Mientras el discurso oficial celebra la independencia judicial como pilar democrático, en la práctica se incentiva su utilización como herramienta de propaganda política.
Nicolás Maduro, desde su celda, debe contemplar con amargura cómo la vicepresidenta que trabajó a su lado hasta el final ahora lidera la liquidación controlada del proceso bolivariano.
La ministra Mónica García ha sido criticada duramente por el colectivo, que la considera ‘invalidada’ como interlocutora y la acusa de no abordar los problemas estructurales.