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Esta huelga representa la tercera en menos de tres meses, señal de un malestar profundo en la clase trabajadora italiana.
Por Fernando Ariza | 10/12/2025
En un clima de creciente descontento social, la clase trabajadora italiana se prepara para una huelga general. La Confederación General Italiana del Trabajo (CGIL), el sindicato más grande del país con más de 5 millones de afiliados, ha convocado un paro nacional para este 12 de diciembre. Esta acción afectará al transporte, la educación, la sanidad y amplios sectores públicos y privados, en protesta contra la ley de presupuestos para 2026 del gobierno de Giorgia Meloni, que prioriza el gasto militar sobre las necesidades sociales.
Austeridad y rearme
El proyecto de ley de presupuestos 2026, valorado en unos 18.000 millones de euros, ha desatado una oleada de críticas por parte de sindicatos y la oposición. Aunque incluye gravámenes por más de 11.000 millones de euros a bancos y aseguradoras entre 2026 y 2028 para financiar las arcas estatales, los sindicatos denuncian que el paquete recorta drásticamente los gastos en servicios públicos e inversiones sociales, mientras incrementa los fondos para la defensa. La CGIL argumenta que esta medida no responde al alza del costo de la vida ni a la presión sobre los servicios esenciales, y que canaliza recursos excesivos hacia armamento en lugar de salud, educación y protección social.
El gasto militar directo previsto para 2026 asciende a 33.948 millones de euros, un aumento del 2,8% respecto a 2025, en línea con las políticas de militarización impulsadas por el gobierno Meloni. Los críticos, incluyendo sindicatos de base como la USB, acusan al Ejecutivo de atentar contra los intereses de los trabajadores para impulsar una economía de guerra, especialmente en un contexto de inflación persistente y salarios estancados durante décadas. Esta visión se ve reforzada por el compromiso de Italia con el rearme europeo, que los manifestantes ven como una «loca carrera armamentística» que desvía fondos de las prioridades económicas y sociales reales.
Una jornada de lucha
La huelga del 12 de diciembre abarcará la jornada laboral completa, desde las 00:01 hasta las 21:00 horas, afectando a todos los sectores públicos y privados. Se esperan disrupciones masivas en el transporte: vuelos cancelados, trenes detenidos y paros en el metro y autobuses de ciudades como Roma, Milán y Turín. En el sector educativo y sanitario, los profesores y médicos se unirán al paro, mientras que manifestaciones y piquetes se organizarán en más de 40 ciudades para demandar salarios mínimos dignos (al menos 2.000 euros mensuales) y el fin del financiamiento bélico.
Esta no es la primera acción de este tipo en los últimos meses. El 28 y 29 de noviembre, sindicatos de base como USB, CUB y Cobas ya convocaron una huelga similar. Aquella movilización incluyó bloqueos a oficinas de empresas de defensa y dispersión policial con cañones de agua. La huelga de la CGIL se enmarca en esta ola de protestas, buscando abrir un frente común contra los presupuestos de guerra de Meloni. El secretario general de la CGIL, Maurizio Landini, anunció la huelga en una asamblea en Florencia, subrayando que es una «respuesta necesaria».
Esta huelga representa la tercera en menos de tres meses, señal de un malestar profundo en la clase trabajadora italiana. Organizaciones como la USB llaman a una «movilización permanente» contra la militarización, vinculando la lucha obrera con cuestiones geopolíticas. Italia tiene una nutrida historia de huelgas, desde las masivas movilizaciones de los años 70 hasta las recientes. La del 12 de diciembre podría marcar un punto de inflexión en la resistencia al gobierno de Meloni.
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