Constantinopla, la caída de una ciudad inexpugnable

En Occidente, el acontecimiento se vivió como una auténtica tragedia. Bizancio, capital de capitales y símbolo del poder y la grandeza de la cristiandad, había sido tomada y destruida por los infieles otomanos gracias a sus sorprendentes capacidades técnicas y organizativas.

Por Jayro Sánchez | 19/09/2025

1453 fue un año clave en la historia de la humanidad. Los expertos lo sitúan como el momento en el que la oscurantista y aislante Edad Media dio paso a la Edad Moderna, caracterizada por la búsqueda de la razón y el progreso, así como por la consecución de grandes descubrimientos —tanto científicos como geográficos—.

Pero el de la modernidad fue un parto doloroso, pues estuvo marcado por la caída y el saqueo de la gran ciudad de Constantinopla. Como el prestigioso historiador británico Roger Crowley (1951-en la actualidad) narra en la mejor crónica contemporánea de los hechos, Constantinopla 1453: El último gran asedio, el Imperio romano dejó de existir aquel 29 de mayo.

Y el mundo nunca volvió a ser igual. En Occidente, el acontecimiento se vivió como una auténtica tragedia. Bizancio, capital de capitales y símbolo del poder y la grandeza de la cristiandad, había sido tomada y destruida por los infieles otomanos gracias a sus sorprendentes capacidades técnicas y organizativas.

Sus murallas inconquistables, que habían derrotado incontables invasiones de árabes, búlgaros y otros pueblos, habían sido escaladas por las tropas del temible sultán turco Mehmed II. Este había establecido allí su nuevo centro de poder, y acabaría convirtiéndolo junto a sus sucesores en la bella y ahora antiquísima Estambul.

Para los musulmanes, la victoria sobre el desaparecido y muy probablemente asesinado emperador bizantino Constantino XI representó la culminación del sueño del profeta Mahoma: conquistar la «manzana roja» de la que tanto hablaban los líderes otomanos. Desde allí, su expansión por el Mediterráneo solo sería una de las muchas etapas de la jihad, la guerra santa que estaban destinados a ganar.

Con perspicacia y agilidad, Crowley relata: la gloria conseguida y perdida por el Imperio romano de Oriente, la astuta diplomacia de sus gobernantes, las gestas heroicas de sus guerreros, su papel en las Cruzadas, las diversas traiciones y presiones a las que fueron sometidos por sus hermanos occidentales, y su numantina y final defensa de la ciudad que una vez fue «faro» de las civilizaciones.

De allí salta al campo otomano para explicar: sus orígenes nómadas, sus proyectos de anexión, la sorprendente tolerancia de sus gobernantes con respecto a las minorías, sus aptitudes como soldados, su inteligencia y pragmaticidad políticas, y su habilidad para anexar y controlar el gran imperio que poseyeron hasta bien entrado el siglo XIX.

Crowley es un historiador concienzudo con la pluma de un novelista superventas. Sabe reunir y leer fuentes muy antiguas, y traducirlas para introducir en el lector un ritmo que convierte su historia sobre los últimos días de Bizancio en una narración brillante. Constantinopla 1453 es la crónica definitiva sobre el último asedio de la Edad Media.

Se el primero en comentar

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo no será publicada.




 

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.