Bienes comunes y lucha contra la pobreza


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Por Mª Ángeles Castellanos

En octubre hemos conocido que el Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel, ha sido otorgado, por segunda vez desde que estos premios fueron instituidos (1968) a una mujer, se trata de Esther Duflo, además es la persona más joven que ha recibido este galardón.

Esther Duflo junto a Abhijit Banerjee y Michel Kremer han sido premiados en 2019 «Por su enfoque experimental para aliviar la pobreza global»

La primera mujer en recibir el Nobel de Economía fue Elinor Ostrom en 2009 “por su análisis de la gobernanza económica, especialmente los bienes comunes”. Compartió el premio con a Oliver E. Williamson, galardonado “por su análisis de la gobernanza económica, especialmente los límites de la empresa”

Elionor Ostrom y los bienes comunes.

Al hablar de Elionor Ostrom y de los bienes comunes, es casi inevitable hacer referencia al artículo de Garrett Hardin sobre “la tragedia de los comunes”, no por la influencia de este dilema en los trabajos de Ostrom, pero sí por la repercusión del dilema en el pensamiento económico que ha llevado a aceptar como incuestionable el binarismo bienes públicos- bienes privamos, binarismo que desmonta   Ostrom con sus trabajos.

En 1968, el biólogo y ecologista Garrett Hardin, describe el dilema “la tragedia de los comunes” Hardin utiliza una metáfora de un grupo de ganaderos que compra un terreno donde cada uno puede llevar su ganado y dejarlo ahí pastando. Un día uno de ellos decide llevar una vaca extra porque necesita el dinero, aunque sabe que no es bueno para el suelo, piensa que no se notará en un terreno tan grande. Gana dinero y decide llevar más vacas, él gana dinero, pero son todos los que pagan el desgaste de la tierra. Pero él no es el único que lo está haciendo, todos llevan ganado extra al terreno para obtener beneficio personal en detrimento del colectivo.

Esta metáfora ya había sido propuesta por William Forster Lloyd en 1833, preocupado, como Hardin, por el crecimiento de la población.

Hardin señaló que “Cada hombre está encerrado en un sistema que le incita a aumentar su rebaño sin límite, en un mundo que es limitado” y que “en un mundo limitado la libertad en los bienes comunes trae la ruina para todos” a esto es a lo que llamó la tragedia de los comunes.

Hardin con su artículo pretendía refutar la idea de Adam Smith de que el egoísmo individual lleva al bienestar colectivo.

La primera mujer en recibir el Nobel de Economía fue Elinor Ostrom en 2009 “por su análisis de la gobernanza económica, especialmente los bienes comunes”

Sea como fuera, la idea de que los recursos naturales de propiedad común se transforman en tragedia ha sido ampliamente reconocida en el ámbito de la economía y ha sido interpretada como una demostración de que solo es posible el binarismo público-privado cuando se habla de la propiedad de los bienes. Por cierto, también la teoría de la “mano invisible” de Adam Smith ha sido ampliamente aceptada en el pensamiento económico.

Respecto a la tragedia de los bienes comunes, Elinor Ostrom  manifestó su desacuerdo con la presunción de que la administración del gobierno central o los derechos de propiedad privada son la única manera de evitar la tragedia de los bienes comunes.

Al contrario que Hardin, que no profundizó en su análisis de los bienes comunes, Ostrom, se dedicó a recorrer el mundo y a estudiar casos de  manejo comunitario de recursos y a explicar los motivos de éxito o fracaso en la gestión de recursos de propiedad común y demostró que cuando los usuarios utilizan los recursos naturales en forma conjunta, con el tiempo se establecen reglas sobre cómo deben ser cuidados y utilizados de una manera que sea económica y ecológicamente sostenible, lo que le llevó a ganar el Nobel de Economía.

Ostrom presenta los bienes comunes como una alternativa real y eficiente frente al binarismo que supone pensar que los bienes solo pueden ser públicos o privados.

En el libro “El gobierno de los bienes comunes. La evolución de las instituciones de acción colectiva” Elionor Ostrom plasma las conclusiones de sus investigaciones y establece que no existen buenas reglas para todos los casos pero que sí se pueden definir una serie de principios para el diseño de las reglas de gestión.

El comunicado  con el que  la Real Academia de Ciencias de Suecia informaba de la concesión del Nobel a  Elinor Ostrom, señala que se le concedió “Por su análisis de la gobernanza económica, especialmente los bienes comunes”  y destacan que Elinor Ostrom ha demostrado cómo las asociaciones de usuarios pueden gestionar con éxito la propiedad común

Continúa  diciendo que Elinor Ostrom ha desafiado la creencia convencional de que la propiedad común está mal administrada y debe ser regulada por las autoridades centrales o privatizada. Basado en numerosos estudios de poblaciones de peces, pastos, bosques, lagos y cuencas de aguas subterráneas administradas por los usuarios, Ostrom concluye que los resultados son, en la mayoría de los casos, mejores de lo previsto por las teorías estándar. Ella observa que los usuarios de recursos con frecuencia desarrollan mecanismos sofisticados para la toma de decisiones y la aplicación de reglas para manejar conflictos de intereses, y caracteriza las reglas que promueven resultados exitosos.

Es cierto que ha habido fracasos en la gestión de los comunes, pero no por la tragedia descrita por Hardin.

Ostrom presenta los bienes comunes como una alternativa real y eficiente frente al binarismo que supone pensar que los bienes solo pueden ser públicos o privados.

El humanista Karl Polanyi consideraba el sistema capitalista como una anomalía histórica impuesta de forma violenta. En su libro “La gran transformación” publicado por primera vez en 1944, analiza el momento en el que los campos  y  las  tierras  comunales  de  Inglaterra fueron cercados (enclosures) por los señores en el Siglo XVIII y señala que estos enclosures fue una revolución violenta de los ricos contra los pobres que terminó con el uso de los bienes comunes. Por tanto, en este caso, no fue la tragedia de los comunes la que terminó con esta forma de gestión, y sí el deseo universalizar la propiedad privada y de acabar con la gestión comunal de los recursos. Se estaba construyendo el poder político moderno.

Este proceso descrito por Polanyi fue una subordinación de lo social a lo económico, algo que sigue sucediendo hoy en día, pensemos en la situación del Mar Menor o del Río Tajo ,en los intentos por privatizar los servicios públicos o de mercantilizar cualquier aspecto de nuestras vidas.

La vida no es economía, no somos productos de mercado aunque exista un gran empeño en que así sea.

La aportación a la economía  de Elinor Ostrom y el reconocimiento que supone la concesión de un Nobel son de gran interés porque rompe con actual paradigma económico de  modelo de mercado neoliberal y demuestra que existen otras formas de gestión eficiente y sostenible de los recursos.

Respecto a Esther Duflo , la segunda, y de momento última mujer en recibir el galardón del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel, ha sido galardonada por “por su enfoque experimental para aliviar la pobreza global”.

Esther Duflo trabaja sobre la idea de aplicar rigor científico a las políticas sociales, haciendo pruebas controladas y aleatorias con políticas sociales para así determinar si funcionan o no.

No me voy a extender en el trabajo de Duflo de la que sin duda oiremos hablar más en los próximos meses, pero sí quiero señalar algunas coincidencias entre ella y Ostrom, además de ser las únicas mujeres con el Nobel de Economía, ambas han sido galardonadas por  propuestas que establecen que no existe una respuesta global y única para los problemas a los que tratan de buscar soluciones. Proponen fórmulas alejadas de la globalización y de la uniformidad y plantean respuestas pensadas y adaptadas a las realidades de las comunidades en las que quieren incidir.

La vida no es economía, no somos productos de mercado aunque exista un gran empeño en que así sea.

Para mejorar las vidas de la mayoría hay que cambiar el pensamiento económico dominante.

 


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