![]()
En RTVE se está desplazando la capacidad de producir, contratar y orientar contenidos desde una estructura pública hacia empresas privadas que persiguen beneficios.
Por Roberto Casanova | 18/09/2026
Radiotelevisión Española sigue siendo, sobre el papel, un servicio público financiado con dinero de todos. En la práctica, una parte creciente de lo que se ve en La 1, La 2 y el resto de canales ya no lo produce la casa. Lo fabrican productoras privadas que cobran del presupuesto público, controlan redacciones, eligen colaboradores y, en muchos casos, marcan el tono editorial de franjas enteras. Eso no es un detalle técnico. Es una transferencia de poder y de dinero público inaceptable.
En 2024, RTVE destinó 227,8 millones de euros a contrataciones audiovisuales externas. En 2025 esa cifra subió a 278,5 millones, un 22% más. Desde 2020 el gasto acumulado ronda los 1.000 millones. No es un apéndice menor: en un presupuesto de la corporación que se mueve en torno a los 1.200 millones, una cuarta parte se va fuera de la casa.
Ese dinero no se reparte de forma atomizada. Un puñado de compañías concentra los contratos gordos:
- El Terrat (grupo Mediapro): La Revuelta, con David Broncano. Más de 28 millones en 2024.
- Bambú Producciones: La Promesa, más de 17 millones.
- Boomerang TV: La Moderna y coproducción del Benidorm Fest, unos 15,7 millones.
- Shine Iberia: MasterChef, Maestros de la costura, La ruta Morancos y MasterChef Celebrity, casi 15 millones en 2024 y decenas de millones acumulados en años anteriores.
- La Cometa: Mañaneros 360.
- La Osa y Big Bang: Malas lenguas y Directo al grano.
- Históricamente, Grupo Ganga con Cuéntame cómo pasó (más de 200 millones a lo largo de más de dos décadas).
- También aparecen con regularidad Mediacrest (El Cazador), Good Mood, Plano a Plano, Catorce (Aquí la Tierra), Globomedia y otras del entorno Mediapro.
El patrón se repite: entretenimiento de alto coste, series diarias de tarde y, cada vez más, magazines de actualidad que la dirección etiqueta como “infoentretenimiento” para sacarlos del régimen más estricto de los informativos.
La trampa del modelo híbrido
RTVE no siempre entrega el plató entero. A menudo aporta estudios, realización técnica y parte del personal de casa. La productora privada aporta presentador, director, redacción, reporteros, grafismo y, sobre todo, el control de quién habla y qué se dice. El resultado es un formato que aparece como “producción de RTVE en colaboración con…” y que, a efectos prácticos, no está bajo la misma disciplina editorial que un Telediario.
Eso no es un matiz. El Mandato Marco y la Ley 17/2006 exigen el 100% de producción interna en informativos y contenidos institucionales, y un mínimo elevado de producción propia en el resto de la oferta generalista. Los sindicatos (CGT de forma especialmente clara) y el Consejo de Informativos llevan años denunciando que se disfraza la externalización como coproducción o como magazine para no computar como informativo. Cuando un especial sobre un comité federal o un contexto internacional delicado lo hace Mañaneros y no los Servicios Informativos, el control profesional de la redacción pública queda fuera. El Consejo lo ha calificado de quebrantamiento de la ley.
Tiene gran importancia. Quien contrata a la productora decide el equipo. Quien decide el equipo decide invitados, enfoques y ritmos. El capital privado no entra solo como proveedor técnico: entra en la fábrica de creación de opinión en un medio que se presenta como de todos.
Por qué esto es privatización encubierta
Privatizar no consiste únicamente en vender acciones o cambiar el estatuto jurídico. Consiste en desplazar de forma estable la capacidad de producir, contratar y orientar contenidos desde una estructura pública hacia empresas privadas que persiguen beneficio, rotación de contratos y relación con el poder de turno.
Este proceso conlleva que la plantilla propia se envejece o se reduce en áreas clave mientras se pagan redacciones externas. Los formatos que “vertebran la parrilla” (magazines diarios, access, late) dependen de un oligopolio de productoras. Los derechos, el merchandising o la continuidad del formato quedan en manos privadas aunque el logo sea el de TVE. Cada ciclo político favorece a unas u otras compañías, lo que convierte la parrilla pública en un mercado de afinidades. El argumento habitual de la dirección es la falta de oposiciones durante años, la necesidad de talentos que “no están en casa” o la competencia con privadas y plataformas.
Qué debería hacer un medio público
Una televisión pública no tiene por qué fabricar internamente el 100% de la ficción o de un concurso de cocina. Puede coproducir cine, encargar documentales puntuales o comprar derechos. Eso es normal en Europa. Lo que no es normal es que la columna vertebral de la parrilla —las horas que dan identidad a la cadena— esté sistemáticamente en manos de empresas privadas que facturan cientos de millones al erario público.
Es necesario cumplir de verdad las cuotas de producción propia, reforzar la plantilla y los medios técnicos, reservar los informativos y los magazines de actualidad a redacciones internas, y tratar la externalización como un recurso excepcional, no como sistema. Mientras el dinero público pague redacciones ajenas, TVE no será un medio 100% público.
Se el primero en comentar