La visita de Milei a España: un balón de oxígeno para Sánchez en plena campaña electoral

A pocas semanas de las urnas, la asociación visual con la motosierra de Milei y sus recortes no ayuda a presentar al PP o a Vox como opciones moderadas.

Por Fernando Ariza | 22/10/2026

El paso relámpago del presidente argentino por Madrid (séptima visita desde que asumió, de apenas un día de duración) no es un acto protocolario ni una cumbre bilateral. Es una irrupción deliberada en la precampaña de las elecciones generales del 29 de noviembre. Milei no se reunió con Pedro Sánchez, ni con el Rey, ni con el líder del PP Alberto Núñez Feijóo. Con Santiago Abascal, su aliado natural, solo hubo videollamada (Abascal estaba de gira por el norte). Sí hubo encuentro con Isabel Díaz Ayuso. El resultado neto, según la cobertura de los medios, es que el episodio refuerza el relato del PSOE y le da visibilidad y munición polarizadora justo cuando más la necesita.

El PSOE lo esperaba y lo capitalizó

El partido socialista sabía que la visita era una oportunidad. Antes de que Milei pronunciara su primer discurso en el desayuno de Nueva Economía Fórum, el PSOE ya había desplegado una gran lona en la fachada de su sede de Ferraz con el mensaje: “Hola Milei. Los zurdos y las zurdas te dan la bienvenida a España. El país que más crece de Europa”, acompañado del hashtag #ZurdosYOrgullosos y una motosierra estilizada en el apellido del argentino. Sánchez se reivindicó públicamente como “zurdo y a mucha honra”, argumentando que subir el salario mínimo, las pensiones, defender el aborto o rechazar recortes es de “zurdos”. También usó el episodio en un mitin en Burgos para unir a Feijóo, Abascal y Milei en la misma “peña de los recortes, el tijeretazo y la motosierra”.

Esta operación permite al PSOE proyectarse ante su electorado como más progresista de lo que demuestra su gestión real. En un escenario de desgaste de gobierno, polarizar contra un extranjero que llama a “sacar a patadas a los socialistas” y califica a Sánchez de “impresentable dictador”, “delincuente ladrón” y “corrupto” resulta útil. El Ministerio de Asuntos Exteriores condenó los insultos y calumnias, acusando a Milei de fomentar polarización y violencia entre españoles. Eso alimenta el relato de “intervención externa” y refuerza el llamado al voto útil: frente a la “motosierra” argentina importada, mejor el PSOE conocido.

Las palabras de Milei polarizan y favorecen el voto útil

Milei no se limitó a hablar de economía austriaca o de su modelo. Pidió explícitamente expulsar a los socialistas del poder en las elecciones de noviembre y se presentó como advertencia de lo que, a su juicio, no debe repetirse en España. Ese lenguaje, fuera de lugar en el contexto de una visita no oficial de un jefe de Estado extranjero, eleva la temperatura del debate y simplifica el mapa: izquierda versus “ultraderecha” asociada a recortes radicales. Para el electorado eso refuerza la utilidad de votar PSOE para bloquear una alternativa percibida como más extrema. Analistas y crónicas señalaban de antemano que la irrupción de Milei podía jugar en contra de la derecha española precisamente por ese efecto polarizador.

Una visita prescindible que la derecha española esquivó

Tanto Feijóo como Abascal evitaron actos conjuntos y fotos de alto perfil. Feijóo no se reunió con él en absoluto. Abascal, que en visitas anteriores sí lo recibía, se limitó a una videollamada desde el norte de España alegando agenda de precampaña (“ahora vivo en una furgoneta”). Ayuso fue la excepción, manteniendo un encuentro privado. Esto no es casual: a pocas semanas de las urnas, la asociación visual con la motosierra de Milei y sus recortes no ayuda a presentar al PP o a Vox como opciones moderadas o centradas en problemas locales (vivienda, etc.). La visita resulta prescindible desde el punto de vista de los intereses electorales de la derecha española y útil, en cambio, para el relato del gobierno en funciones.

En resumen, el viaje de Milei a Madrid en plena campaña del 29-N no ha sido un espaldarazo limpio a la oposición. Ha sido, en la práctica, un regalo narrativo para Pedro Sánchez y el PSOE: les permite visibilizarse como el dique progresista, polarizar el debate y alimentar el voto útil, mientras los principales líderes de la derecha prefieren mantener distancia.

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