Venezuela: ruina, fraude y revolución de colores

Él pueblo de Venezuela se encuentra ahora entre el fuego del fraude y ruina de un militarismo corrupto y la revolución de colores auspiciada ahora por una oligarquía política tradicional que tampoco supone ninguna alternativa para la crisis económica y social en la que el país esta sumergida.

Por Antonio Gómez Movellán | 8/08/2024

Las personas de izquierdas que hemos seguido la situación social, económica y política de Venezuela, en las últimas décadas, y que conocíamos la historia política de ese país siempre vimos con mucha esperanza la revolución bolivariana, como en su día abrazamos la revolución sandinista, ya que ésta parecía entroncar con las revoluciones antiimperialistas de los años sesenta y que, desde esa perspectiva, tenía una componente internacional emancipatorio indudable, como también lo tenían las aspiraciones de un cambio político constitucional que pusiera fin a lo que en Venezuela se denominó el régimen de Punto Fijo, que no fue más que la salida de la dictadura de Pérez Jiménez mediante un acuerdo turnista entre COPEI y AD, los partidos políticos hegemónicos en ese país, uno de carácter socialcristiano y otro socialdemócrata.

Venezuela experimentó, en los años sesenta y setenta, un gran desarrollo económico, aunque encerrado en unos patrones de desigualdad social muy pronunciada y, como siempre se ha destacado, con un profundo esquema racista y todo ello bajo un patrono de desarrollo rentista petrolero.

La alternativa socialista en Venezuela fue representada por la guerrilla y el partido comunista, aunque nunca representó ningún peligro para el régimen y solamente la influencia de esa guerrilla en los sectores universitarios y clases medias, en los años 70, significaría un cambio en las mentalidades sociales del país que serían los sectores sociales que presionarían, más tarde, por un cambio político institucional.

En los años 90 el régimen de Punto Fijo parecía estar agotado y en medio de una crisis económica dura y de una corrupción sistémica del mundo político, Carlos Andrés Pérez, tuvo que tomar medidas represivas contra las protestas sociales. Algunos militares de rango medio, influidos por los partidos revolucionarios que habían surgido tras la disolución de las guerrillas, intentaron asonadas que fracasaron. Douglas Bravo, el líder de la guerrilla venezolana en los sesenta y setenta, relató como Chávez, en la preparación de esas asonadas en los noventa, quiso apoyarse, de forma exclusiva, en los militares desconfiando del apoyo de los partidos revolucionarios, aunque más tarde Chávez tuvo que tomar la vía electoral para llegar al gobierno y apoyarse en esa izquierda política y social.

Si bien es cierto que en los primeros años de gobierno chavista se tomaron medidas audaces de redistribución de la renta petrolera y se intentaron canalizar inversiones sociales en favor de los sectores sociales más marginados (por ejemplo el primer plan de vivienda) nunca Chávez transformó el modelo rentista petrolero y, es más, llevó a una decadencia fuerte la industria transformadora del petróleo venezolana y alcanzó acuerdos con empresas mixtas totalmente onerosos para los intereses nacionales balanceando también su relación de fuerzas internacionales con las nuevas potencias como China, Irán o Rusia y haciendo concesiones de explotación de recursos mineros y naturales, como el denominado Arco Minero, que son atentados contra la biodiversidad y la explotación racional y social de los recursos naturales.

Todo ello también significó la ruptura con una cierta oligarquía política tradicional, así como la ruina de negocios de la economía local dirigidos por las clases medias altas de Venezuela. Para todo este proceso Chávez se apoyó en los militares de alto rango que se convirtieron en una nueva clase gerencial y donde la incompetencia y el latrocinio ha sido la tónica general; lo que nadie se explica es como se ha podido llegar tan lejos en el deterioro de las magnitudes básicas económicas; el PIB ha caído hasta un 60% de hace quince años y el desempleo se ha incrementado enormemente y los salarios y poder de compra de los venezolanos están hundidos y a ello añádase la salida de casi un 20% de la población en menos de diez años.

Esa oligarquía político-militar, que ahora pretende convertirse en una dictadura abierta, junto con una oligarquía económica importadora de insumos, así como los concesionarios de la explotación petrolera -como por ejemplo la multinacional Chevron- y los tenedores de la deuda venezolana son los únicos que han salido ganando de esta ruina económica.

Él pueblo de Venezuela se encuentra ahora entre el fuego del fraude y ruina de un militarismo corrupto y la revolución de colores auspiciada ahora por una oligarquía política tradicional que tampoco supone ninguna alternativa para la crisis económica y social en la que el país esta sumergida. Quizás se busque una fusión de esas oligarquías políticas tradicionales y estas nuevas boli burguesías militaristas en un nuevo pacto de Punto Fijo que, si es así, enterrará, por décadas, las aspiraciones verdaderamente populares que estuvieron en la base del chavismo; unas bases que hoy están sumidas en una gran decepción ante tanta corrupción y populismo militarista o expectantes ante un cambio del cual el pueblo no será protagonista y, en todo caso, solo pondrá lo muertos de las escaramuzas que abrirán el escenario de un nuevo espejismo.

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