La Alianza Feminista Global

El auge de #GlobalFeministAlliance en redes sociales, especialmente en X, está funcionando como una plataforma de conexión entre mujeres feministas radicales abolicionistas de distintos países.

Por Teresa Domínguez | 21/04/2026

Corea del Sur y la Alianza Feminista Global

Puede que en los últimos días, si te mueves por redes sociales —especialmente en X—, hayas percibido la irrupción de un hashtag que no deja de replicarse, cruzar idiomas y atravesar fronteras. Se trata de un punto de reconocimiento colectivo para millones de mujeres en todo el mundo. Hablamos de #GlobalFeministAlliance, una expresión emergente de articulación feminista radical, una auténtica revolución, que está reconfigurando el debate global. Y conviene entender por qué.

El movimiento 4B surgió en Corea del Sur como una respuesta feminista radical a un orden social profundamente patriarcal, en el que el matrimonio, la maternidad, la heterosexualidad obligatoria y la disponibilidad sexual de las mujeres han sido tratados durante décadas como destino social inevitable. Corea del sur, es un país que, durante las décadas de los 80 y 90, registró algunos de los desequilibrios más pronunciados de Asia oriental en la ratio de sexo, en un contexto social marcado por un acelerado descenso de la fertilidad y la persistencia de normas familiares patrilineales profundamente arraigadas. En este escenario, se produjeron y aunque en menor medida, se siguen sucediendo prácticas como el aborto selectivo de niñas. La combinación entre la preferencia por hijos varones y el acceso temprano a tecnologías de diagnóstico prenatal facilitó la selección fetal por sexo, especialmente cuando las familias limitaban el número de descendientes.

4B remite su nombre a cuatro negativas: bihon (no matrimonio con hombres), bichulsan (no bebés con hombres), biyeonyae (no citas con hombres) y bisekseu (no sexo con hombres). Mucho más allá de ser una simple consigna de abstinencia, 4B debe leerse como una política de rechazo: rechazo a que el cuerpo, el tiempo y el futuro de las mujeres sigan siendo administrados por instituciones patriarcales, por el Estado pronatalista y por una cultura que normaliza la desigualdad basada en el sexo y la cosificación sexual de las mujeres y las niñas.

El núcleo del 4B es profundamente político y abolicionista. No se limita a la vida íntima; desobedece el guión nacionalista y patriarcal que convierte a las mujeres en soporte biológico de la nación, y cuestiona frontalmente las estructuras de la prostitución, la pornografía y la violencia sexual institucionalizada que sostienen la supremacía masculina. En vez de pedir inclusión en instituciones diseñadas contra ellas, muchas implicadas plantean la construcción de vidas alternativas basadas en la autonomía, y la unión entre mujeres, redes de apoyo y seguridad material y emocional. Esa lógica conecta 4B con otras corrientes del feminismo surcoreano radical de la misma época, como Escape the Corset, que cuestionó los mandatos de belleza impuestos a las mujeres.

Aquí conviene precisar un punto clave: 6B4T no debemos entenderlo como una evolución lineal, oficial y universal del 4B, sino como una ampliación que apareció en ciertos entornos feministas radicales digitales. En ese marco, el 4B se expande hacia una crítica más amplia del consumo patriarcal, de la relegación al ámbito doméstico impuesta y de las formas culturales que reproducen la subordinación de las mujeres, añadiendo la figura del bisobi, no comprar productos sexistas que marcan los estándares de belleza, y  sexualizan, como el rechazo a las religiones patriarcales, o a la cultura pop sexista.

Por supuesto a ello se suma una apuesta por la solidaridad con otras mujeres que participen del 6B4T. El desplazamiento es significativo porque muestra un feminismo que pasa del rechazo absoluto a la cultura misógina y patriarcal, a una ética comunitaria y política más extensa, manteniendo su carácter radical y abolicionista frente a las instituciones reproductoras de los estereotipo de género más rancios en todos sus frentes.

El contexto surcoreano es indispensable para entender la radicalidad del 4B. En los últimos años, el país ha vivido una fuerte reacción antifeminista, especialmente bajo administraciones conservadoras que utilizaron el descontento masculino joven como capital político. La BBC documentó que el gobierno de Yoon impulsó medidas contra cuotas basadas en el sexo y llegó a intentar desmantelar el Ministerio de Igualdad, en un clima donde el feminismo fue tratado como una amenaza política. A ello se suma la persistencia de brechas salariales, la carga desigual del trabajo de cuidados y una cultura laboral y familiar que castiga a quienes desafían los roles tradicionales. En ese escenario, el feminismo surcoreano radical ha dejado de ser solo una cuestión local para convertirse en una referencia internacional de resistencia frente al patriarcado contemporáneo, sufriendo las mismas tensiones del feminismo radical global respecto a su defensa de la agenda feminista.

Esta deriva se expresa con claridad en el propio terreno político. En un mensaje reciente, la precandidata a la alcaldía de Seúl por el Partido de las Mujeres, Yoo Ji-hye, denunciaba que los sucesivos gobiernos municipales han excluido sistemáticamente a las mujeres de la representación política y de las políticas públicas. “Un candidato que no escucha la voz de las mujeres, que son la mitad del mundo, ya no merece la elección de las mujeres”, afirmaba, al tiempo que señalaba una realidad persistente: mujeres golpeadas, asesinadas y expulsadas del trabajo por el hecho de serlo, mientras las políticas dirigidas a ellas son desmanteladas o convertidas en tabú. Su intervención no solo apela a la urgencia de una representación política propia, también condensa la rabia y la conciencia política de una generación que ya no acepta ser desplazada al margen.

El auge de esta ola de fuerza y unión conecta con un malestar que atraviesa hoy a las mujeres a escala global. En distintos países, con intensidades y formas diversas, asistimos a una ofensiva antifeminista que combina el avance de gobiernos conservadores, la deslegitimación sistemática del feminismo y el fortalecimiento de movimientos masculinistas que articulan abiertamente discursos misóginos. A ello se suma el recrudecimiento de la violencia contra las mujeres, la mercantilización creciente de nuestros cuerpos y la reactivación de políticas pronatalistas, junto con la explotación reproductiva, la explotación sexual y otras formas de violencia, explotación y trata, que vuelven a situarnos como recurso. Este clima compartido genera algo más que indignación: produce un reconocimiento político mutuo entre mujeres que, aun viviendo en contextos distintos, identifican patrones comunes de opresión. Es precisamente en ese cruce —entre experiencia local y conciencia global— donde empieza a tomar forma una respuesta articulada.

Y aquí aparece el salto más reciente: el auge de #GlobalFeministAlliance en redes sociales, especialmente en X, está funcionando como una plataforma de conexión entre mujeres feministas radicales abolicionistas de distintos países. Lo relevante no es solo el hashtag, sino el tipo de red que está generando: una constelación transnacional en la que el feminismo circula como símbolo, como lenguaje político y como inspiración organizativa. La traducción automática en X ha acelerado este proceso, porque permite que mensajes escritos en coreano, y en otras lenguas del planeta, se lean, compartan y resignifiquen casi de inmediato en otros idiomas. Eso ha reducido la distancia entre activismos locales y audiencias globales, y ha favorecido que el feminismo surcoreano radical se incorpore a una conversación mundial más amplia.

Lo que está sucediendo no es una simple moda digital. Es la construcción de una alianza feminista global que se alimenta de experiencias compartidas ante la ola antifeminista y lucha global por el futuro feminista, y por los derechos de las mujeres basados en el sexo. En ese sentido, el 4B/6B4T ya no funciona solo como una respuesta nacional a la crisis de sexo en Corea del Sur, sino como una fuerza política radical abolicionista que dialoga con mujeres de todos los países del mundo sin barreras lingüísticas. El feminismo que emerge en redes no diluye las diferencias entre contextos: las reconoce, las nombra y, precisamente por eso, nos articula como una comunidad política más consciente, más conectada y, sobre todo, más fuerte frente al sistema patriarcal.

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