Breve nota sobre los callados

Por Puertos33

“Si este libro se ha escrito, es gracias a tus llamadas. De alguna manera, me has mantenido aquí” Creo recordar, sin exactitud, que así dediqué mi libro a uno de mis mejores amigos.

“¿Has pensado en el suicidio?” pregunta otra voz en el asiento de mi coche. Otra persona, está vez menos anónima, responde a otra circunstancia: “El suicidio es solo una posibilidad, como otra cualquiera”.

Virginia Woolf comienza la carta que dejaría a su marido “Creo que voy a enloquecer de nuevo. Siento que no podemos atravesar otro de esos tiempos horribles”Ningún suicidio es una idea aislada, un momento de oscuridad. Suicidarse lleva todo el peso de una vida llena de luces y sombras.

“No se habla de ello para evitar el efecto llamada” comprende la misma voz días más tarde ante una mala noticia.

Ignacio Castro afirma en Lluvia Oblicua “Quién es sensible es el único que tiene derecho a ser violento”. No podemos olvidar que parecemos vivir en una selección natural silenciada. El capitalismo tardío, que consiguió hace años que la “soledad” fuese una enfermedad generalizada, lleva una infinitud de victimas anónimas. Algo así nos muestra “Martin Eden” (2019, Italia).

Toda muestra de sensibilidad tiene que ser erradicada. Ante un suicidio todo el mundo especula, pero pocos se caracterizan por escuchar. Nadie muere solo. Ni Sylvia Plath aunque escribiese aquello de “antes nadie me observaba, ahora estoy en observación” en sus diarios. El suicida lleva consigo todas las vidas que ha tocado. No es casualidad que siempre dejen una despedida o mancillen un lugar especial ¿podría ser el último intento de ser frenados?

Hace años escribía en otro espacio “—Es absurdo creer en el individuo que elige— ¿Qué poder tengo sobre mí mismo? ¿Quién soy? Si no soy novio, amigo, hijo…” ¿Sabiendo esto, qué me queda? Dejar marcado el lugar, esperar que me llamen. Odiamos a los suicidas porque nos recuerdan que hemos fallado. Nos despiertan de aquello que nos señalaría Duras «El crimen que todos compartimos». 

“Quisiera que alguien me esperara en algún lugar” (2019, Francia) nos recuerda que siempre hay un último intento por invocar una esperanza. “Oslo, 31 de Agosto” (2011, Noruega), también. Quienes llevamos tiempo defendiendo los vínculos, sabemos que la cura al capitalismo yace ahí. Si “Bojack Horseman” (2014, EE UU) ha tenido tanto éxito es porque es de dibujos animados.

“Me limito a escuchar” contestaba a quien se alarmó por mi atención y mi cuidado. Vivir conlleva el riesgo de ser herido. “Solo mirando se es” dice Noel Rodríguez. Toda identidad es una relación, no un punto de partida. Esto, aquellos que deciden despedirse, lo saben.

Mi amigo, quien recibió la dedicatoria en Bélgica, está tan cerca como cualquier otro. Él, de alguna manera, consigue evocar aquella ironía necesaria para nuestros días. Algo así como la corrección de Cioran a su amigo: “Siempre puedes suicidarte mañana”. No pueden quitarnos la posibilidad, esa siempre será nuestra.

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