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ACNUR ha comunicado a las ONGs que para 2026 no habrá fondos para financiar sus proyectos humanitarios en los campamentos de refugiados saharauis.
Por Héctor Bujari Santorum | 29/11/2025
En la nota de la Agencia Saharaui de Noticias del 20 de junio de 2025, ACNUR advertía que solo se había movilizado el 34% de los 103,9 millones de dólares requeridos para el Plan de Respuesta a los Refugiados Saharauis (SRRP), una cifra que ya situaba la situación humanitaria en un nivel “crítico”. Sin embargo, lejos de mejorar, el panorama ha empeorado:
aquellos datos correspondían al presupuesto de 2024 y a la primera mitad de 2025, mientras que ahora hablamos del presupuesto destinado a las actividades de 2026.
El recorte es drástico: la financiación para ACNUR ha caído de 11 millones a apenas 4,8 millones, un recorte del 56%, afectando directamente a los sectores más esenciales —agua, saneamiento, salud, educación y nutrición— y poniendo en riesgo la continuidad de algunas de las ONG más establecidas y con más años de trabajo en los campamentos, que han perdido casi la totalidad de sus fondos.
Este dato concreto, verificado por fuentes humanitarias sobre el terreno, se enmarca en la alerta general lanzada por la MLRS el 26 de noviembre de 2025, donde se advierte que ACNUR ya redujo su presupuesto para 2025 en más de un 40% y prevé “una reducción aún mayor” para el próximo año.
Otro factor importante es la situación del Programa Mundial de Alimentos (PMA), que enfrenta un déficit superior al 30% y cuyas reservas de emergencia se han agotado, sin existencias suficientes para cubrir siquiera un mes de necesidades.
Este déficit había podido mitigarse parcialmente gracias a la movilización constante de aliados y donantes, así como a los esfuerzos de países amigos. Argelia continúa haciendo un esfuerzo considerable para reducir al mínimo el impacto sobre la cesta básica, y se han sumado contribuciones de países solidarios como Sudáfrica, entre otros.
Aunque el recorte de ACNUR afectará gran parte de la financiación, todavía es posible que los fondos ingresen por otras vías, como AECID y distintas donaciones internacionales. En los campamentos existe un plan de distribución de fondos por sectores, y AECID contribuye a varios de ellos; de hecho, parte de los 4,8 millones destinados por ACNUR provienen de financiación de AECID. Además, AECID tiene fondos destinados al PMA y otras donaciones para algunos de los socios más importantes en los campamentos, como Médicos del Mundo, Cruz Roja y Solidaridad Internacional Andalucía. A esto se suman contribuciones de otras asociaciones, así como de gobiernos regionales de España (Canarias, País Vasco, Asturias, Aragón…).
Estas aportaciones han sido fundamentales para cubrir parcialmente el déficit del 30% del PMA del último año, especialmente la de ANARASD de Navarra, destinada en parte a alimentación y cesta básica, y la del gobierno de Canarias. Se trata de un sistema complementario que mantiene la operatividad de los sectores, aunque hasta el momento entre el 80% y el 90% de las actividades que serán recortadas por ACNUR para 2026 podrían quedarse sin financiación.
Actualmente se confirma que habrá un recorte total de la financiación de ACNUR para las actividades en los campamentos saharauis. Hasta ahora, ACNUR había mantenido silencio sobre la situación, mientras negociaba la obtención de fondos internacionales adicionales para evitar un impacto negativo tanto en los socios como en los beneficiarios. Sin embargo, al acercarse el final del año, se ha visto obligada a comunicar esta información a las autoridades, socios y beneficiarios, para que puedan planificar adecuadamente.
Un ejemplo evidente del impacto de estos recortes será el sector del gas doméstico: la distribución de bombonas para los beneficiarios, que antes se garantizaba para todo el año, ahora ni siquiera podrá cubrir el 50% de las necesidades anuales.
El recorte de financiación de ACNUR se hará efectivo en enero de 2026 si todo continúa como hasta ahora, lo que significa que, en los meses posteriores, nos enfrentaremos a un escenario de alto riesgo para la continuidad de los servicios y la asistencia básica a la población refugiada.
Las tasas de malnutrición se han disparado a niveles no registrados desde 2010. Un informe de la Universidad de Londres de mayo de 2025 confirma que la malnutrición aguda afecta al 13,6% de los niños menores de cinco años, la anemia crónica al 65% de los niños y al 69% de las mujeres en edad fértil.
El costo de la ayuda se ha disparado: la tonelada de comida pasó de 492 dólares en 2019 a más de 782 en la actualidad.
En este contexto, uno de los factores que más ha afectado la financiación ha sido el recorte de la USAID y los cambios implementados durante la administración de Trump. Sin embargo, también han habido otros recortes, menos significativos, que han contribuido a la situación actual. Tradicionalmente, ACNUR recibía alrededor del 47% de sus fondos de la USAID, no solo para los campamentos saharauis, sino a nivel global.
Para comprender el impacto pleno de este recorte, es crucial verlo no como un hecho aislado, sino en el contexto más amplio de la política exterior estadounidense. La administración Trump no solo ha ejecutado recortes generalizados a la ayuda multilateral a través de la USAID, sino que simultáneamente ha reforzado su apoyo político y diplomático a Marruecos, llegando a reconocer su soberanía sobre el Sáhara Occidental.
Por un lado, se debilita el sustento humanitario de la población saharaui, y por el otro, se fortalece la posición de la parte que se beneficia de su debilitamiento. El resultado, intencionado o no, es una presión sobre el Frente POLISARIO. La administración estadounidense puede argumentar que se trata de dos políticas independientes una de ajuste presupuestario y otra de alianzas estratégicas, pero en la práctica, sus efectos convergen para crear una realidad que coacciona las opciones políticas de una de las partes en el conflicto.
Esta crisis de financiación no es exclusiva de los campamentos, pero su impacto aquí es alto, porque durante décadas la estructura de asistencia estaba organizada para depender en gran medida de las contribuciones de las agencias de Naciones Unidas en sectores esenciales como alimentación, agua, salud y educación. Estos sectores críticos se basan principalmente en los aportes de dichas agencias.
Frente a este escenario de asfixia financiera, se vislumbran dos caminos urgentes y complementarios. La primera vía es la acción inmediata: intensificar la búsqueda de donantes internacionales para sostener el estado crítico del sistema de ayuda. En este sentido, una alerta humanitaria formal emitida por el Frente POLISARIO podría ser un instrumento importante para movilizar a la comunidad internacional y tratar de paliar el déficit. Siguiendo esta línea, la Media Luna Roja Saharaui ha lanzado un comunicado solicitando 100 millones de dólares para hacer frente a la situación.
La segunda vía, de carácter estratégico, es la necesidad de empezar a plantear, desde ya, mecanismos de financiación propia. Aunque supone un desafío monumental, avanzar en esta dirección es la única forma de reducir una dependencia externa que, como se ha demostrado, puede esfumarse de la noche a la mañana por decisiones geopolíticas ajenas.
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