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Entrevistamos al abogado y analista internacional Augusto Zamora.
Por Héctor Bujari Santorum | 17/04/2026
Augusto Zamora fue jefe de gabinete del Ministerio de Exteriores de Nicaragua durante la Revolución Sandinista, negociador de la paz en Contadora y Esquipulas, y el abogado que llevó a Estados Unidos ante la Corte Internacional de La Haya por sus actividades militares y paramilitares en su país. Décadas después, desde su faceta como jurista, geopolítico y autor de Réquiem polifónico por Occidente, Zamora diagnostica sin filtros el fin de la hegemonía occidental, la obsolescencia de Naciones Unidas y la inevitabilidad de una guerra global hacia 2030.
En esta entrevista, sostiene que «Occidente está muerto», que el genocidio en Gaza es la «evolución natural del Estado sionista» y que la única salida para Palestina pasa por la desaparición de Israel como Estado. Además, aborda la cuestión del Sáhara Occidental. Sin más preámbulos, os dejo con la entrevista.
Usted fue jefe de gabinete del Ministerio de Exteriores durante la Revolución Sandinista y negoció la paz en Contadora y Esquipulas, ¿cómo se vive pasar de la primera fila del equipo de gobierno a la oposición tras la derrota electoral del año 90?
Eso es un trago amargo, sobre todo porque tanto el proceso insurreccional como la defensa de la revolución costó más de 100 mil vidas y que aquello terminara, pues es amargo. Y creo que el término se queda corto, pero las cosas son así. El país estaba agotado humana, económica y psicológicamente después de 11 años de guerra, y la gente a veces hace lo que muchas veces no quiere hacer solo por sobrevivir.
Son cosas que solo se entienden cuando se viven. Desde fuera muchas veces resultan inexplicables, pero es muy difícil para un país pequeño como Nicaragua, como tantos que ha habido en el mundo, resistir una agresión imperialista durante tantos años y subsistir. Y menos en un momento tan crítico: la Unión Soviética estaba en sus últimos años, la ayuda no llegaba de ninguna parte. No había quien echara una mano, así que, bueno… pasó hace muchos años ya, así que ahora hay que ver con los ojos hacia el futuro, que está bastante interesante.
Antes de poner los ojos en el futuro, usted fue abogado de Nicaragua ante La Haya contra Estados Unidos por las actividades militares y paramilitares de este país. Estados Unidos perdió el caso, pero luego ignoró la sentencia. ¿Qué lección aprendió usted sobre el poder real frente al derecho internacional? ¿Y si sigue creyendo en la Corte Internacional de Justicia después de aquello?
Hay que entender que, a lo largo de la historia, el derecho ha tenido un valor relativo en la relación entre fuertes y débiles. Esto ha sido siempre el lado más triste, negro y crítico del derecho, sea derecho interno o derecho internacional. Nunca se juzga igual al pobre que al rico.
Y en las relaciones internacionales el derecho internacional vale hasta cierto nivel, pero ya llevado a una situación de confrontación con una potencia imperialista, si esta potencia puede imponer su voluntad, la impone. Esto es así y seguirá siendo mientras existan potencias imperialistas; lo estamos viendo en el presente.
Es decir, desde que fue destruida la Unión Soviética, el mundo ha vivido en un estado de guerra permanente: Yugoslavia, Libia, Irak, Afganistán, Siria, Líbano, ahora Irán. Esto es una realidad contra la que uno debe luchar con todas las fuerzas, pero el fondo del problema está en la asimetría de poder.
Esto lo trató la Corte Internacional de Justicia en su primer caso, que fue el caso del canal de Corfú, con sentencia emitida en 1949 en un caso que enfrentaba a Gran Bretaña con Albania. Ahí Gran Bretaña argumentó que tenía (…) en el caso de la libertad marítima y de hacer valer el principio del derecho de navegación.
Y la corte respondió en una sentencia histórica, que yo en mis años largos de profesor siempre recordaba. La corte rechazó el argumento británico, señalando que, por la naturaleza de las cosas, un derecho de intervención solo favorecería a los poderosos.
Eso sigue siendo así, porque en esta vida no interviene quien quiere, sino quien puede. Veo que Estados Unidos está haciendo lo que está haciendo; incluso amenazó con hacer desaparecer una civilización como la iraní.
Pero vimos antes la agresión brutal contra la pequeña Yugoslavia de Serbia y Montenegro. Yo no sé por qué asombrarse ahora de lo que hace Estados Unidos, si desde que desapareció la Unión Soviética el mundo ha sido sometido a continuas guerras por parte de países atlantistas, como alianza, coalición, como quieran presentarse.
Pero hemos vivido en guerra y parece que seguiremos así hasta que el accidente colectivo, como yo le llamo, sea militarmente derrotado.
¿Lo que se conoce como Occidente, como proyecto político y cultural, está muerto? ¿O solo muy enfermo?
Está muerto. Lo que pasa es que primero son las realidades económicas y después las realidades políticas. En derecho nosotros explicamos que el derecho nace viejo. Primero fueron los barcos y luego el derecho marítimo, primero fueron los aviones y luego el derecho aéreo.
Eso ocurre también en la sociedad internacional: ahora el mundo es multipolar económica y comercialmente. Ya aquellos siglos en que un grupo de potencias imperialistas poseía la práctica totalidad del PIB mundial han desaparecido.
Ahora la primera potencia económica y comercial en términos de paridad adquisitiva es China, la segunda es Estados Unidos, la tercera India, la cuarta Rusia… En realidad, de Occidente como gran potencia solo queda Estados Unidos.
El mundo se ha fragmentado. Las economías de mayor crecimiento son economías asiáticas: Indonesia, Pakistán, Irán; y otras que le siguen son africanas o americanas, como Brasil o México. De manera que el mundo ya es multipolar.
Falta esa fase de transición que, tal y como pintan las cosas, y yo vengo señalando desde hace años, pasará por una guerra. Como ocurrió con la primera, con la Segunda Guerra Mundial, pues parece que tendrá que haber una tercera, en la que esta multipolaridad económica, militar y comercial se transforme en política con la derrota militar de Occidente y, esencialmente, de Estados Unidos.
No creo yo que haya una vía distinta a la configuración del mundo multipolar que ya existe para darle una forma política y una nueva organización internacional.
¿Cómo es su valoración de la situación global actual? ¿Ve esa guerra próxima?
Los cálculos que yo he venido haciendo desde 2017 es que la guerra estará en torno a 2030; puede ser años antes, puede ser años después. Las contradicciones se están acumulando de una manera tan grande que eso parece que llegará, pero no ahora.
Digamos que lo de Irán es como un ensayo. Esto lo señalé en un artículo que publiqué al inicio de esta segunda guerra de agresión contra Irán: que esto era como un ensayo en términos reales y en tiempo real de lo que será la guerra en el Pacífico.
Porque, a fin de cuentas, Estados Unidos, por su lejanía geográfica, que vive en un continente aislado como es el americano, solo puede proyectar su poder de manera aeronaval. De manera que sus guerras tienen que ser desde el mar, apoyándose en bases militares de países aliados.
Es solo cuestión de cambiar Emiratos Árabes por Corea del Sur, Arabia Saudita por Japón, y vamos a tener un escenario similar por el control de Asia-Pacífico.
De hecho, ya han salido en Estados Unidos varios artículos en revistas especializadas señalando que uno de los mayores errores de Estados Unidos en esta guerra contra Irán es que ahora los chinos ya saben cómo combaten ellos y que le han transmitido a China todas las fortalezas, pero también todas las debilidades en una guerra aeronaval.
De manera que China y, por supuesto, Rusia, desde un inicio han tomado nota de las dos guerras contra Irán, porque esto es lo que más o menos se vendrá en unos años.
Entonces, en este caso, ¿usted ve la agresión contra Irán como un ensayo de lo que vendrá después?
Es un ensayo en tiempo real, y lo más relevante de esta segunda guerra es que Estados Unidos se ha empleado a fondo —a excepción de la bomba atómica— y no ha podido.
Pero esto también fue señalado hace unos 2.400 años por Tucídides, en la Historia de la guerra del Peloponeso, cuando analizaba el fracaso de la incursión ateniense en Sicilia, en las ciudades-estado aliadas de Esparta, y cómo la potencia terrestre tiene superioridad sobre la potencia naval que ataca. Porque la expedición ateniense a Sicilia fue un desastre militar completo y fue determinante para la derrota final de Atenas a manos de Esparta.
Así que no estamos hablando de un escenario nuevo. Se ha mencionado ahora muchas veces el desastre de Galípoli en la Primera Guerra Mundial, el desembarco británico en la península de los estrechos turcos tratando de alcanzar Estambul, que terminó en un desastre militar total.
Estados Unidos ha vuelto a comprobar que una potencia terrestre con fuerza suficiente es capaz de vencer o de hacer imposible una victoria a una potencia aeronaval.
En el caso del Pacífico ya no digamos… el poder de China es 500 veces superior al de Irán y, por tanto, de los resultados de este fracaso de Estados Unidos contra Irán podemos inferir cómo terminaría una guerra con China en el Pacífico.
Y creo yo que tanto chinos como otros países han tomado nota, y esta derrota de Estados Unidos —o imposibilidad de victoria sobre Irán— ya es una reconfiguración de fuerzas. Ya el mundo ha visto que el poder de Estados Unidos no es tal; que una potencia media con voluntad y capacidad suficiente lo puede resistir.
Podemos, a partir de ahí, sacar conclusiones sobre lo que será una confrontación de Estados Unidos con una potencia que es igual o superior, incluso, al poder estadounidense.
¿Cuál es su enfoque sobre la cuestión del genocidio en Palestina y su lectura sobre los organismos internacionales ante esta situación?
Naciones Unidas se fundó en 1945, en un mundo que no tiene absolutamente nada que ver con el presente. Naciones Unidas es algo obsoleto, pertenece a otra época; no esperemos de esta organización algo que ya no puede dar. Hace falta una nueva organización internacional, que puede ser desde dentro de Naciones Unidas o formando una nueva, como ocurrió anteriormente: en la Primera Guerra Mundial nació la Sociedad de Naciones, fracasó; en la Segunda nació la Organización de las Naciones Unidas, pues en la Tercera igual hay que crear otra. Pero ya Naciones Unidas como tal no responde a las realidades del mundo.
El genocidio de Gaza es la evolución natural del Estado sionista. No hay que olvidar que el sionismo es la versión nacionalista del judaísmo. En ese sentido, sus orígenes son iguales a los del nazismo, y comparten exactamente la misma ideología de fondo, aunque no la simbología. Es la supremacía de una raza sobre otra y el derecho de la raza superior a exterminar a lo que considera una raza inferior.
Los nazis se consideraban la raza blanca superior, los sabios, etc. Los judíos sionistas se creen el pueblo de Dios y que ellos son los que están aquí enviados por Dios para hacer lo que les dé la gana. Ten en cuenta que los libros religiosos judíos son lo que nosotros llamamos el Viejo Testamento. El Viejo Testamento está lleno de barbaridades, genocidios, asesinatos, masacres; ellos beben de eso y se lo creen.
Hay además una cuestión que la gente suele olvidar: Palestina es un territorio de 27.000 kilómetros cuadrados, no hay más. En esos 27.000 km² están metidos los judíos sionistas y los palestinos en cantidades casi iguales. Es demasiado poco espacio para dos pueblos, de manera que los sionistas quieren erradicar a los palestinos.
Nunca va a haber un Estado palestino mientras exista el Estado sionista, nunca, porque eso jamás ha sido considerado por los sionistas como algo viable. De manera que ellos creen que ahora, en esta época, ante el hundimiento moral, económico y político de la Europa atlantista y el peso que ha ido adquiriendo el lobby sionista en Estados Unidos, sumado a los evangélicos sionistas, han considerado que era el momento propicio para perpetrar un genocidio en Palestina sin que nadie les hiciera nada.
Se lanzaron sobre Gaza y lo están haciendo ya de otra manera en Cisjordania, porque su proyecto es dejar a los palestinos sin tierra y obligarles a irse. El problema que tienen los judíos sionistas es que no hay ningún país dispuesto a recibir a los palestinos; de hecho, Egipto les ha dicho que sería un casus belli, y por eso no sacaron a los palestinos de Gaza en dirección a Egipto, porque el proyecto judío era echarlos ahí.
Estamos ante una situación sin salida. Como he dicho, la única salida que existe es la desaparición de Israel como Estado. Se los pueden llevar a los sionistas a Australia; ahí hay espacio vacío suficiente para que ellos puedan vivir y practicar su religión sin hacerle daño a la humanidad.
Ante esa inoperancia que hay por parte de los organismos internacionales, por lo que ha estado señalando usted, ¿qué soluciones cree que hay ahora mismo para la resistencia de los pueblos, tales como el palestino y el saharaui?
Mira, estamos en una época de transición, entre un mundo que se muere, siguiendo lo que decía Gramsci, tantas veces citado, y el mundo que está naciendo. Las guerras que hay ahora, en Gaza, en Irán, las crisis, son parte de un mismo conflicto. Ahora no hay conflictos separados; todos son vasos comunicantes de un mismo conflicto que vincula la guerra en Ucrania con la guerra con Irán, la guerra con Irán con la situación palestina, la situación palestina con la rivalidad creciente en Asia-Pacífico.
De manera que cuando se resuelva este conflicto, y se imponga una nueva visión del mundo con el triunfo de las potencias multipolares, estos conflictos van a ser resueltos, entre ellos el palestino y el saharaui.
Que ahora mismo son rehenes de la política imperialista de Estados Unidos. Recordemos que Marruecos es el mayor aliado que tiene Estados Unidos en el Magreb, y que Israel es prácticamente el Estado 51 de Estados Unidos; en Ucrania la guerra se mantiene por decisión de Estados Unidos, y la crisis latente que hay en Asia es también con Estados Unidos. Busquemos donde busquemos siempre desembocamos en el mismo país.
Esto reventará en unos años, porque creo que ya estamos llegando a los puntos límites de aguante.
En lo referente, digamos, al pueblo saharaui, ¿no ve un doble rasero? ¿Y a qué lo atribuiría, por parte de ciertos países, si lo comparamos con la cuestión palestina? En el caso saharaui retiran relaciones diplomáticas con la RASD, mientras que en el caso palestino se producen reconocimientos al Estado palestino para fortalecer su posición, en teoría Palestina.
Recuerda que el Sáhara Occidental es un territorio partido; allí no hay ningún genocidio, que no se está viendo lo que se ve en Gaza. Eso es así, no hay un genocidio saharaui.
Hay una ocupación de la mitad del territorio saharaui por Marruecos; la otra mitad la tienen los saharauis. Es un conflicto latente secundario porque también es una zona que está fuera de los focos de conflicto.
Pero es un problema que está ahí y que se resolverá en su momento, cuando esta correlación de fuerzas, que ahora es adversa a los saharauis, se invierta y ya definitivamente se impongan las resoluciones de descolonización de Naciones Unidas y Marruecos tenga que abandonar el Sáhara, y punto. Como los sionistas tendrán que abandonar Palestina.
¿No es un poco hipócrita por parte del Gobierno español coger la antorcha de la resistencia en Palestina mientras que, al mismo tiempo, ignora esta cuestión cuando tiene responsabilidades de primer plano?
Los gobiernos actúan en función de intereses que ellos consideran, cada uno a su manera. Para España, Marruecos está enfrente y es un problema, muchos problemas. Y Gaza está al otro extremo del Mediterráneo, por lo tanto el enfoque no es el mismo, no puede ser el mismo.
No puede ser lo mismo para Egipto Gaza que para Egipto el Sáhara. La geografía en eso condiciona.
¿Qué es una hipocresía? Lo es. ¿Qué es ilegal? Lo es. Ahí no hay género ninguno de duda con que el Sáhara es un territorio a descolonizar y hay sentencias de la Corte Internacional de Justicia, resoluciones de Naciones Unidas, etc., que establecen la ilegalidad de la posición del Gobierno español.
¿Qué más se puede decir o hacer? Pues nada más, a menos que llegue al poder un Gobierno que decida aplicar las resoluciones de Naciones Unidas, y hasta el momento aquí no llegará ninguno. Y puede que sea más fácil colonizar Marte a que eso llegue.
Una cosa que ha mencionado es que el derecho nace viejo. ¿Cree que el derecho está ahora mismo siendo incapaz de salir adelante ante los cambios globales en esta situación?
Debemos ver el mundo en su conjunto. Si ves el planeta como si fueras un cosmonauta, verás que la inmensa mayoría de la humanidad está en paz. Que la inmensa mayoría se relaciona pacíficamente y respetando las leyes internacionales.
Que aquí los únicos en el mundo que viven provocando guerras, conflictos, y que han desbaratado el orden mundial jurídico y político son las potencias atlantistas. No hay ningún país ni grupo de países, más que los atlantistas, haciendo barbaridades con el derecho; y, sin embargo, son los que más hablan de derecho.
Hay regiones enteras del mundo en absoluta paz. A nadie se le ocurre andar invadiendo países. ¿Quiénes los invaden? Pues son siempre fuerzas anglosajonas con su coro de seguidores europeos, que unas veces son más, otras veces son menos, pero son los únicos.
Entonces no podemos confundir la parte con el todo. El orden jurídico internacional, por regla general, es respetado por la gran mayoría de países del mundo, y es violentado, atropellado, agredido, vulnerado y roto por potencias atlantistas, las únicas.
Así que con lo que hay que acabar es con la coalición atlantista, para que el planeta viva en paz. Como si tienes un cáncer ahí, pues hay que extirpar ese cáncer. Y a eso vamos: a una coalición global antiatlantista.
¿Cuál es su lectura del avance de los BRICS, que han superado ya en PIB al G7? ¿Es el inicio o la confirmación de un nuevo mundo multipolar? ¿Y si cree que el poder económico, sin supremacía militar, se puede sostener?
Los BRICS, como la Organización para la Cooperación de Shanghái, son los ensayos, los órganos desde los cuales se quiere promover este orden multipolar. Son, digamos, los antecedentes, los primeros ladrillos del edificio que se quiere construir, que está por construirse.
Porque realmente queda mucho, porque recuerda, por ejemplo, que una cosa fue fundar Naciones Unidas y otra cosa echarla a andar; echarla a andar llevó tres décadas. Porque hay que ir haciendo las cosas poco a poco: una cosa es hacer algo jurídicamente y otra cosa tener todos los órganos materiales y personales, etc., para que eso jurídico que has hecho se convierta en una realidad.
Entonces, claro, el orden multipolar viene, pero será una cuestión que llevará 10, 15 o 20 años, que en términos históricos no es nada. En términos de una vida humana uno dice: “uf, 20 años…”, pero en términos históricos eso es nada. Piensa que la Segunda Guerra Mundial ocurrió hace ochenta y tantos años; ¿cómo será el mundo dentro de 10 años? Te aseguro que poco parecido a este.
De hecho, el mundo que existía en la Guerra Fría hasta 1991 no se parece absolutamente en nada al que vivimos. ¿Y cuánto ha pasado? 30 años. Así que hay que ver esto con paciencia y entender que estamos en el inicio de un proceso que es un cambio sistémico.
La hegemonía de potencias occidentales será sustituida por países esencialmente asiáticos, y a medida que pasen los años y las décadas este mundo será más asiático, africano e iberoamericano que europeo.
Y Europa quedará como una parte gloriosa, pero de esas viejas glorias, museo, para que vengan los africanos, iberoamericanos y asiáticos a pasear y ver las ruinas.
Eso no tiene vuelta de hoja; no más hay que ver los datos económicos, son estremecedores, y ya no digamos los datos poblacionales…
Pero ese poder económico sin supremacía militar, sin supremacía militar, ¿se podría sostener o es algo que ya ha cambiado?
La supremacía militar la tienen ahora Rusia, China, la India, Irán. Pensar que Europa o la OTAN tiene una supremacía militar superior a la suma de Rusia y China es vivir fuera de este planeta.
De toda la alharaca en torno al poder militar de Estados Unidos, pues ya Irán se ha encargado de bajarlo a tierra. O sea, que la supremacía militar está. Lo que no se han medido son las armas; cuando se midan, entonces sabrá Occidente que realmente su época pasó.
También una cosa que parece cobrar cada vez más importancia en este nuevo mundo es el asunto de las tierras raras y los semiconductores. En 1992, Deng Xiaoping afirmaba que, si Oriente Medio tenía petróleo, China tenía tierras raras. ¿Dónde cree que queda el continente africano y América Latina en este encuadre, además, por supuesto, de China?
El mundo nunca ha sido una cosa uniforme, no lo ha sido, no lo es y no lo va a ser. Porque la geografía es injusta: hay países muy grandes que no tienen nada, enormes extensiones de arena, desiertos, donde no hay nada. Y hay países más pequeños que lo tienen todo. Hay países a los que la geografía premia, y hay otros a los que la geografía castiga.
La diferencia está en que, en un mundo multipolar, donde la sociedad internacional se guíe por criterios de equidad, de más respeto y respeto real al orden jurídico, donde se comercie libremente —no el modelo neocolonial de expolio, no el modelo de saqueo que ha existido hasta ahora—, muchas de estas regiones, geográficamente en desventaja o que por circunstancias históricas, tendrían posibilidades que hoy no tienen.
Yo te voy a dar un ejemplo que aquí se sigue poco, pero que sí es muy interesante: lo que está ocurriendo en estos países del Sahel, que son Burkina Faso, Mali y Níger. Ahí tomaron el poder ejércitos patriotas que, con el apoyo de China y Rusia, han cambiado sus términos de intercambio internacional. En Mali, por ejemplo, en vez de que los franceses y otras empresas saqueen el oro del país, Rusia les está ayudando a montar su propia industria del oro. Niger, que es uno de los mayores productores de uranio, está haciendo una industria nacional para que la riqueza del uranio se quede, y Rusia les está ayudando.
Esto, digamos, sería como un ejemplo, como un anticipo del tipo de relaciones que se vienen. ¿Y qué hicieron en Burkina Faso, en Níger y en Mali? En primer lugar, echar a los soldados franceses y a los de la OTAN, y plantear un modelo distinto de intercambio en el que los principales beneficiarios de sus recursos sean los propios pueblos.
Entonces eso se irá extendiendo. En el sur de África, China ha hecho silenciosamente cambios enormes, sin invadir, sin expoliar, sin avasallar, sin nada. Llegan, hacen negocio, obtienen beneficio. Por supuesto que hay que obtener beneficios; eso no es delito. El mundo no se puede guiar por criterios de caridad, sino por relaciones en las que todos ganen, no el modelo occidental en el que ganaba Occidente y el resto de países vivían muriéndose de hambre. Eso es lo que se acaba, y ojalá que el periodo de transición sea lo más breve posible.
Y además, se les va a acabar el problema de la inmigración aquí, porque la gente huye de sus países por la pobreza. Cuando existan sistemas nacionales que den a su gente oportunidades, en general nadie quiere irse de su país.
La gente que encuentra oportunidad, trabajo y medios para vivir dignamente se queda en su sitio. Es rico quedarte en tu sitio, con la gente con la que has nacido, con la que has crecido, con lo que has vivido y en lo que te gusta. Uno emigra por absoluta necesidad, no por otra cosa.
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