De pandemias y de guerras olvidadas

Por Angelo Nero

Parece que la pandemia también ha contagiado a las páginas de los periódicos, y ha establecido una prioridad entre las víctimas, creando amplias zonas de sombra informativa, apenas sabemos cómo está siendo la incidencia del Covid 19 en Asia, con la excepción de China, y todavía menos en África, parece que solo Europa y América (del Norte) están en el mapa, y que aparte de estos continentes, el resto de la población mundial –exceptuando Israel, que ha ocupado grandes titulares- importe.

Lo mismo ocurre con las víctimas de los conflictos armados que se han activado durante la pandemia, y cuya cobertura ha sido más que deficiente, como siempre motivada por las agendas geopolíticas que dirigen los grandes medios de comunicación. Poco nos llegó de la guerra de Artsakh, que estalló el 27 de septiembre de 2020, y que desde estas páginas seguimos con gran interés, menos todavía de esa frágil paz que siguió a la capitulación armenia, firmado el 10 de noviembre, algo que, sin duda, han aprovechado las agencias afines a Turquía para sembrar su propaganda.

Más escandaloso todavía es el silencio decretado sobre la guerra del Sahara, que estalló en el paso de Guerguerat, cuatro días después de la firma de los acuerdos de paz entre Armenia y Azerbaiyán, y que solo se entiende por la complicidad de los medios españoles con el régimen de Rabat.

Otro de los conflictos que han tenido escasa cobertura en nuestra prensa ha sido el que enfrenta, también desde principios de noviembre del pasado año, a Etiopía con uno de sus estados, Tigray, que amenaza con dinamitar el frágil equilibrio de una de las regiones más castigadas del continente africano, no solo por las guerras fronterizas o civiles, los conflictos étnicos, las plagas de langostas, sequías y hambrunas, y donde la pandemia del Covid 19 se ha unido a la malaria, el tifus y otras enfermedades endémicas del país.

En Tigray, con la rápida ofensiva de las tropas federales sobre el territorio rebelde y sobre su capital, Mekelle, ha acabado la guerra, según las agencias de noticias que aplauden la labor del pacificador, y premio nobel de la paz, el primer ministro etíope, Abiy Ahmed Ali. Sin embargo, seguimos sin saber realmente el alcance de esta paz de los cementerios, no hay cifras de muertos, de heridos, de mujeres violadas, de niños huérfanos, de desplazados internos y de aquellos que han cruzado la frontera con Sudán, huyendo de las tropas etíopes y eritreas, y de las milicias amharas.

Las comunicaciones siguen cortadas en el estado rebelde, el acceso a los periodistas y a las organizaciones no gubernamentales restringido, cundo no vetado directamente, y no se ha podido evaluar ni tan siquiera la destrucción de infraestructuras civiles e incluso, cómo se ha mostrado por algunas imágenes satelitales, de campos de refugiados del anterior conflicto que enfrentó a Etiopía y Eritrea.

Desde diversas voces se alerta de una limpieza étnica promovida especialmente por las tropas eritreas, desde el norte, y de las milicias amharas, desde el sur, que han tenido su macabro apogeo en Axum, dónde según organismos como Amnistía Internacional o Human Rights Watch, a finales de noviembre pasado, habrían masacrado a 800 civiles, que habían buscado refugio en la iglesia de Santa María de Sión, donde se encuentra el Arca de la Alianza, que, según la tradición cristiana, guardó los diez mandamientos de Moisés. “Las tropas eritreas cometieron atroces asesinatos en Axum con un desprecio injustificado por la vida de los civiles”, dijo Laetitia Bader , directora del Cuerno de África de Human Rights Watch. “Los funcionarios etíopes y eritreos ya no pueden esconderse detrás de una cortina de negación, pero debe dejar espacio para la justicia y la reparación, no aumentar las capas de trauma que ya enfrentan los sobrevivientes «.

También se han denunciado todo tipo de atrocidades por parte de las tropas regulares etíopes que, con la excusa de perseguir los focos de resistencia del FLPT (Frente de Liberación Popular de Tigray), han saqueado, violado, torturado y ejecutado a la población civil, como un auténtico ejército de ocupación. Los testimonios de los tigrays que pudieron burlar el cerco de las tropas eritreas y etíopes, y escapar a los campos de refugiados de Sudán, confirman que este escenario se ha repetido en las ciudades de Debre Abay, Gijet y Mai Harmaz, convertidas ahora en ciudades fantasma.

A pesar de que Adís Abeba haya anunciado el fin de las hostilidades, no deja de haber un fluido incesante de refugiados tigrays hacia la vecina Sudán –se habla ya de cerca de 70.000-, mientras, especialmente se acusa a las unidades eritreas, los invasores de Trigray saquean, roban el ganado, e incendian las casas y los sembrados, dejando tras de si un dantesco paisaje de tierra quemada.

Mientras tanto, en Etiopía, una vez enterrado el federalismo étnico, que puso las bases del estado durante casi tres décadas, crecen las tensiones con otros grupos como los oromo. Tanto el Frente de Liberación Oromo (OLF), como el Congreso Federalista Oromo (OFC), han anunciado que no participarán en las próximas elecciones legislativas de junio, exigiendo la libertad de los presos políticos, el fin de las hostilidade y la apertura de un diáloco político sin condiciones. El OLF dejó de ser considerado como organización terrorista con la llegada al poder de Abiy Ahmed, mientras que altos cargos del OFC están encarcelados tras la oleada de violencia producida tras el asesinato de la popular cantante oromo Hachalu Hundessa. Los oromo son la étnia mayoritaria en Etiopía aunque siempre han estado apartados del poder. Curiosamente, Abiy es el primer gobernante oromo en la historia de Etiopía.

También crecen las tensiones con Sudán, que ha acusado a Etiopía de dar apoyo logístico al Movimiento de Liberación del Pueblo de Sudán (SPLM-N), ya tensas por las reclamaciones territoriales en la frontera común, y que han puesto a estos dos paises al borde de un conflicto armado. A todo esto hay que sumar la firma de un acuerdo de cooperación militar entre Jartum y El Cairo, motivado por la oposición de estos dos paises a la Gran Presa del Renacimiento, que Etiopía ha construído en el Nilo Azul.

Por último, el lider del TPLF, el Frente de Liberación Popular de Tigray, Debretsion Gebremichael, en la clandestinidad, ha acusado al gobierno y al ejército federal de haber planeado y ejecutado un genocidio sobre su pueblo, y ha pedido a la nueva administración americana de Joe Bide que presione al gobierno etíope para lograr la retirada de las fuerzas invasoras. El secretario de estado, Antony Bliken, respondió mostrando su preocupación por los informes sobre las atrocidades cometidas en Tigray, y reclamó la retirada del ejército de Eritrea y de las milicias amharas, como un primer paso para rebajar la tensión del conflicto, algo que fue rechazado por el ejecutivo etíope.

Con respecto a la pandemia, la media de nuevos contagios reportados cada día en  Etiopía crece en más de 370 durantes las últimas 3 semanas, 23 % de su pico anterior. Los contagios por COVID-19 están incrementando en Etiopía, con 1074 nuevos contagios reportados de media cada día. Esto representa un 67% del pico — la media más alta reportada en 26 de agosto. Ha habido 168.335 contagios y 2451 muertes relacionadas con el coronavirus en el país desde que comenzó la pandemia, según las autoridades sanitarias del país.

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.




 

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.