempo que intentaban que no se lleven a Diagne.
Tres días después, el presidente del club, Nahit Eren, denunció que “agentes de policía acudieron al domicilio de Diagne en Diyarbakir debido a la bandera senegalesa que había colgado en su balcón. Al darse cuenta de que se trataba de una bandera senegalesa, se fueron”.
En febrero de este año, el jugador Cekdar Orhan fue suspendido por cinco partidos y tuvo que pagar una multa porque luego de marcar un gol lo festejó con el gesto de trenzar su cabello. ¿Qué significó eso para la Federación Turca de Fútbol? Quebrantar las “buenas costumbres” y reivindicar la “kurdicidad”.
Orhan lo que hizo fue un gesto que a principios de 2026 se transformó en un símbolo de resistencia para los kurdos, luego de que un mercenario del gobierno de transición sirio (encabezado por el yihadista Ahmed al Sharaa) fue filmado con una trenza de una de las combatientes kurdas que defendían el territorio de Rojava (Kurdistán sirio).
Anteriormente, el Amedspor publicó un vídeo de una aficionada del equipo haciéndose una trenza en el estadio al son de una melodía con el principal eslogan del Movimiento de Mujeres de Kurdistán: “Jin, Jiyan, Azadi” , que significa “Mujer, Vida, Libertad”.
En septiembre de 2025, el club fue sancionado por 2500 euros porque el equipo de fútbol ingresó a la cancha, en un partido contra el Sakaryaspor, con un anuncio en las camisetas en kurdo, idioma prohibido en Turquía. Aunque la publicidad había sido aprobada por la FTF, la denominada Junta de Disciplina Profesional del Fútbol sancionó al club alegando “violación de las normas de equipamiento”. El entonces presidente del Amedspor, Burç Baysal, denunció que antes del partido funcionarios turcos los quisieron obligar a cubrir el anuncio en kurdo con una cinta negra, pero que directivos y jugadores se negaron. Todo esto pese a que el anuncio tenía la aprobación del Instituto Turco de Patentes y del Ministerio de Comercio.
Baysal describió lo sucedido como “el punto alcanzado en la intolerancia hacia el kurdo en este país”. “Cuando se observa al kurdo, está en una posición en la que ni siquiera puede expresarse en el Parlamento —remarcó el expresidente del Amedspor—. Para nosotros, la intolerancia hacia la segunda lengua materna más hablada entre una población de casi ochenta millones es verdaderamente inaceptable. No consideramos correcto hacer comentarios sobre la lengua materna o imponer prohibiciones relacionadas con ella”.
La lista de agravios y violencia que tuvo como blanco al Amedspor es extensa y sistemática. Una de las más conocidas se remonta al domingo 5 de marzo de 2023, cuando el equipo kurdo jugó un partido en la ciudad de Bursa. La noche anterior al encuentro, los jugadores del Amedspor fueron hostigados en el hotel donde se alojaban. Al otro día, los jugadores del equipo kurdo recibieron una lluvia de objetos y agravios desde las tribunas. Aunque las fuerzas de seguridad ingresaron y retiraron al equipo, cuando los jugadores llegaron al vestuario fueron atacados por personal del Bursaspor, el equipo al que se enfrentaban.
Como si fuera poco, en la tribuna local se levantaron carteles que hacían alusión a los Toros Blancos, como se denomina a los autos Renault 12 que el Estado turco facilitaba en la década de 1990 a grupos paramilitares para secuestrar a militantes kurdos.
Festejos
Con el Amedspor en la primera división del fútbol turco surge la incógnita de cómo será recibido el equipo cuando comience la competición. Es claro que los pobladores kurdos del sudeste turco (Bakur, en kurdo) tienen motivos para festejar y expresar emociones, sentimientos y posturas que la mayoría de las veces están prohibidas y son reprimidas.
El copresidente del partido prokurdo por la Democracia y la Igualdad de los Pueblos (Partido DEM), Tuncer Bakirhan, expresó que la victoria del Amedspor “es fruto del gran apoyo de nuestro pueblo”. “El ascenso del Amedspor a la Super Liga no es solo un éxito deportivo. Este éxito es el triunfo de la fe, el trabajo y la solidaridad del pueblo kurdo, sus amigos y los pueblos de Turquía”, manifestó el representante del tercer partido político en importancia en Turquía. Hasta el presidente Erdogan, un enemigo declarado del pueblo kurdo —aunque ahora, a regañadientes, busca la “paz” con los kurdos— felicitó al equipo y le deseó éxitos.
Si bien la luchas de los y las kurdas de Turquía siempre estuvo rodeada por la violencia —desde el Estado a través de la represión y en momentos puntuales con la guerra abierta; desde la resistencia, con la insurgencia del PKK—, la autodefensa desplegada por el pueblo kurdo tiene un recorrido mucho menos visible, hasta subterráneo se podría decir, que implica la lucha por su lengua al rescatarla de manera clandestina de generación en generación; el poder cantar sus govend, aunque esa forma de transmisión oral de la historia muchas veces tenga como castigo la cárcel; o la defensa de la tierra y sus formas comunales de siembra y producción, pese a que el Estado turco mantiene a la región de Bakur en la pobreza absoluta.
El triunfo del Amedspor es, también, la comprobación de que el pueblo kurdo existe —aunque pueda sonar exagerado—. Porque la negación desplegada por el Estado turco durante cien años llega no solo hasta los confines del territorio, sino a los lugares más profundos de la historia oficial. Un ejemplo de esto es que hasta la década de 1990 a los kurdos se los consideraba “turcos de las montañas”.
Por estos días, la cuestión kurda se encuentra en un punto crítico: su resolución no sólo permitirá que millones de hombres y mujeres puedan ejercer sus derechos plenos, sino que abriría las puertas para la necesaria democratización de Turquía. El Amedspor y su nuevo triunfo es parte fundamental de la larga marcha de un pueblo que se niega a desaparecer.
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