Carboneras, memoria de las mujeres de la mina asturiana

Una historia de resistencia y de dignidad, centrada especialmente en aquellas mujeres que vivieron, trabajaron y lucharon dentro y fuera de la mina, que sufrieron la represión doblemente, por rebelarse contra las muchas injusticias que sufrían, y por su condición de mujeres

Por Angelo Nero | 16/01/2026

En 2018 la periodista Aitana Castaño y el dibujante Alfonso Zapico, iniciaron un interesante proyecto de recuperación de la Memoria de la mina asturiana, una trilogía publicada en la editorial Pez de Plata, que alumbró un primer volumen, “Los niños de humo”, en la que a través de una emotiva, rebelde y combativa colección de relatos cortos, nos transportaba a la cuenca del Nalón, en aquella longa noite de pedra del franquismo. Una reivindicación de aquellos hombres y mujeres, niños y mayores, que vivieron y lucharon, que muchas veces perdieron y otras pocas ganaron, que fueron solidarios, que amaron, que fueron represaliados, pero nunca doblegados, que repartieron panfletos bajo tierra, que respiraron humo y ansias de libertad, y cuyas historias merecen ser recordadas de la forma en que Aitana Castaño y Alfonso Zapico, palabra y trazo, lo han hecho.

La segunda entrega de esta Trilogía Minera, Carboneras, publicada en 2020, repite el formato del anterior, aunque los relatos ya no son tan breves y se conviertan en capítulos de una novela, donde todos los personajes se van uniendo por un hilo de humo, cosiéndonos en el corazón personajes tan entrañables como el párroco Don Bernardo y Rosa Montes, como la gaitera Tina Chancera o Maruja La Rusa, como Benito El de Cuco, y Charo. Una historia de resistencia y de dignidad, centrada especialmente en aquellas mujeres que vivieron, trabajaron y lucharon dentro y fuera de la mina, que sufrieron la represión doblemente, por rebelarse contra las muchas injusticias que sufrían, y por su condición de mujeres. La pluma de Aitana construye con gran sensibilidad y realismo la trama en la que se ven envueltas las carboneras, mientras que la de Alfonso dibuja con su maestría habitual, el mundo de la mina y de las gentes que viven y mueren en ella.

En una entrevista sobre Carboneras, Aitana Castaño señalaba: “Ya no hay minas de las que se saque carbón, pero el carbón y el humo lo llevamos en el ADN. Eso es lo que nos queda, los recuerdos. Pero no solo los recuerdos que nos cuentan escenas, anécdotas o conversaciones, no. También la memoria que nos habla de lucha, de colectivo, de lo que se puede hacer cuando los trabajadores se unen por una meta común. Supongo que con el paso de los años se irá diluyendo, por eso es tan importante crear narrativa que nos hable de donde venimos.” Aitana fija esta memoria de la mina desde una perspectiva de clase, tomando abiertamente partido por los suyos, pero también por las suyas, desde una perspectiva de género: “Escribir Carboneras fue un acto concebido para darles valor a ellas ya no solo en la lucha obrera, que también, sino en el día a día. Las mujeres son las que sostienen los pilares de una casa. En las cuencas mineras ahora sabemos también que incluso los pilares de una sociedad. Creo que cada vez hay más comprensión y más altura de miras para tenerlas a ellas presentes cuando hablamos de lucha de clases.” Dice en la misma entrevista a los Colectivos de Jóvenes Comunistas.

La mujeres de Montecorvo del Camino, ese particular Macondo asturiano, cuidaban de sus casas y de sus hijos, pero también se destrozaban las manos eligiendo el mejor mineral y quitándoles restos de piedras y madera, luchando muchas veces contra sus propios maridos, que se gastaban la paga en tabaco, vino y apuestas, o contra el estado represor, representado por la guardia civil al mando del despiadado Trujillo. “Hay una sororidad primitiva en la organización de estas mujeres, en su ayuda mutua y la reivindicación de sus derechos hacia fuera (frente a los patronos) y hacia dentro (en sus propios hogares). Las cuencas mineras siempre han ido por delante en las demandas de derechos laborales, y un poco por detrás en las exigencias de igualdad de género. Las que empujaban en ese caso, eran las mujeres del carbón.” Destacaba Alfonso Zapico, en una pieza periodística de La Cuenca del Nalón.

Con esta segunda entrega ya me he convertido en incondicional de Aitana Castaño -de Alfonso ya lo era- y espero tener pronto en mi biblioteca la tercera entrega de esta saga minera, “Rastros de ceniza”, así como su último libro, también editado en Pez de Plata, en 2025, la novela “Las Madrinas”.

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