La izquierda histórica, convertida en socialdemocracia de administración, abandonó progresivamente la aspiración de disputar la hegemonía cultural a las élites posfranquistas.
En menos de una semana, se plantaron en Ceuta, por este orden, Javier Ortega, el secretario general de VOX; Albert Rivera, el líder de Ciudadanos; y, finalmente, Pablo Casado.
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