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Salir de la OTAN no significa aislarse, sino liberarse para construir una política de defensa que responda a las necesidades e intereses reales de España.
Por Sergio Meneses | 10/10/2025
En un contexto de tensiones crecientes dentro de la Alianza Atlántica, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha vuelto a cargar contra los aliados que no cumplen con los objetivos de gasto militar. En una reunión reciente con el presidente finlandés Alexander Stubb en la Casa Blanca, Trump sugirió explícitamente que España debería ser expulsada de la OTAN por su resistencia a destinar el 5% de su PIB a defensa, un umbral acordado en la cumbre de junio de 2025 en La Haya.
«España no tiene excusa para no hacerlo. Tal vez deberíais expulsarlos de la OTAN, francamente», declaró el mandatario estadounidense, refiriéndose a España como el «rezagado» único entre los 32 miembros de la alianza. Estas palabras no son un exabrupto aislado: durante su primer mandato, Trump ya amenazó con sacar de la OTAN a países como Noruega e Islandia por motivos similares, y ahora, con el nuevo objetivo del 5%, España se ha convertido en el blanco principal.
El gobierno español ha negociado una exención parcial, comprometiéndose solo a elevar su gasto al 2,1% del PIB, argumentando que sus amenazas no son comparables a las de otros aliados. Con un gasto actual del 1,28% del PIB según estimaciones de la OTAN, España defiende que su contribución cualitativa a la alianza es suficiente y compatible con el Estado de bienestar. Sin embargo, estas declaraciones de Trump no solo exponen las fracturas internas de la OTAN, sino que representan una oportunidad histórica para España: en lugar de esperar a ser expulsada como un peón prescindible, el país debería tomar la iniciativa y salir voluntariamente de la alianza. Por soberanía nacional, por independencia y por dignidad.
La OTAN: Un lastre para la soberanía española
La OTAN, fundada en 1949 como un brazo militar occidental contra la Unión Soviética, ha sido siempre una estructura ofensiva y sometida a la agenda estadounidense. Bajo la presión de Washington, el umbral de gasto militar se ha disparado del 2% acordado en 2014 al 5% actual, un salto que ignora las realidades económicas y geopolíticas de países como España. Este proceso de militarización no solo desvía recursos públicos de sanidad, educación y vivienda –pilares del bienestar social–, sino que convierte a los miembros europeos en meros satélites de la estrategia global de EE.UU. España, con su posición estratégica en el Mediterráneo y el Atlántico, no puede seguir siendo un «chiringuito militar» de Washington ni un peón geoestratégico en sus juegos de poder.
Basta mirar la presencia militar estadounidense en suelo español: bases como Rota y Morón albergan miles de tropas y armamento, sin que España tenga voz real en su uso. Esta ocupación encubierta socava la soberanía nacional, exponiendo al país a riesgos innecesarios, desde conflictos en Oriente Medio hasta tensiones con Rusia. Una política de defensa seria no puede tolerar esto: plantearía de inmediato la expulsión de todas las tropas estadounidenses de territorio español, recuperando el control pleno de nuestras fronteras y recursos.
Hacia una política de defensa independiente
Salir de la OTAN no significa aislarse, sino liberarse para construir una política de defensa que responda a las necesidades e intereses reales de España. En un mundo multipolar, el enfoque debería centrarse en una defensa autónoma, integrada en una Europa soberana y no subordinada a intereses transatlánticos. Colaboraciones bilaterales o multilaterales con vecinos mediterráneos –como Francia, Italia o incluso países no alineados– podrían fortalecer nuestra seguridad sin el lastre de la deriva belicista de la OTAN.
Más aún, este proceso de militarización global agrava la desigualdad: cada euro destinado a tanques y misiles es uno menos para la clase trabajadora, que ve empeorar sus condiciones de vida en medio de una crisis económica persistente. El boom del gasto militar solo llena los bolsillos de la industria armamentística –empresas como Lockheed Martin o Raytheon, aliadas de Washington–, mientras los salarios se estancan y los servicios públicos se recortan. España no puede ser cómplice de esta dinámica. Recuperar la soberanía implica desmantelar este modelo y redirigir fondos hacia la justicia social y la cooperación internacional genuina.
Tomar la iniciativa por soberanía y dignidad
España no debe mendigar exenciones ni prometer incrementos modestos; debe actuar con audacia. Salir de la OTAN es un avance hacia la independencia real. No hay que esperar a que nos echen como a un socio incómodo: hay que tomar la iniciativa y abandonarla directamente, por soberanía y por dignidad.
En este momento, España tendría la oportunidad de liderar un debate europeo sobre una defensa común sin sumisión. El pueblo español merece una política exterior que priorice la paz, la equidad y la autonomía. Las declaraciones de Trump deberían ser una llamada a la emancipación. Es hora de responder con hechos.
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