Detengamos los ataques a las trabajadoras, traigamos el futuro de vuelta

«La historia nos ha demostrado que cuando la clase obrera toma el poder y las mujeres de la clase obrera se organizan, los derechos de las trabajadoras se conquistan al instante».

Por Cristina González

A principios de septiembre, saltó una noticia desalentadora: en EEUU, ese país que tanto clama por la “libertad”, y concretamente en Texas, entraba en vigor una ley muy restrictiva con respecto al aborto: prohibición total del aborto a partir de la sexta semana de embarazo. Ni siquiera por violación y ni mucho menos por la propia decisión de la mujer en interrumpir su embarazo. Es decir, muchas mujeres tendrán prohibido abortar incluso antes de saber que estar embarazadas.

Como ya va siendo habitual en nuestro día a día rápidamente salió la Ministra de Igualdad a condenar este hecho. Publicó en sus redes sociales lo siguiente: “Entra en vigor en Texas una ley que atenta directamente contra los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, que prohíbe el aborto pasadas las 6 semanas, sin excepciones para violaciones. Necesitamos de mucha lucha feminista, juntas, frente a cualquier retroceso”.

Otra vez, nos vuelve a hablar de lucha feminista en abstracto y vuelve a apelar a la unidad de todas las mujeres por unos derechos que nos corresponden, sin tener en cuenta quiénes son las mujeres que más sufren estos ataques: las de la clase trabajadora. Pero de lo que no dice nada Irene Montero es de que, en España, la gran mayoría de las interrupciones voluntarias del embarazo se dan en la sanidad privada. Es más, entre el año 2010 y el año 2018, el 91’1% de los abortos se han llevado a cabo en clínicas privadas.

Mujeres, mayoritariamente jóvenes, que deben gastar una media de 400€ porque o bien en su provincia no tienen la posibilidad de poder interrumpir su embarazo, por falta de este servicio, o bien existe la objeción de conciencia en el personal sanitario que niega un servicio público que están obligados a cubrir y ofrecer.

Esta situación, como es frecuente en el sistema capitalista, afecta especialmente a las mujeres de la clase obrera y los sectores populares. Mujeres que, en muchas ocasiones, ni siquiera han tenido acceso a una información sobre sus propios derechos sexuales y reproductivos. Así, nos encontramos con centenares de mujeres que al final, llevan su embarazo hasta el final no por su libre decisión de ser madres, sino por una imposición general del sistema que les aboca a ello.

Y esto es culpa del gobierno. Del actual y de los anteriores. Irene Montero, con su “lucha feminista” en la boca en todo momento, se olvida de que la IVE es un derecho básico de las mujeres, y que en el país donde ella ejerce de Ministra de Igualdad, se niega sistemáticamente este derecho a muchas mujeres, especialmente a las que están en situación irregular, pues no tienen derecho a la IVE en la sanidad pública. Por no hablar de ese llamado “periodo de reflexión” de mínimo 3 días que es obligatorio en la Seguridad Social, lo que lleva a un desgaste psicológico terrible de la mujer que decide interrumpir su embarazo.

Hace no mucho, desde el Ministerio de Igualdad, anunciaban una reforma en la actual Ley del Aborto. Pero las mujeres trabajadoras debemos tener claro que cualquier reforma que se lleve a cabo en la legislación burguesa va a ser insuficiente porque en última instancia, siempre primarán los beneficios privados de unos pocos; en definitiva, hacer de nuestro derecho a la salud, de un negocio redondo para los monopolios.

La historia nos ha demostrado que cuando la clase obrera toma el poder y las mujeres de la clase obrera se organizan, los derechos de las trabajadoras se conquistan al instante. Hace más de 100 años, el Comisariado para la Salud y la Justicia de la URSS, publicó un decreto sobre el derecho de las mujeres a la interrupción del embarazo, en hospitales, realizados por médicos y sin ningún tipo de fin lucrativo. Ya decía Lenin en La clase obrera y el Neomaltusianismo que había que pedir “la abolición absoluta de todas las leyes que castigan el aborto o la difusión de obras de Medicina en las que se exponen medidas anticoncepcionales”.

Por ello hay que elegir lo necesario. Hay que elegir traer el futuro de vuelta. Hay que elegir organizarnos con las nuestras, para conquistar derechos que nunca nos debieron ser negados.

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