La ignorancia y la complacencia

Por Víctor Chamizo
Ilustración de J. R. Mora


La ciudadanía tiene dos enemigos mortales: la ignorancia y la complacencia. Es posible que la ignorancia lleve a la complacencia y que la complacencia lleve a la ignorancia, como un círculo vicioso, como la paradoja del huevo y la gallina.

España es un país de ignorantes complacientes, o de complacientes ignorantes. Las élites, que han tenido la precaución, o la perspicacia, de advertir esta sintomatología de nuestro pueblo, han adiestrado perfectamente a sus generaciones sucesoras para ser las clases acreedoras a la formación, a la cultura y a la información.

Por ello, a las clases privilegiadas les molesta que exista una educación universal de calidad: son conscientes de que si las clases desfavorecidas acceden a la información y a la cultura, sus privilegios están en peligro. De modo que de ahí su empeño en disminuir la calidad de la enseñanza pública, en favor de una educación privada, que al ser de elevado coste, sólo pueden permitirse los de su clase, dejando que el resto solo alcance una formación mediocre, lo que les permite tener una población más manipulable: se trata del sistema capitalista en su más pura esencia, el sistema americano.

¿Han observado que las televisiones de nuestro país se esfuerzan en lanzar, en el prime time, propuestas de concursos de cocina, concursos de canto y realities? ¿Se han preguntado por qué? ¿Se han cuestionado por qué los programas de corte político se retransmiten en las horas en las que existe menos audiencia? ¿Se han detenido a reflexionar sobre quiénes son los que intervienen en esos programas de debate, y qué ideas representa cada uno?

Los medios son una máquina de manipular, y conocen que existe una sociedad masiva entregada a tragarse todas las mentiras o informaciones sesgadas que les puedan suministrar. Y los medios son así porque son privados y quien los sostiene es el capital, cuyos intereses y privilegios no está dispuesto a entregar.

España es una inmensa pradera de borregos o de aborregados que se dejan influenciar por los grandes medios y por los populismos, sustentados en la ignorancia de la ciudadanía.

Existe un peligro real de que la derecha más rancia y más casposa vuelva a dirigir y condicionar la vida de una mayoría de ciudadanos, asfixiados ya por las políticas de recortes donde los ricos reparten unas migajas, para que la población embobada se sienta, además, agradecida.


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