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Occidente ha escrito la historia mundial durante siglos. Y lo ha hecho demonizando y trivializando al Oriente.
Por Jayro Sánchez | 27/10/2026
Lloyd Llewelyn-Jones (Bridgend, 1967) es catedrático de Historia en la Universidad de Cardiff. Especializado en el estudio de las primeras civilizaciones del Oriente Próximo, ha escrito varios tomos muy relevantes sobre Persia y Egipto. Acaba de publicar Babilonia: biografía de una metrópolis (Ático de los Libros, 2026), donde narra cómo era la ciudad más famosa del mundo antiguo. Hablamos con él sobre la urbe y sus habitantes.
Su obra aborda la historia de uno de los pueblos más antiguos del mundo: el mesopotámico. ¿Podemos conocer con seguridad lo que ocurrió durante su nacimiento, desarrollo y caída?
Sí. Los estudiosos de Babilonia y, en general, del Oriente Medio somos muy afortunados, ya que los restos arqueológicos con los que trabajamos se han conservado en buenas condiciones por la sequedad del clima regional.
Miles de tablillas de arcilla escritas en cuneiforme se han perdido en saqueos, incendios y otras catástrofes, pero tenemos en nuestro poder muchas inscripciones de diverso tipo: himnos religiosos, canciones populares, correspondencia diplomática, leyes, textos escolares…
Como otros grandes pueblos de la Antigüedad, el mesopotámico siempre ha estado envuelto por una capa de misterio. ¿Qué hay de cierto y de falso en lo que se cuenta sobre él?
Supongo que te refieres al mito sobre la ciudad pecaminosa que se ganó su propia destrucción. Los judíos fueron sus creadores. La Biblia describe cómo, durante el Cautiverio (605 a.C.-538 a.C.), Babilonia se convirtió en su principal enemigo y opresor.
Más tarde, en época romana, los primeros cristianos reutilizaron esa imagen de la urbe condenada para hacer propaganda contra el Imperio. Y, siglos después, el líder de la Reforma protestante, Martín Lutero, también recurrió a ella en sus acusaciones contra la Iglesia católica de Roma.
Su simbolismo se trasladó a Estados Unidos durante la guerra de Secesión (1861-1865). Muchos libros y panfletos escritos en la Unión comparaban la Confederación con Babilonia por su defensa de la esclavitud. Desde allí, la leyenda viajó a través del tiempo hasta la actualidad. Todavía está vigente en ámbitos como los de la música popular y el cine.
¿Por qué parece que la imagen «bárbara» de la civilización mesopotámica se ha extendido gracias a la industria cinematográfica estadounidense?
Por la corriente académica del orientalismo. Occidente siempre ha intentado construir una identidad perfecta de sí mismo contraponiéndose a un mundo oriental lleno de características negativas. Nosotros somos racionales y masculinos, y ellos irracionales y femeninos… Esto se viene haciendo desde los tiempos de la Antigua Grecia.
Usted asegura que los babilonios fueron un gran pueblo ¿Cuáles fueron sus mayores éxitos?
Su ciudad fue un núcleo de contacto para distintas tradiciones culturales y científicas. Allí se estudiaban: astrología, matemáticas, arquitectura, ingeniería…
Quizá el ejemplo más claro de la grandeza de los babilonios es la forma en que manipularon el paisaje de Irak para convertirlo en un lugar fértil mediante canales de irrigación. Además, dieron al mundo uno de sus primeros escritos literarios: la epopeya de Gilgamesh.
En su ensayo, usted explica que la civilización mesopotámica nunca ha sido tan respetada como la grecorromana en las sociedades contemporáneas. Antes, apuntaba a la corriente orientalista como la culpable de esta situación.
Sí. Occidente ha escrito la historia mundial durante siglos. Y lo ha hecho demonizando y trivializando al Oriente. Creo que cada vez más historiadores nos estamos dando cuenta de que Europa no supone el comienzo ni el final de los fenómenos que analizamos. La experiencia del hombre blanco no es válida en un sentido universal.
¿Por qué damos más importancia a Roma que a China, los mayas u otras culturas de América Central, la India o la Antártida? Al final, todos los pueblos han desempeñado su propio papel en la historia de la civilización humana.
¿Estas gentes tenían algún nexo en común?
Por supuesto. El intercambio comercial. Aunque la mayoría de los chinos de la época no sabía que había gente en Mesopotamia, sus productos eran vendidos en el desierto iraquí. Y, a su vez, los bienes mesopotámicos eran transportados hasta Extremo Oriente en las mismas circunstancias.
Esos canjes sirvieron para crear una red de comercio activa que proporcionaba numerosos recursos: estaño, piedra, turquesa, lapislázuli…
No obstante, los objetos materiales eran solo un elemento más de los muchos que viajaban por las rutas. Lo hacían junto a ideas, historias, lenguas y otras construcciones culturales importantísimas para el desarrollo de la humanidad.
Basándonos en sus declaraciones, ¿podríamos afirmar que la historia debería ser una disciplina de estudio universal?
Desde luego. Aplicar un enfoque global a nuestras investigaciones sería muy interesante.
En comparación con otros pueblos de su entorno y tiempo, ¿cuán grande fue el de Mesopotamia?
La historia de Babilonia es la de una ciudad que, a base de guerrear con sus vecinos, se convirtió en la principal dirigente de una coalición de Estados guerreros. Más tarde, sería el centro de uno de los mayores imperios de Oriente Próximo.
¿Quién fue su líder más reputado?
Sargón el Grande. Él fue el primer unificador de los distintos reinos mesopotámicos. Era tan importante que, siglos después de que muriera, la mitología y las leyendas babilonias todavía lo conmemoraban como a uno de sus más insignes héroes.
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