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Una fuerte participación de la clase obrera francesa en la huelga general del 5 de noviembre constituiría una señal gigante para un ‘otoño rojo’ en Europa y en otros lugares.
Por Sergio Meneses | 3/11/2026
El Pôle de Renaissance Communiste en France (PRCF) destaca el ciclo de movilizaciones que recorre Francia y cataloga el movimiento de los estudiantes —al que se han sumado los Chalecos Amarillos y la CGT— como una auténtica sacudida al gobierno de Macron que inquieta a la oligarquía y a toda su cadena de dominación, con la UE y la OTAN a la cabeza.
Tras la masiva jornada de protesta del 17 de octubre, los comunistas franceses consideran decisivo que la clase obrera tome el relevo de una juventud que ha sufrido una represión sangrienta. «A llegado la hora de que el mundo del trabajo entre masivamente en acción por los salarios, el empleo, los servicios públicos y las pensiones», y de que marque en profundidad el movimiento popular confiriéndole una orientación anticapitalista, antifascista, antirracista y antiimperialista.
La cuestión decisiva, según apuntan, es la huelga general del 5 de noviembre: asambleas generales de trabajadores y estudiantes que se coordinen entre sí; sindicalistas en lucha interviniendo a cara descubierta; militantes políticos de todos los horizontes debatiendo sus propuestas. Solo así el poder de las élites capitalistas será golpeado de lleno y el proceso electoral quedará iluminado por la intervención dinámica del campo popular. Una huelga de masas del mundo del trabajo recentraría el enfrentamiento en la contradicción principal de la sociedad capitalista —la del Capital y el Trabajo— y, más indirectamente, en la que opone a los pueblos soberanos al imperialismo generador de guerras.
Los comunistas insisten en forjar el «todos juntos» de clase: de la juventud, de los Chalecos Amarillos, de los sindicalistas combativos y, sobre todo, del conjunto del mundo del trabajo. «Si la clase obrera se detiene mayoritariamente, mostrará en la práctica que es, en potencia, la clase dominante de la sociedad francesa». La violencia destructiva de los «black blocs» y de los vándalos debe ser sustituida por la fuerza organizada de los piquetes de huelga decididos mayoritariamente en asamblea y por servicios de orden responsables. La propia CGT llama a generalizar la huelga el 5 de noviembre.
Una gran jornada de huelga en Francia sería, a juicio del PRCF, buena para la paz mundial y para la Europa de las luchas sociales. Una fuerte intervención obrera constituiría una señal gigante para un «otoño rojo en Europa… y en otros lugares», donde ya se han desatado luchas duras en Italia, Portugal, España, Alemania, Turquía, Mauritania y Quebec. Tal intervención golpearía de lleno dos procesos ultrarreaccionarios: la marcha hacia la guerra imperialista mundial detrás del eje UE-OTAN y la reacción que avanza de los Estados Unidos de Trump a la UE de Ursula von der Leyen. Romper esa cadena en Francia y en otros lugares prestaría un servicio a todos los amigos de la paz, a la Europa de las luchas y a las fuerzas anticapitalistas, antifascistas y antiimperialistas del planeta».
El PRCF propone una consigna clara: «¡El dinero para los salarios, no para la guerra!». La organización sitúa a Francia en una encrucijada: solo un amplio movimiento social centrado en el movimiento obrero y la juventud popular puede frenar los ataques a los intereses de los trabajadores y detener el proceso de militarización que hay en curso en el continente. Un contexto que puede dar lugar a la apertura de una perspectiva auténticamente progresista y revolucionaria orientada hacia el socialismo.
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