¿Qué hay detrás de la nueva alianza armada en Baluchistán?

La alianza, establecida en diciembre de 2025, agrupa a varias organizaciones baluches, entre ellas Jaish al Adl, el Movimiento Pada Baluchi, el Movimiento Nasr de Baluchistán y el grupo Mohammad Rasul Allah

Por Mahtab Mahboub | 8/11/2026

El 27 de octubre pasado, hombres armados atacaron la sede de la unidad de apoyo del Mando de las Fuerzas del Orden y una comisaría de policía en Khash, en la provincia iraní de Sistán y Baluchistán, situada en el sureste del país. Según los informes, el intercambio de disparos se prolongó durante más de una hora. Las primeras informaciones señalaron la existencia de bajas entre el personal de seguridad, aunque no ha sido posible verificar de forma independiente la cifra exacta. Si bien ningún grupo ha reivindicado la autoría del ataque, este se produce en un contexto de escalada generalizada de enfrentamientos armados en toda la provincia durante el último mes, lo que plantea interrogantes sobre su posible relación con una alianza —recientemente constituida— entre diversas organizaciones baluches.

La alianza, establecida en diciembre de 2025, agrupa a varias organizaciones baluches, entre ellas Jaish al Adl, el Movimiento Pada Baluchi, el Movimiento Nasr de Baluchistán y el grupo Mohammad Rasul Allah. Su surgimiento ofrece una posible explicación para la mayor coordinación observada entre los opositores armados a la República Islámica.

Una nueva alianza: un movimiento armado ya consolidado

El Frente de Combatientes Populares (Jebheye Mobarezin e Mardomi) se presenta como una coalición que busca unificar a la oposición frente al sistema político de Irán. En sus declaraciones fundacionales, se hace hincapié en la cooperación entre las distintas organizaciones y en la extensión de su lucha más allá de Baluchistán. La alianza sostiene que el rechazo al sistema de gobierno clerical de la República Islámica es una preocupación compartida por los iraníes, independientemente de sus diferencias étnicas o religiosas, e invita a las fuerzas opositoras de cualquier origen a unirse a ellos.

No obstante, Jaish al Adl parece constituir el principal componente armado de la coalición. Esta organización surgió alrededor de 2012, tras el debilitamiento de Jundullah, el grupo armado liderado por Abdulmalek Rigi. Jundullah afirmaba defender los derechos de los musulmanes sunitas y del pueblo baluche, pero llevó a cabo ataques que causaron la muerte tanto de personal de seguridad como de civiles. Rigi fue capturado en 2010 y ejecutado ese mismo año. Posteriormente, Jaish al Adl se convirtió en un destacado opositor armado al Estado iraní.

Por consiguiente, esta nueva alianza plantea una cuestión fundamental: ¿representa una verdadera transformación organizativa, o se trata, en esencia, de un marco político más amplio articulado en torno a un movimiento armado ya consolidado? Una fuente baluche, que solicitó permanecer en el anonimato por motivos de seguridad, estimó que Jaish al Adl domina la coalición, mientras que los otros grupos participantes son considerablemente más pequeños. Según esta fuente, el nuevo nombre podría ayudar a la organización a superar las limitaciones asociadas a su identidad actual como grupo armado islamista sunita.

Esta interpretación resulta plausible; sin embargo, las pruebas disponibles no permiten determinar hasta qué punto la coalición ha desarrollado un mando unificado o ha integrado las estructuras militares de sus miembros. Una identidad política más amplia no implica necesariamente un cambio fundamental en la ideología o en los métodos.

¿Por qué cambiar el marco político?

El lenguaje utilizado por la alianza sugiere un esfuerzo por atraer a un sector más amplio de la población. En lugar de presentar sus actividades exclusivamente en términos religiosos o regionales, la alianza invoca la oposición al régimen autoritario y aboga por la cooperación con otros detractores de la República Islámica.

La fuente anónima señaló que la identidad religiosa sunita de Jaish al Adl, su nombre en árabe y su supuesta cercanía a los talibanes, podrían limitar su atractivo entre ciertos sectores de la sociedad iraní, incluidos los opositores laicos al gobierno. Bajo esta interpretación, el Frente de Combatientes Populares proporciona un marco a través del cual la organización puede presentarse como parte de una lucha política más amplia.

La fuente también sugirió que la experiencia de Ahmed al Sharaa en Siria podría haber influido en los cálculos de los líderes de la alianza. La transición de Al Sharaa —quien pasó de liderar un movimiento islamista armado a convertirse en presidente en Siria— ilustra cómo las circunstancias políticas pueden alterar la posición internacional de antiguos actores armados. No obstante, no existen pruebas verificadas de forma independiente que confirmen que su experiencia haya influido directamente en la formación de la alianza baluche.

Más importante aún, un cambio en la presentación política no debe confundirse con una moderación ideológica. Los objetivos reales de la coalición, sus procesos internos de toma de decisiones y el trato que dispensa a la población civil ofrecerán una visión más precisa de su naturaleza política que sus mensajes públicos.

¿Por qué están aumentando los ataques?

Esta escalada se refleja en los informes sobre incidentes recientes. Según un análisis de Factnameh publicado el mes pasado, entre el inicio del año iraní 1405 y el 21 de octubre se registraron al menos 74 incidentes armados en el sureste de Irán. El informe contabilizó 28 incidentes en octubre, frente a los 11 de septiembre y los nueve de agosto. Estas cifras indican un aumento sustancial de la violencia, aunque no determinan quién fue el responsable de cada incidente en particular.

El Frente de Combatientes Populares podría ser un factor relevante, ya que se le vinculó con 11 de los 74 incidentes analizados por Factnameh y reivindicó la autoría de nueve ataques. En 36 casos, los autores fueron descritos simplemente como grupos armados no identificados. Por tanto, los datos disponibles respaldan la conclusión de que la alianza es un actor más dentro de una dinámica de violencia en expansión, pero no que controle la totalidad de la campaña.

Un segundo factor es la persistencia de agravios de larga data. Las comunidades baluches en el sureste de Irán han enfrentado una profunda privación económica, oportunidades de empleo limitadas, discriminación y restricciones que afectan su vida política y religiosa. En octubre, el Relator Especial de las Naciones Unidas sobre la situación de los derechos humanos en Irán expresó su preocupación por la marginación económica, la confiscación de tierras, la degradación ambiental y las barreras al acceso a la educación que afectan a las comunidades baluches.

La fuente baluche consultada sostuvo que algunos jóvenes podrían recurrir a organizaciones armadas tras haber sufrido encarcelamiento, represión, discriminación o la pérdida de familiares. Según la evaluación de esta fuente, algunos podrían llegar a la conclusión de que la actividad cívica pacífica no puede generar un cambio significativo. La fuente mencionó el caso de Yaqub Mehrnahad, un activista civil baluche que fundó la asociación Voz de la Justicia para organizar actividades culturales y educativas para los jóvenes. Mehrnahad fue detenido, acusado de tener vínculos con Jundullah y ejecutado en 2008. La fuente rechazó dicha acusación y consideró que fueron sus actividades las que determinaron su destino. Casos como este generan desencanto respecto al activismo civil en una región militarizada.

Política de seguridad e incertidumbre regional

La respuesta de seguridad del Estado iraní también puede contribuir a un ciclo de confrontación. Informes de organizaciones locales de derechos humanos han señalado la presencia de personal vinculado a la División Fatemiyoun durante operaciones de seguridad en Baluchistán. Las autoridades iraníes no han confirmado oficialmente su despliegue en la provincia, por lo que el alcance de su papel sigue siendo incierto.

La injerencia extranjera resulta aún más difícil de evaluar. Irán y Pakistán han enfrentado tensiones recurrentes debido a la presencia de grupos armados que operan cerca de su frontera común. Sin embargo, las especulaciones sobre si Pakistán, Israel, los Emiratos Árabes Unidos (EAU) u otros actores extranjeros están facilitando esta alianza requieren pruebas independientes. La fuente sugirió que cualquier posible apoyo financiero externo podría canalizarse a través de intermediarios, apuntando a posibles conexiones que involucrarían a Israel y a personas vinculadas a Reza Pahlavi.

La cuestión central sigue siendo si esta nueva alianza representa una transformación genuina dentro de la oposición política baluche o, por el contrario, una reorganización de un movimiento armado ya existente. Hasta que su estructura interna, sus compromisos políticos y sus relaciones operativas no se esclarezcan, la conclusión más razonable es que podría estar contribuyendo a una escalada de tensiones en un momento en el que persiste la amenaza de un ataque contra Irán.

*Publicado el 30 de octubre de 2026 en The Amargi / Traducción y edición: Kurdistán América Latina

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