Huntington fracasa estrepitosamente cuando pretende definir Occidente: su concepción de la civilización occidental se asemeja a un cajón de sastre donde entran todos los países o territorios que no sabe dónde encajar.
Marx y Engels no negaban la patria al proletariado, es una idea falsa para asociar el comunismo a un cosmopolitismo desarraigado que busca disolver las identidades nacionales en favor de un internacionalismo abstracto. Ellos abogaban por una patria no burguesa, sino obrera.
Habermas se alineó repetidamente con la idea de que el orden liberal de Occidente representaba no solo un sistema político más, sino el horizonte normativo del desarrollo político moderno.
Villacañas se pone el traje de buzo para sacar del fondo del mar a todos esos que intentaron decirnos que la naturaleza no era un decorado, sino nuestra propia carne.
Cortina insiste en algo incómodo: la IA no es un destino, es una construcción humana, y como tal debe someterse a criterios éticos, políticos y democráticos.
La Universidad Obrera de París surgió en 1932 motivada por la necesidad de difundir el marxismo entre las masas trabajadoras, excluidas tradicionalmente de las instituciones académicas burguesas.