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El combate antifascista habría corregido el ‘infantilismo’ anarquista y lo habría llevado a aceptar la disciplina, el mando único y la alianza con los comunistas.
Por Javier Siscart | 5/10/2026
El 20 de noviembre de 1936, el mismo día en que se conoció en Moscú la muerte de Buenaventura Durruti en el frente de Madrid, el diario Izvestia ofreció una lectura política de su trayectoria que lo presentaba como un converso tardío al Partido Comunista y a la línea soviética. El periódico señaló que el líder de la CNT-FAI tuvo un acercamiento ideológico hacia los comunistas, quienes se convirtieron en un referente de lucha y resistencia en defensa de la República.
Según la reconstrucción que hace el historiador Abel Paz sobre aquel artículo, el periódico Izvestia sostenía que “las terribles experiencias de la lucha contra el fascismo” habrían producido en Durruti una evolución que lo acercó al Partido Comunista. El texto le atribuía, al abandonar el frente de Aragón para ir a Madrid, esta declaración: “Sí, me siento bolchevique y estoy dispuesto a poner el retrato de Stalin sobre mi mesa”.
Esa frase concentraba el enfoque soviético. Durruti dejaba de ser el anarquista que en julio había dicho a un periodista extranjero que la existencia de la URSS no significaba nada para los milicianos españoles —porque Stalin habría sacrificado a los obreros alemanes y chinos por la tranquilidad del Estado soviético— y pasaba a ser un militante que, ante la guerra, reconocía la superioridad del modelo bolchevique y el liderazgo de Stalin. La evolución no se presentaba como capitulación, sino como maduración: el combate antifascista habría corregido el “infantilismo” anarquista y lo habría llevado a aceptar la disciplina, el mando único y la alianza con los comunistas.
En Madrid circuló al mismo tiempo un rumor: Durruti, convencido de la eficacia del Partido Comunista, habría renunciado al anarquismo e ingresado en el partido con la condición de que su militancia permaneciera secreta hasta el momento oportuno. Esta versión explicaría su asesinato por traición a manos de camaradas anarquistas. Sin embargo, estos rumores fueron desmentidos por historiadores y militantes vinculados a la CNT.
Unas semanas antes de su muerte, el 22 de octubre, desde Osera, Durruti dirigió un saludo a los obreros rusos —no al Gobierno soviético ni a Stalin— en el que decía no fiarse de ningún político que se llamara demócrata o antifascista y confiar solo en los hermanos de clase. También había rechazado viajar a Moscú para el vigésimo aniversario de Octubre, argumentando que un delegado de la Columna no podría explicar allí lo que era la revolución española.
La CNT y la FAI desmintieron de inmediato tanto el rumor del asesinato “por traición” como la supuesta conversión secreta. Sin embargo, todo apunta que Durruti sí tuvo un cambio de postura respecto a cómo debía orientarse la lucha armada y cómo la guerra exigía un orden, una disciplina y un Ejército Popular en sintonía con la línea marcada por los comunistas.
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