Machos Alfa

Por Jesus Ausín | Ilustración de Iñaki y Frenchy

 

Aún me despierto por la noche. Sudando, temblando y llena de miedo. Nunca se lo había contado a nadie. Siempre con la culpa incrustada dentro de mí. He tardado años en dejar de pensar que fue un error mío. He tardado años en dejar de creer que lo que él me decía, que yo le había provocado, había sido el causante de todo. Mis faldas cortas, mis pantalones ajustados, mis escotes,… Eso decía él. Y la verdad, llegué a pensar que tenía razón. Que le había provocado. Porque si, me vestía para gustar a los demás, para estar guapa,…

Pero no. Me vestía para gustar, si. Y a mi misma. Como todos. Pero eso no es excusa. A él le gustaban los mercedes deportivos. Cuando salía de casa, muchos días le encontraba mirando embobado el escaparate del concesionario. Sin embargo no le vi que entrara y se llevara uno por la fuerza. Y además, yo no soy ningún objeto. No soy propiedad de nadie. Soy una persona. Una mujer, con criterio propio, y decido por si misma si me voy con alguien o no. Decido por mi misma si le dejo entrar o quiero que se vaya. Y si me hizo lo que me hizo, el responsable es él. Un asqueroso hijo de puta que se cree dios. Que puede joderte la vida e irse de rositas. Pero no. Ya no. He tardado bastante pero aquí estoy. Contándole mi vida porque quiero dormir por las noches. No quiero despertarme sudada y muerta de miedo a las tres de la mañana. No quiero que su cobardía siga jodiéndome la vida. No quiero tener miedo a salir de casa. Quiero poder llegar a mi casa a la hora que me de la gana. Quiero poder pasear sola, si me apetece. Quiero tener relaciones normales y no quebrarlas porque se me aparezca la cara de este cabrón. Quiero ser libre.

            -¿Te cuesta recordar lo que pasó?

Si. Es que no quiero recordarlo. Esa es la pesadilla constante que no me deja dormir. Es lo que se me viene a la cabeza, cuando a las seis de la tarde, en Enero, bajo del bus y encaro mi calle. Es lo que me produce escalofríos cada vez que alguien me pone la mano en el hombro. No es el suceso en si lo que me tiene aturdida. Es su mirada. La frialdad del cañón de la pistola  en el cuello. Su mano fría y húmeda en mis pechos. Sus babas en mi boca,…

Una lágrima empieza a recorrer la mejilla de Charo. Luego otra. Y otra. Se ha quedado seria y callada. Empieza a gimotear para, en un instante, llorar desconsoladamente. La doctora no dice nada. Simplemente la mira, le ofrece una caja de pañuelos de papel y espera. No hay prisa. Esperará todo el tiempo que haga falta. Sabe que Charo debe abrirse. Sacar todo lo que lleva dentro. La culpabilidad. La impotencia. La ira. Todo debe aflorar para que pueda superar este trauma que le ha jodido la vida.

Cada vez que entro al portal y le veo, me dan nauseas. Es que no puedo. Si fuera valiente le clavaría un cuchillo o le pegaría un tiro. Quizá así me sentiría mejor. Porque no sólo es que me haya jodido la vida. Es que la impunidad le ha dado alas. Y me mira con esa sonrisa maliciosa. El muy cabrón. A veces hasta se echa la mano a la pistola. Es un aviso. Yo se que es un aviso. Si le denuncio me mata.  Y además, ¿quién va a creerme? Fui yo la que le invité a que entrara en casa. Me gustaba, si. Estaba muy guapo con su traje y su auricular en la oreja. Fui yo la que le dije si quería tomar un refresco después del trabajo. Pero sólo quería charlar. Conocerle. Sin más. Luego ya veríamos si la relación cuajaba. Pero no. El muy cabrón no podía esperar a ver si congeniábamos. Era la primera vez que le invitaba. Mis padres no estaban en casa. De verdad, sólo quería hablar. Pero en cuanto le serví la Pepsi, y me senté en el sofá, se fue acercando a mi. Yo me alejaba y el se acercaba. Me asusté. Le dije que se marchara. Peo no me oyó. Me dijo, “¡pero si me has invitado tu!”. Y le dije que si, pero que ahora quería que se fuera. Y siguió sin hacerme caso. Cada vez más cerca de mi. Entonces me levanté y le dije a gritos que se fuera. Y sin darme cuenta, me puso la pistola en el cuello. Metió sus sucias manos por debajo de la camiseta y me atrajo hacia el. Me besó en la boca mientras desabrochaba mi sostén. Me toco mis tetas con sus asquerosos dedos. Y entonces bajó más abajo. Intentó desabrocharme los vaqueros. Gracias a dios estaban muy justos y no conseguía bajármelos con una sola mano. Y fue ahí cuando se me encendió una luz en mi cerebro. Y le dije “si quieres te la chupo”. Y sacó su asquerosa polla de sus pantalones y me agarró del pelo y me atrajo hacia él. Me hacía daño. Me tiraba del pelo y el cañón de la pistola me apretaba la yugular. Cada vez más. No podía respirar y perdí el conocimiento.

Cuando desperté, salía por la puerta. Mis pantalones seguían abiertos pero subidos. Creo que se asustó y se marchó por eso.

Al principio me alegré mucho porque no me había violado…

Si lo hizo Charo. No fue sexo consentido. Eso es violación.

Si Doctora. Ahora lo se. Pero me daba tanto asco de mi misma que quise creer que no me había violado. Quizá para autoconvencerme. Quizá para intentar desterrar esa culpa que me ardía por dentro.

La doctora mira el reloj.

Es la hora. El jueves seguimos…

Esta semana ha sido una mala semana para el feminismo y la igualdad. Con el comienzo del juicio a los cabestros que se autodenominan “La Manada” (sólo por este nombre ya les debieran condenar como culpables. ¿Quién sale de fiesta como los leones salen a buscar comida?) hemos visto lo peor de este asqueroso país en el que vemos como en los medios de comunicación concertados (se lo tomo a Rosa M.ª Artal) pululan una serie de indeseables gacetilleros para los que todo vale con tal de entretener al rebaño. Así en la televisión que pagamos todos a través de la campaña “por tantos” del IRPF, pero que dirige la Conferencia Episcopal, no han dudado en poner escenas del video grabado por las propias alimañas y presuntos violadores, sobre la acción cometida. Quizá algún lector podría acusarme de hacer lo mismo en este artículo al ilustrarlo con una historia que se que es dura. Y creo que no es lo mismo. Primero porque mi historia es inventada (aunque he tomado partes de historias reales leídas esta semana). Y segundo porque considero necesario que el lector se ponga en la piel de una mujer violada y quiero que sienta lo que ellas ha sentido. Sin embargo en la televisión de la Conferencia Episcopal no les mueve la información, ni la concienciación, sino el espectáculo y el morbo.

Qué decir de ese lamentable “¿periodista?”, “¿Criminólogo?” al que en el programa de la primaria Grisso definen como «experto» en sucesos. No se le ocurrió al “pobre” (en ese programa desde la audiencia hasta la presentadora no dan para más) que twittear una encuesta para conocer la opinión de sus seguidores, preguntándoles si creían que lo sucedido en Pamplona había sido violación o no.

No se en qué es experto este tipo. Desde luego en periodismo, delicadeza, respeto y consideración, parece que no. A no ser claro que se pretenda tomar partido y que otros lo tomen a favor de estos sinvergüenzas porque uno de ellos es Guardia Civil y otro militar. En criminología, tampoco debe ser muy experto a juzgar por la puñetera encuesta y en feminismo menos. Igual es experto, mucho, en machismo, babosidad, morbo y manipulación. Este es de los que viven de contar en la TV la información oficial de los cuerpos de seguridad. Sin investigación, sin dudas o consistencia.

Me parece indignante que además de que te violen, tengas que soportar que sospechen de tu integridad y todo porque los presuntos violadores son de esos a los que los liberales creen que hay que proteger a toda costa hagan lo que hagan.

En el mismo programa, una coach de televisión (¿qué es una coach de televisión?) tuvo las narices de comparar a la víctima con los presuntos violadores, poniendo a los verdugos en el mismo plano que a la víctima. Según la “coach”, todos son igual de víctimas. Para más asco, dijo que ellos tenían derecho a decir que no ante una provocación. Basura mediática para un público ameba que sobrevive en el morbo, que gusta de no pensar y que son capaces de asentir ante aberraciones como la de comparar a cinco tipos que presuntamente fueron a Pamplona a violar a la primera chica que se pusiera “a tiro” y una pobre víctima a la que han tenido las narices de investigar después de la violación para ver “si hacía vida normal”. Vamos que para ellos, si no se encerró en el convento de las Monjas Blancas, es que todo ha sido un montaje y es una guarra.

Por desgracia, el machismo no entiende de clases, ni de condición económica, ni siquiera de minorías étnicas. Leíamos como el ex-pívot del FC Barcelona, hasta hace unos días jugador del Partizán de Belgrado,  ha sido expulsado por decir en su cuenta de Instagram, entre otras lindezas que no concede entrevistas a mujeres periodistas.

¿Que pasa por la cabeza de un tipo de una etnia marginada habitual en su país de origen, USA, para creerse mejor que una mujer por el hecho de ser hombre?  Él como minoría racial a la que se le maltrata en su país, a la que se le dispara por la calle sólo por ser de color, a la que tradicionalmente se le ha negado todo, debería ser empático con las mujeres aunque sólo fuera por solidaridad. Sin embargo, como vemos el machismo traspasa etnia, condición social y status.

El machismo es consecuencia de una sociedad patriarcal. Cuanto más se escora esa sociedad a la derecha, más se alimenta el machismo. Y en esta España de banderas y memeces no iba a ser menos. Decía el otro día Victoria Rosell que como jueza entiende que se admita como prueba el vídeo grabado por un detective, a petición de estos energúmenos, sobre la vida de la víctima en los días posteriores a la violación. No voy a entrar en ello porque no tengo conocimientos suficientes para discutirlo. Pero si digo que me huele muy mal que mientras se admite esa prueba, se deniega otra con el TL del Whatsapp de los presuntos violadores. Y que tenemos argumentos y antecedentes para pensar mal, como la de ese tribunal de Cantabria que eximió de agresión sexual a un canalla con pintas porque consideró que no habían probado que la niña violada, de cinco años, opusiera resistencia.

Este es un país de medio pelo, dónde aún se sigue creyendo que la mayoría de las denuncias de malos tratos son falsas y que las violadas son mujerzuelas que van provocando y que, por tanto, son más culpables que los asquerosos violadores.

Que España es un país muy machista y que hemos retrocedido décadas lo deja evidente este cartel del Ministerio de Sanidad. El Gobierno de España piensa que si eres un crío y te emborrachas lo máximo que puede pasar es que tengas bronca con tus padres. Ahora, si eres una chica y bebes de más, estarás buscando sexo como una perra en celo.

Este es el nivel que hay en este país.

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