Ayuso, la mamba negra de la izquierda

Por Francisco Javier López Martín

Dicen que es tonta, más quisieran ellos. Dicen que es una autómata que repite lo que sus experimentados asesores le van diciendo por un pinganillo y aunque así fuera sería una autómata dotada de inteligencia artificial, eso que llaman machine learning, capaz de aprender y superar a cualquier opositora humana que se atreva a jugar la partida contra ella.

Su investidura ha sido la última demostración de esa capacidad de desbordar cualquier estrategia defensiva a derecha e izquierda, pero sobre todo a la izquierda. Querían los ultraderechistas menos consejerías, pues de 13 a 9. Querían también primacía de los nacionales sobre los extranjeros, pues anuncia un plan de natalidad que dotará a cada mujer con 500 euros al mes, desde el quinto mes de embarazo a los dos años de edad y hasta un total de 14.500 euros.

Eso sí, deben tener menos de 30 años, ganar menos de 30.000 euros al año y llevar 10 años empadronadas en Madrid. Eso reduce bastante el número de beneficiarias posibles, con cuatro perras está hecho, pero ahí queda eso. Como lo de la disminución de alumnas y alumnos por aula, comenzando por las Escuelas Infantiles. Ah y bajada de las tasas universitarias de entre un 20 y un 30 por ciento.

Y no queda ahí la cosa, un ambicioso plan de formación del profesorado al que va a tratar como a los médicos y obligarles a pasar por un MIR educativo, es decir un periodo de prácticas, al menos un año, con empleo precario y salarios más bajos. Unas prácticas tuteladas y evaluadas por un futuro Instituto de Formación del Profesorado, que tiene toda la pinta de Santo Oficio, o Congregación para la Doctrina de la Fe. Sabe bien que no tiene competencias legales transferidas para hacerlo, pero ella lo anuncia y luego echará la culpa al gobierno central de no poder hacerlo.

Pero no quedan ahí las cosas. La ínclita y flamante presidenta se apresta a crear más plazas de residencias para personas mayores, pero como no sabe ni cuántas, ni dónde, ni con qué, porque el dinero escasea, lanza una cortina de humo con la creación de una Historia Social Única, para tener fichadas a todas las personas que necesiten atención social de cualquier tipo y saber qué han recibido en cada momento.

Que hay quien se queja de la salud mental y el crecimiento de los suicidios, pues nada anuncia un Plan de prevención del Suicidio, ya veremos luego. Que las instalaciones de suministro de agua se han quedado anticuadas y toca ya reparar las fugas, pues disfrazamos las reparaciones como un plan de renovación de tuberías por todos los pueblos de la región.

Que el turismo aporta riqueza pero destroza Madrid, pues no arreglamos lo de los pisos turísticos, ni la gentificación, ni la gentrificación, pero nos inventamos un Plan de Sostenibilidad Turística que afirma va a proteger la naturaleza. Menos mal que aquí no llegan los cruceros, por ahora, por culpa de Sánchez y de los comunistas, pero todo se andará. Al tiempo.

Eso de la naturaleza da mucho juego, está de moda, fue siempre una bandera de izquierdistas y ecologistas, pero ahora toca disfrazar de libertad el desparramo y el derroche económico de sostenibilidad y Ayuso no duda en trazar sobre el papel unas cuantas rutas ciclistas, una planta de hidrógeno verde, unas cuantas plantas fotovoltaicas, una electrolinera de carga ultrarrápida para coches eléctricos y unos cuantos senderos que unan los parques naturales de la región.

Tras todos estos anuncios descarbonizadores, en realidad contra el cambio climático no hay nada verdaderamente ambicioso, nada relevante, pero sí mucho marketing, como eso de retocar 16 leyes de biodiversidad para remover trabas administrativas y burocráticas, de forma que las empresas sean entorpecidas lo menos posible con estos temas engorrosos.

Como el derroche de dinero para las constructoras en el Hospital Enfermera Isabel Zendal es un escándalo que hay que tapar, después de vacunar masivamente en el mismo van a crear un Laboratorio Regional de Salud Pública para hacer pruebas y análisis de muestras. Cada día que sirva para anunciar algo nuevo e inútil, pero nuevo. Que se hable bien o mal de ella, pero que se hable, todos los días.

Y para remate, la manera de rizar el rizo se va a llamar Plan Vertebra, un batiburrillo de parches de Vivienda, Movilidad, Administración Local y Revitalización Rural, todo ello en una batidora y que salga lo que tenga que salir. Miles de millones inventados, decenas de miles de nuevas viviendas en un plano que podamos inaugurar y reinaugurar constantemente, más tuneladoras para ampliar líneas de metro, más intercambiadores, más aparcamientos, más carriles BUS-VAO. Da la impresión de que las necesidades reales importan poco y que lo único que cuenta es el negocio para los constructores, consultoras y amigotes leales.

Saben que entre rebajas y paraísos fiscales no hay dinero para tanto gasto descoordinado, improvisado y selectivamente dirigido a los negocios de los amigos, pero también saben que por los caminos ya vienen los fondos europeos y que, por pocos que sean, serán más que suficientes para pagase estas rondas de cañas.

Por eso el gobierno de Madrid se puede permitir rebajar el tramo autonómico del IRPF, de forma que un madrileño pague menos IRPF que cualquier otro ciudadano de España. Se recauda menos, pero ya llegará el dinero europeo y nos saldrá la pasta por las orejas.

La izquierda podría poner sobre la mesa las inversiones necesarias para sacar a Madrid de este sueño del pelotazo en el que la derecha nos ha instalado, podría dejar a la derechona en sus inventos, reinventos y mentiras y dedicarse a lo que importa a las personas.

Desgraciadamente, nuestra izquierda parece estar más entretenida en otras cosas, cosos, o coses, que importan a unas pocas, pocos, poques, pero que dejan todo el campo político a merced de la demagogia populista de una presidenta que, cual mamba subsahariana, venenosa, inquietante y veloz, va convirtiendo en tóxico todo aquello que ataca, fuera y dentro de su propio partido.

Haríamos bien en la izquierda en repensarnos un poco durante el verano, digerir la irrebatible derrota de Mayo, darle unas vueltas y pensar en qué nos hemos equivocado, qué hemos hecho mal, qué debemos revisar en nuestras maneras de hacer política desde la izquierda, para convertirla en acción que contribuye a cambiar y mejorar nuestras vidas. Tal vez no vendría nada mal recuperar un poco de identidad y orgullo de clase, bien pegado al terreno de los pueblos y los barrios.

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