Pirómanos en el mar Rojo

Mucho tiempo tendrán que dedicar analistas, periodistas e historiadores para reconstruir la verdadera razón que llevó al presidente norteamericano Donald Trump, desoyendo a sus generales, a meterse en semejante chiquero

Por Guadi Calvo | 23/09/2026

Llevará mucho tiempo y muchos fondos para retrotraer la actual posición de los Estados Unidos en Medio Oriente a la que tuvo hasta el 27 de febrero de este año, si eso ya fuera de alguna manera posible. Los daños provocados por la artillería de Irán, si a simple vista son inconmensurables, todavía son mayores de lo que solo podemos sospechar, ya que la información de esas pérdidas está mejor guardada que los verdaderos archivos del pederasta y agente sionista Jeffrey Epstein. Aunque ninguno de los daños públicos o secretos tiene la magnitud del provocado en la escuela de la ciudad de Minbad, donde más de 170 niñas fueron masacradas en sus aulas, por lo que de ninguna manera ha sido un daño colateral, sino un crimen de guerra buscando y programado por el Mossad, para quebrar la voluntad del pueblo iraní, lo que a más de 210 días de aquello no se ha logrado.

Mucho tiempo tendrán que dedicar analistas, periodistas e historiadores para reconstruir la verdadera razón que llevó al presidente norteamericano Donald Trump, desoyendo a sus generales, a meterse en semejante chiquero. Y propinarle a los Estados Unidos una derrota cuyas consecuencias todavía son peores que las de Vietnam o Afganistán.

Ya que no solo ha complicado el comercio marítimo internacional, sino que ha perdido el control de la península arábiga, de la que era dueño desde 1945, y hoy sus aliados se están batiendo en retirada.

Sería de necios desvincular la victoria de Teherán del renovado impulso de los hutíes. Esto les ha llevado a arrebatarles a las fuerzas “oficiales” de Yemen, financiadas por Riad, todo el margen yemení del mar Rojo y el estrecho de Bab el-Mandeb, para hostigar el sur de Arabia Saudita, donde han golpeado refinerías, instalaciones de la petrolera oficial Aramco, el oleoducto Este-Oeste, puertos como el de Yanbu, sobre el mar Rojo, bases militares y ciudades. Llegando incluso a atacar lugares cercanos al Aeropuerto Internacional Rey Khalid de Riad, por lo que se están produciendo cancelaciones y retrasos en los vuelos programados. Ya durante la guerra 2015-2022, el rey Khalid había sido acertado en varias oportunidades.

En este contexto, el reino espera con desesperación una reacción de la Casa Blanca que, con un ojo puesto en la acelerada de los precios de los combustibles, el agotamiento militar, y el otro en el martes tres de noviembre, prefiere fingir estrabismo. Trump ya sabe que los hutíes no son fáciles de contener cuando se empecinan. Entre finales de 2024 y principios de 2025, ejecutó la Operación Guardián de la Prosperidad, una campaña de bombardeos, junto al Reino Unido y los sionistas, contra posiciones houthies, y a pesar del anuncio de haberlos exterminado, ya vemos que allí siguen.

Al presidente norteamericano tampoco lo conmueve la inversión de dos mil millones de dólares que los sauditas hicieron en 2024 en Affinity Partners, la firma de inversión privada del yerno presidencial, Jared Kushner, ni el monumental negocio por otros 55 mil millones de dólares, con los que los sauditas le acaban de comprar por intermedio de Jared Electronic Arts Inc., desarrolladora y distribuidora de videojuegos. Ya sabemos que crime doesn’t pay.

Para peor, los socios sauditas del Acuerdo de la Meca (Pakistán y Turquía) desconocen el acuerdo, atentos a sus propias internas tanto económicas, políticas e incluso militares, que les impiden intervenir, según lo acordado apenas hace 50 días. (Ver: hutíes, combate y resiliencia).

En este contexto de total orfandad, Arabia Saudita ha conseguido la promesa del apoyo aéreo “defensivo” del Reino Unido, para intentar contrarrestar las acciones de los rebeldes yemeníes. Andy Burnham, el Primer Ministro británico, afirmó que se deben restablecer los combatientes hutíes y la estabilidad en Oriente Medio, al mismo tiempo que se reduce el coste de la vida en el país. Burnham ha accedido al reabastecimiento de combustible en vuelo de la aviación saudita para defender su infraestructura energética, mantener abierto el flujo de su petróleo para alivianar la galopante crisis económica global y mantener Bab al-Mandeb abierto.

Puertos, armas e intereses

Ante los cambios producidos tras la ofensiva hutí en la ribera oriental del mar Rojo, que abarca también el estrecho de Bab el-Mandeb, de poco más de 30 kilómetros de ancho, todas las naciones de la región, que de por sí ya están envueltas en conflictos graves de seguridad, como Etiopía, a borde de reiniciarse la guerra civil; Somalia, con la presencia del grupo fundamentalista al-Shabaab que no da tregua a Mogadiscio; Sudán, desde hace más de tres años en una guerra civil que está consumiendo al país; a lo que en otro contexto de violencia podemos sumar Eritrea, Yibuti y Egipto en creciente tensión con Etiopía por las consecuencias sobre el Nilo, por la puesta en marcha de la Gran Represa del Renacimiento Etíope, más temprano que tarde el nuevo contexto comenzará a influir en cada una de ellas.

De inmediato, todos los puertos africanos sobre el mar Rojo han adquirido una importancia fundamental para la seguridad de las embarcaciones que transitan desde el golfo de Adén a Suez, y viceversa, llevando casi el 25 por ciento del comercio mundial (12 % del petrolero).

Lo que ya hemos experimentado con el cierre parcial que se produjo entre 2023 y 2024 (ver: Mar Rojo, navegación con mal tiempo), disparando los costos de los fletes, ya que muchas navieras por seguridad dispusieron circunvalar África, extendiendo el derrotero entre 20 y 25 días más.

Aunque por más protección que aquellos puertos intenten darles, si los hutíes decidieran, lo que es bastante improbable, cerrar Bab al-Mandeb, para lo que disponen de recursos como misiles, minas y lanchas rápidas a todo lo largo de la franja yemení del mar Rojo e incluso las islas interiores cercanas a la desembocadura del mar Rojo, lo que, si se coordinase con el cierre del estrecho de Ormuz, ya estaríamos hablando de prácticamente un colapso absoluto del comercio mundial, lo que sería casi distópico de suceder.

Egipto, dado que los impuestos por el paso del canal de Suez son su principal fuente de ingresos en el contexto de una economía cada vez más deprimida, resultaría uno de los países africanos más afectados por el bloqueo. Ya en 2024, la disminución del tráfico marítimo le costó más de siete mil millones de dólares.

Djibouti, que ya ha sido afectado por la llegada de más de dos mil refugiados yemeníes con el comienzo de esta nueva etapa de la ofensiva rebelde, y de continuar agravándose, se espera que ese número se continúe incrementando, también será perjudicado en lo económico, ya que sus puertos trabajan fundamentalmente con el flujo del comercio exterior de Etiopía, por ser este último un país mediterráneo, en aproximadamente un 95 por ciento.

La posición geográfica de Eritrea, un país altamente militarizado, la hace particularmente interesante para Riad y el Cairo, ya que necesitan asegurarse de que Irán ni los houthies consigan incrementar su influencia en el litoral occidental del mar Rojo.

La influencia hutí, a pesar de las enormes diferencias filosóficas de ambos con el grupo fundamentalista somalí al-Shabab, ya ha quedado clara, tras conocerse el acuerdo entre ambos grupos, el que está produciendo un importante intercambio de hombres, armamento y tecnología de drones desde Yemen a la costa del norte somalí, que también le redituará a la ya legendaria piratería las costas de Somalia, un factor nada menor para las compañías navieras, habiendo alcanzado este año su nivel más alto en los últimos diez años.

Para el actual contexto de la guerra civil de Sudán, esta nueva realidad tampoco es un detalle menor, ya que Emiratos Árabes Unidos, de lo que no están ajenos ni los sionistas ni Ucrania, asisten a los paramilitares del Grupo de Apoyo Rápido con armamento llegado en aviones y desde allí por tierra introducido en Sudán, un flujo menor también lo hace desde Libia. Las Fuerzas Armadas Sudanesas estarían recibiendo asistencia militar desde Teherán, por algunos puertos menores del mar Rojo, mientras que en Port Said se recibe asistencia alimentaria y sanitaria para los más de 15 millones de desplazados que ya ha generado el conflicto.

Si bien Turquía tiene muchos intereses en la región, habiendo desplegado efectivos bajo la cubierta de la “asesoría” militar y policía para las tropas regulares del país, hasta ahora ha tratado de mantenerse al margen del conflicto central, que de no controlarse pronto puede incendiar el este africano.

Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC.

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