Una crítica marxista al owenismo

El owenismo no contemplaría esa lucha de clases ni desde la acción parlamentaria contra conservadores y liberales, ni como acción obrera directamente contra los patronos.

Por Eduardo Montagut | 16/04/2024

En la revista Acción Socialista se publicó en el otoño de 1914 una serie sobre la significación histórica de la Internacional, algo que no deja de tener su importancia dado el fracaso de la Segunda en evitar el estallido de la Gran Guerra. Pero no es este el asunto que nos trae a este artículo, sino la visión que el autor de estos artículos, M.P. Beer, tenía de Robert Owen y de sus teorías, en su análisis sobre la creación de la Primera Internacional, y desde una visión marxista.

El autor consideraba que el owenismo y el cartismo no eran lo mismo, aunque éste contenía algunos elementos del otro. El owenismo vendría a ser un socialismo no militante, sino “constructivo”. Odiaba la lucha de clases; por eso, Beer afirmaba que no era militante. El owenismo no contemplaría esa lucha de clases ni desde la acción parlamentaria contra conservadores y liberales, ni como acción obrera directamente contra los patronos. Para Robert Owen la clave estaría en que el mal surgía del error, y su remedio pasaba por difundir la verdad. La misma no podía ser propagada por la lucha sino a través de un razonamiento sereno. Owen no quería la guerra porque levantaba pasiones y las mismas contaminaban, en su parecer, el razonamiento.

Pero también habría otra clave, la desdicha, esto es, tanto el pobre como el rico eran desdichados. La causa de esto no había que buscarla en los individuos ni en las clases, sino en las circunstancias. La más perniciosa de las mismas se habría creado con la propiedad privada. Por eso, todos los que buscaban que prevaleciera la felicidad y la virtud debían trabajar para crear cooperativas de producción, basadas en el trabajo colectivo y la igual distribución del producto del trabajo. En vez de luchar produciendo confusión, y en vez de gastar dinero en coaliciones y elecciones parlamentarias, los ahorros de los obreros debían ir encaminados en formar cooperativas, con el fin de crear riqueza colectiva y disfrutarla colectivamente. Eso crearía nuevas circunstancias, ya no perniciosas, y se formarían nuevos caracteres, por lo que la cooperación llevaría a la armonía social.

Beer consideraba que los trabajadores ingleses no terminaron de aceptar el owenismo porque pensaban que los esfuerzos cooperativos serían inutilizados por el poder político y el dinero de las clases propietarias. Por eso buscaban participar en la elaboración de las leyes, y en los momentos revolucionarios conquistar el poder. Y eso ya sí sería cartismo.


Hemos trabajado con el número del día 3 de octubre de 1914 de Acción Socialista.

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