Parásitos de lo público

Por Manuel Tirado

Está claro que España tiene un problema y ese gran problema no es otro que la corrupción. La frase puede parecer un tanto inocente pero por muy naif que parezca la sentencia, lo cierto es que resume los males de este país al que han convertido en una cloaca de pestilencia e inmundicia.

El problema no es que roben y salgan impunes. El problema no es que se falsifique un máster en una universidad hecha a la medida de aquellos que consiguen títulos sin ir a clase. El gran problema es que se han creído eso de que España es su cortijo y nosotros se lo hemos permitido. El problema es que se han convertido en parásitos de lo público, en chupasangres de lo que es de todos y lo peor es que algunos se han agarrado, cual garrapata, a las venas del sistema y ahora, claro está, no quieren soltarlas ni a la de tres.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y el líder de Ciudadanos, Albert Rivera. (EFE)

Han normalizado la corrupción y nos han hecho creer que engañar y servirse de lo público para sus propios intereses es totalmente lícito. Incluso tienen a su servicio a vocingleros que nos gritan desde sus púlpitos periodísticos que esto de chupar la teta del poder hasta exprimirla es algo normal y que antes que nos roben “los otros”, esos rojos descerebrados e ineficientes, es mejor que nos roben los de derechas que en definitiva están más preparados.

Está claro que Cifuentes y estos gerifaltes del PP son el ejemplo perfecto de la clase política que tenemos hoy en día, que con prepotencia y soberbia se sienten con el derecho de estar por encima del bien y del mal. Y el problema es que saben que lo están. Se sienten intocables porque saben cómo funciona este sistema, porque son ellos los que lo han creado y ayudado a mantener a base de amiguismo, de colocar a los a suyos en los puestos clave, de controlar la justicia y sobre todo de contentar a los que verdaderamente mandan en este país: los que tienen la tela, los que manejan los hilos porque tienen el dinero para hacerlo. No hay más.

Pero si estos viejos parásitos dejan de servir porque se han hartado de chupar sangre y aparecen ahítos frente la opinión pública y ya no se les puede excusar de ninguna manera, aparecen otros nuevos con trajes naranja que vienen portando la bandera de la renovación, pero que en el fondo vienen a hacer lo mismo, es decir, consolidar el régimen impuesto por los de siempre. Esta patita naranja del régimen está siendo elevada a los altares por los mismos que quieren ese “cambio tranquilo”, que en definitiva no es ningún cambio, sino una continuación de lo que tenemos ahora, pero con un disfraz distinto.

Por eso no es de extrañar que veamos medios tradicionalmente afines al PP, como el ABC, sacar en su portada a Inés Arrimadas en plena jornada de reflexión de las elecciones catalanas o que ahora ataque despiadadamente a Cifuentes, tras el escándalo del máster, pidiendo su dimisión, porque el parásito azul de la gaviota se les ha quedado obsoleto y ya no les vale.

Han normalizado la corrupción y nos han hecho creer que engañar y servirse de lo público para sus propios intereses es totalmente lícito.

Mientras tanto, uno se tiene que levantar leyendo noticias que le revuelven el estómago, aguantando injusticias como la de saber que en 2017 casi el 25 % de los indultos concedidos por el Gobierno fueron para condenados por corrupción y encima tengamos que ver a chavales condenados por meterse con el rey o con el gobierno de turno. ¿No es todo un sinsentido?

Está claro que nos va a costar librarnos de estos parásitos de lo público, entre otras cosas, porque los españoles somos como aquel perro que se rascaba constantemente lleno de pulgas, pero les decía a sus compañeros: “Estas pulgas me chupan la sangre, pero son las mías, las de siempre”. Pues nada a seguir rascándonos.

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