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Ni sus adversarios reaccionan ya. El aburrimiento, en política, es signo de impotencia narrativa.
Por Lucio Martínez Pereda | 16/03/2026
Milei, convertido en caricatura de su propia caricatura. Medio auditorio vacío bostezando ante el eco oxidado de la misma consigna: el rugido de “la libertad” suena ahora como una lata vieja chocando contra el suelo.
El Milei que gritaba “¡Viva la libertad, carajo!” era una excentricidad de imitación filotrumpista que creaba espectáculo ultraderechista. Pero lo que antes era “anti-sistema” se ha vuelto sistema. Ni sus adversarios reaccionan ya. El aburrimiento, en política, es signo de impotencia narrativa. El problema no es que Milei canse; es que ya no puede renovarse. Y cuando el poder se vuelve reiteración, lo único que queda es el bostezo: esa forma popular, silenciosa y democrática de censura sin censura.
Qué tome nota Ayuso: sus frases para imbéciles ya han iniciado el mismo camino. Ya hay saturación propagandística y después de la saturación viene la derrota del mensaje.
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