Críticas al documental ‘Lorca, las horas perdidas’ por despolitizar el asesinato del poeta

Las críticas coinciden en que restar centralidad al componente ideológico —el odio al intelectual republicano, a lo que representaba culturalmente y a su orientación sexual— equivale a un blanqueamiento del fascismo.

Por Ana Redondo | 19/06/2026

El documental de TVE Lorca, las horas perdidas ha desatado críticas de revisionismo histórico al restar peso al contexto político del asesinato y dar protagonismo a rencillas familiares. El 18 de septiembre se estrenó el documental en formato true crime producido junto a El Rugido Producciones con motivo del 90.º aniversario del fusilamiento de Federico García Lorca. Dirigido por Nahúm Varas Mazagatos y con Ángel Ruiz interpretando al poeta en las recreaciones, el trabajo reconstruye los últimos días de agosto de 1936: la detención en casa de los Rosales, el paso por el Gobierno Civil de Granada y la ejecución en las inmediaciones de Víznar. Incluye testimonios de Ian Gibson, Joaquín Sabina, Paula Ortiz, Benjamín Prado y otros.

El enfoque ha dividido a la audiencia. Parte del público valora el rigor formal, las recreaciones y el intento de acercar el caso al gran público. Otra parte, incluidos lorquistas, historiadores e investigadores que aparecen en la propia pieza, lo ha tildado de revisionista. Acusan al documental de despolitizar el crimen y de diluir la responsabilidad de los sublevados al otorgar un peso excesivo a las rivalidades locales de la Vega de Granada.

El núcleo de la polémica

Lorca fue detenido y fusilado por fuerzas golpistas en los primeros días de la Guerra Civil. El informe franquista de 1965 lo acusaba de “socialista, masón y homosexual”. Esas etiquetas, según el propio documental y la investigación histórica, eran en parte falsas o infladas: no militó en ningún partido ni fue masón. Sí era un intelectual de izquierdas, ligado a la República a través de su padre y de su cuñado Manuel Fernández-Montesinos (alcalde socialista de Granada, también fusilado), impulsor de La Barraca y firmante de manifiestos antifascistas. Su homosexualidad y su prestigio cultural lo convertían en un objetivo simbólico.

Críticos como el periodista y lorquista Víctor Fernández, que participa en el metraje, han dicho que el resultado final “apoya la teoría de que el poeta fue asesinado por riñas familiares” y que “desviste de política a Lorca pese a su compromiso evidente”. El historiador Miguel Ángel del Arco Blanco, de la Universidad de Granada, denunció la falta de contexto sobre el golpe, la violencia de los sublevados y el origen de la guerra, y una muerte “despolitizada”. La periodista Ana Bernal-Triviño lo calificó de “imperdonable”. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) acusó al documental de usar el caso para exculpar a los golpistas y responsabilizar a la República, e incluso de poner en boca de Lorca palabras que no dijo.

Se ha señalado especialmente el vínculo que el relato establece con La casa de Bernarda Alba y con familias rivales (Roldán, Benavides). La obra se escribió en 1936 pero no se publicó hasta 1945; varios espectadores e investigadores consideran un “error fatal” presentarla como móvil relevante del crimen. El resultado, según estas voces, es que el fascismo y la lógica de la represión política quedan en segundo plano frente a un ajuste de cuentas local.

Blanqueamiento y memoria

Las críticas coinciden en que restar centralidad al componente ideológico —el odio al intelectual republicano, a lo que representaba culturalmente y a su orientación sexual— equivale a un blanqueamiento del fascismo. Lorca no fue una víctima “cualquiera” de una riña de pueblo: su muerte forma parte de la oleada de fusilamientos extraoficiales con que los sublevados aplastaron la oposición al golpe en Granada y en el resto de la zona controlada. Convertir el caso en un thriller de odios familiares, sin un marco claro del golpe de Estado, facilita lecturas que relativizan la naturaleza política de la violencia franquista.

El debate no niega que existieran rivalidades locales. Varias investigaciones (incluido un trabajo previo de Gibson y documentales anteriores) las han documentado. El problema que plantean los críticos es de proporción y de contexto: en un producto de televisión pública emitido en horario de máxima audiencia, el equilibrio narrativo importa. Dar más minutos a las rencillas que al compromiso republicano, a la homofobia de los ejecutores o al carácter sistemático de la represión se percibe como una operación de despolitización.

Noventa años después, el cuerpo de Lorca sigue sin aparecer. El documental insiste en las incógnitas y en la necesidad de memoria. Las críticas recuerdan que la memoria no es neutra: cómo se cuentan las causas del crimen determina si se reconoce o se suaviza el fascismo que lo hizo posible.


El documental puede verse en el sitio web de RTVE.

Se el primero en comentar

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo no será publicada.




 

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.