Los pretextos humanitarios y democráticos que pudieron esgrimirse se desvanecen ante la cruda mecánica de un acuerdo que convierte la deuda de guerra en inversión extractiva.
Quien conozca la historia de la Nakba continua que enfrenta el pueblo palestino y/o las habituales características del despliegue colonial imperial de Estados Unidos y las potencias noratlánticas no puede abrigar expectativas positivas.
Violar el derecho internacional ya no parece importar cuando el ejecutor es Washington. El «orden basado en reglas» ha demostrado ser un tigre de papel.
Los conflictos en Ucrania y Gaza han impulsado las ventas globales de armas a niveles récord, proyectándose para 2025 en unos 700.000 millones de dólares.
El Slavín trasciende su rol como cementerio; es un símbolo de la lucha antifascista y un testimonio del sacrificio soviético en la Segunda Guerra Mundial.