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En los años 70, a pesar de que Islandia era una nación próspera y moderna, las mujeres enfrentaban desigualdades flagrantes.
Por Ana Redondo | 21/10/2025
En un mundo donde las luchas por la igualdad de género siguen siendo terreno de batalla, el documental Cuando las mujeres pararon Islandia, dirigido por Pamela Hogan, llega como un recordatorio poderoso y esperanzador de lo que es posible cuando las mujeres se movilizan por su emancipación. Estrenado en 2024, este filme de 71 minutos no solo narra un hecho histórico ocurrido hace casi medio siglo, sino que lo hace a través de las voces directas de sus protagonistas, inyectando humor, determinación y una lección universal sobre el poder colectivo.
Islandia antes de 1975, un país en ebullición
Para entender el impacto de la huelga del 24 de octubre de 1975, hay que retroceder a la Islandia de los años 70. A pesar de ser una nación próspera y moderna, las mujeres enfrentaban desigualdades flagrantes. Trabajaban tanto en el hogar como fuera de él, pero sus salarios eran inferiores a los de los hombres, sus labores domésticas invisibilizadas y los puestos de poder —políticos, económicos y sociales— reservados casi exclusivamente al género masculino. «No siempre fue así», reflexiona Elísabet Gunnarsdóttir, una de las activistas entrevistadas en el documental.
Las islandesas, de todas las edades, clases sociales e ideologías, se dieron cuenta de que su contribución a la sociedad era esencial, pero infravalorada. ¿Qué pasaría si, por un día, simplemente… paraban?
La idea no surgió de la nada. Inspiradas por movimientos feministas globales, como las protestas por el sufragio o las huelgas laborales en otros países, un grupo de mujeres organizó lo que se conocería como la «Huelga de las Mujeres» o «Kvennafrídagurinn» (Día Libre de las Mujeres). El objetivo era claro: demostrar que, sin ellas, el país se detendría. Y así fue.
El día que Islandia se detuvo: 24 de octubre de 1975
Imaginemos Reikiavik esa mañana de otoño: el 90% de las mujeres islandesas —unas 25.000 de un total de 90.000 habitantes adultos— abandonaron sus hogares y puestos de trabajo. No cocinaron, no limpiaron, no cuidaron de los niños. En su lugar, marcharon hacia el centro de la capital, se manifestaron y lanzaron consignas como «¡Igualdad ya!». Las calles se llenaron de un mar de mujeres, unidas en una marea de solidaridad que trascendía divisiones políticas o generacionales.
El impacto fue inmediato y caótico. Las escuelas cerraron porque no había maestras ni madres para llevar a los niños; las oficinas y las fábricas se paralizaron sin secretarias ni operarias; los periódicos no se imprimieron y las aerolíneas cancelaron vuelos por falta de personal femenino. Incluso los bancos y los servicios públicos colapsaron. Los hombres, pillados por sorpresa, tuvieron que improvisar: algunos llevaron a sus hijos al trabajo, convirtiendo salas de juntas en improvisadas guarderías, mientras otros luchaban por preparar comidas simples. Una activista recuerda con sorna en el documental: «Queríamos a nuestros cerdos machistas, solo queríamos que cambiaran un poco».
Pamela Hogan captura este caos con maestría, combinando archivos históricos en blanco y negro con testimonios actuales. Más de 50 mujeres, ahora ancianas pero con la chispa intacta, relatan sus experiencias: la emoción de la marcha, el miedo al fracaso y la euforia de ver cómo su acción resonaba globalmente. El filme no se limita a la crónica; explora las emociones crudas, el humor absurdo de ver a hombres perdidos en la cocina y la profunda reflexión sobre el valor invisible del trabajo femenino.
La huelga no fue un evento aislado; fue un catalizador. Solo cinco años después, en 1980, Vigdis Finnbogadóttir se convirtió en la primera presidenta mujer elegida democráticamente en el mundo, cargo que ocupó durante 16 años. Hoy, Islandia es el país con menos brecha de género —con un 90% de paridad— y el 48% de su parlamento está compuesto por mujeres. El movimiento de las «medias rojas» —por el atuendo simbólico que muchas llevaban— inspiró huelgas similares en todo el mundo, desde el 8 de marzo hasta protestas contemporáneas.
Hogan, con su guion sensible y cinematografía íntima (a cargo de Helgi Felixson), transforma este suceso en una meditación sobre el cambio social. «Es un documental de meditación», lo describe un crítico, destacando cómo invita a reflexionar sobre cómo un día de paro puede alterar el curso de una nación. Producido en coproducción entre Islandia y Estados Unidos, el filme subraya que esta historia no es solo islandesa: es un faro para cualquier sociedad que aspire a la equidad.
Pamela Hogan: La voz detrás de la cámara
La directora Pamela Hogan, una cineasta con experiencia en documentales sobre temas sociales, firma aquí su obra más personal. Su enfoque en Cuando las mujeres pararon Islandia revela una sensibilidad profunda por las narrativas femeninas. Con Margrét Rán Magnúsdóttir en la música y un equipo que prioriza la autenticidad, Hogan evita el sensacionalismo para optar por la empatía, haciendo que el espectador se sienta parte de esa marcha histórica.
En España, el documental se estrenó en Documentos TV de RTVE el 24 de octubre de 2024, coincidiendo con el aniversario de la huelga, y está disponible en plataformas como Filmin.
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