Maurín y la división del movimiento obrero español

Maurín explicaba que la ruptura entre Marx y Bakunin en el Congreso de La Haya en septiembre de 1872 tuvo sus repercusiones inmediatas en España porque también se produjo una división

Por Eduardo Montagut | 28/11/2025

Joaquín Maurín publicó en la revista socialista Leviatán en su número de octubre de 1934 un extenso trabajo sobre el movimiento obrero en Cataluña donde exponía las razones de la división del proletariado español. Queremos glosar su tesis sobre esta última cuestión en esta pieza. Recordemos que Maurín ya había abandonado hacía muchos años la CNT, para ingresar en el PCE, para después separarse del mismo por su deriva estalinista, fusionar la Federación Comunista Catalano-Balear (FCCB) con el Partit Comunista Català, naciendo en marzo de 1931 el Bloc Obrer i Camperol (BOC) del que fue elegido secretario general. Cuando publicó el trabajo mencionado todavía faltaba casi un año para que se creara el POUM.

Maurín explicaba que la ruptura entre Marx y Bakunin en el Congreso de La Haya en septiembre de 1872 tuvo sus repercusiones inmediatas en España porque también se produjo una división. Barcelona pasaría a ser el centro del movimiento anarquista bakuninista, y Madrid, el eje del socialismo marxista. En adelante, los obreros españoles, perteneciendo a una misma clase, habían de permanecer divididos, “en mutua rivalidad”. Maurin rememoraba a Fausto al considerar que dentro de la clase obrera habría dos almas, que luchaban por separarse.

Esa división sería, para nuestro autor, una de las causas del retraso español, siendo favorecida por la burguesía. La división obrera que se produjo al disolverse la Primera Internacional habría sido superada en la mayor parte de los países europeos, sobre todo a partir de la fundación de la Segunda Internacional. Progresivamente, el anarquismo habría ido despareciendo hasta quedar, prácticamente, apartado del movimiento obrero. Una de las excepciones era España.

A la división del proletariado habría contribuido, además, la dualidad económica española. La burguesía española no había conseguido la integración nacional, como sí lo habían hecho los jacobinos franceses, Bismarck en Alemania, y Cavour y Garibaldi en Italia. En el último tercio del siglo XIX España seguía siendo un conglomerado de provincias, como, al parecer explicaría Marx en 1854. En esas provincias mandaban e interpretaban las leyes los caciques y los gobernadores. La falta de unidad económica nacional provocaría una pugna entre dos economías no cohesionadas. Por un lado, estaría la industria, especialmente textil, concentrada en Cataluña, y otra economía vinculada a la gran propiedad agraria en el resto. La Monarquía, haciendo de árbitro, y con el fin de que no se rompiera el equilibro, encontró en la rivalidad económica su base de sustentación. La burguesía española, por su parte, en ese contexto, habría necesitado como algo imprescindible para su propia supervivencia que la clase trabajadora se mantuviese dividida. Si la clase obrera hubiera permanecido unida frente a una burguesía económica dividida el peligro habría sido grave para la misma. En consecuencia, el Estado hizo todo lo posible para que el proletariado español no superara ese fraccionamiento.

Pero, es más, para Maurín el anarquismo había sido un aliado indirecto de la propia burguesía, que lo había utilizado como una “cuña clavada en el movimiento obrero”. En el resto de su trabajo explicaría la historia del anarquismo desde una posición harto crítica, intentado demostrar una especie de irresponsabilidad del mismo.

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