Especies invasoras

Después de consultar la Base de Datos Global de Especies Invasoras; después de consultar la lista de las 100 especies más invasoras del mundo; después de consultar la lista de especies más invasoras de Europa; y después de consultar la lista negra de especies exóticas invasoras para España, observo que en ninguna de ellas aparece el homo sapiens o ser humano.

Curiosamente, en el primer listado aparece un arbusto -la acacia negra- como la especie más invasora del mundo. En segundo lugar, aparece un molusco –el caracol gigante africano-. En el tercer puesto está un pájaro asiático –el miná común-. Y a partir del cuarto hasta el centésimo lugar aparecen insectos, hongos, mamíferos, crustáceos, peces, algas, reptiles, anfibios, etc., pero ni rastro del mamífero humano.

Nada más empezar a leer un documento de la Global Invasive Species Database sobre “Las 100 especies exóticas más invasoras del mundo” me encuentro con el siguiente título: “Invasiones biológicas”, cuyo contenido me ha dado mucho que pensar.

Ante tal concepto de invasión biológica, puedo decir con absoluta seguridad que la especie humana está compuesta por los seres biológicos más invasivos que ha conocido y conocerá la historia de este planeta. Que yo sepa, volamos montañas enteras para la megaminería, hacemos desaparecer millones de hectáreas de bosque cada año, vaciamos la vida de los mares, océanos y ríos y a cambio los llenamos de plásticos y otros contaminantes, inundamos el aire con gases tóxicos, desertificamos la tierra que antes era fértil y aniquilamos más especies que ninguna otra.

La Tierra entera, antes de nuestra llegada, era un inmenso vergel planetario con miríadas de especies que superaban en millones a las especies actuales.

Por nuestra causa, la tasa de extinción de especies en el planeta es 1.000 veces superior de lo que sería sin nuestra presencia. Y si miramos tan solo 50 años atrás, descubriremos que la Tierra ha perdido el 60% de sus especies vertebradas, según se desprende del último informe Planeta Vivo-2018 del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF). Es decir, sin nosotros, el planeta hoy día estaría poblado por inimaginables cantidades y variedades de otras especies y por muchísimos más componentes en cada una de ellas.

Si cualquiera de las especies actuales, menos la humana, tuviese la oportunidad de realizar un listado con las especies más invasoras del planeta, seguro que nos pondría a nosotros en primer lugar, con muchísima diferencia respecto a la segunda.

Regresando a lo práctico y concreto, si pensarais seriamente porqué existen tantas listas negras sobre especies exóticas invasivas, posiblemente llegaríais a la misma conclusión que yo: principalmente por criterios economicistas. A nivel global, la reparación o prevención de los daños que tales especies producen o pueden producir, suponen decenas de miles de millones de euros anuales. Y mayoritariamente son los gobiernos y las administraciones públicas las que destinan los mayores presupuestos para mantener a raya a estas mal llamadas exóticas invasoras o plagas.

Una vez que éstas han llegado a un hábitat que no les corresponde por naturaleza, matarlas parece ser la mejor solución, porque da la impresión que es lo más rápido y lo más efectivo que podemos hacer. Y sin embargo no lo es.

El poder de la evolución es imparable. Nuestra propia evolución está conectada a la existencia de otras especies. Si no permitimos la evolución de éstas, tanto de las exóticas como de las autóctonas, simplemente involucionaremos o desapareceremos. Pensemos que todas las especies están aquí por alguna razón superior y que, en términos evolutivos, todas se necesitan mutuamente.

Atentar contra la Vida en general o experimentar egoístamente con cualquiera de sus formas, tiene graves consecuencias para nosotros, pero sobre todo para la gran diversidad y cantidad de Vida que todavía sostiene este hermoso Planeta. Planeta al que muchos llamamos Gaia: un Gran Ser que nos acoge en su propia evolución. Y qué podemos hacer para ayudarlo. Pues muy sencillo, dejar de cortar árboles o matar animales y empezar a usar nuestra inteligencia creativa con sabiduría y compasión. Así seguro que encontraremos las mejores soluciones para todos los seres vivos que compartimos el mismo Hogar Planetario.

Como segunda parte de este artículo pasemos a algo más concreto como, por ejemplo, la reciente problemática que plantean las cotorras en las grandes ciudades y más concretamente en la Ciudad de Sevilla. Por tal motivo, recientemente publiqué un artículo dirigido al máximo responsable del Ayuntamiento de la capital hispalense. Tras su lectura, se podría concluir lo siguiente: “Capturar y matar cotorras en Sevilla puede ser un buen negocio. Al menos para la empresa que se encargará de ello, sí que lo es.”

Sr. Juan Espadas, que culpa tendrán las pobres cotorras de Sevilla de haberse adaptado perfectamente al clima y al entorno de nuestra ciudad. Ellas hacen lo que por naturaleza mejor saben hacer. Y de verdad que lo hacen muy bien. Sin embargo, su llegada a Europa y más concretamente a Sevilla, principalmente a través del comercio, ha provocado que se las catalogue como una plaga o especie invasora, al parecer debido a los daños que provocan, principalmente a otras especies.

¿No será, Sr. Alcalde, que la plaga somos nosotros para ellas al igual que lo somos para el resto de especies animales que no sabemos tratar ni cuidar? ¿No será que es más fácil matarlas para erradicar los problemas que causan, en lugar de aplicar soluciones alternativas que les permitan vivir?

Desde que algunos ejemplares de cotorras argentinas y cotorras de Kramer empezaron a verse por los cielos de Sevilla, allá por los años 90, éstas han proliferado muchísimo no solo en nuestra ciudad, sino por muchos lugares de España y del mundo. Son aves muy inteligentes y de fácil adaptación a los entornos urbanos donde se dan ciertas condiciones mínimas. Y aquí, en Sevilla, parece que han encontrado su lugar.

Según el censo de la Sociedad Española de Ornitología, en el año 2015 vivían en Sevilla 1.463 cotorras en libertad, mayoritariamente cotorras de Kramer, aunque actualmente se estima que han podido duplicar su población. Todavía no son demasiadas y aún se pueden tomar medidas eficaces para disminuir gradualmente su población sin necesidad de sacrificarlas.

Como usted sabrá, la proliferación de estas cotorras parece que está generado ciertos problemas a las aves insectívoras autóctonas, sobre todo al cernícalo primilla y al murciélago nóctulo gigante. Estas especies, por supuesto que también necesitan nuestra atención y protección. Pero antes de recurrir a la vía más fácil, mediante la matanza masiva, seamos un poco más creativos y estudiemos todas las posibilidades que tenemos a nuestro alcance.

Por favor, Sr. Alcalde, deles a estas aves exóticas otra oportunidad y preste atención a lo que ahora le voy a decir:

Primero que nada, creo que el lenguaje que usamos para nombrar a este tipo de aves debemos mejorarlo. Hay ciertas palabras que generan rechazo, miedo o repulsa entre los ciudadanos como, por ejemplo, “especie invasora”, “plaga” o, peor aún, “el terror de las plumas verdes”, según apareció en el titular de una noticia en el periódico norteamericano The New York Times, el 10 de mayo del año pasado, refiriéndose a nuestras cotorras sevillanas, como las causantes de la próxima desaparición del murciélago nóctulo gigante en el sur de Europa.

Estas aves no llegaron hasta aquí por su propia voluntad, más bien somos nosotros, los humanos, quienes invadimos sus hábitats naturales para traficar con ellas y venderlas como mascotas. Repito, nosotros somos la plaga y no ellas y, por tanto, debemos compensarlas mediante la empatía y el respeto, a la vez que buscamos soluciones creativas para todas las partes afectadas.

Por otro lado, Sr. Espadas, ¿no ha pensado usted que una Ciudad con más árboles podría dar cobijo a más especies y a más pájaros? ¿No cree también que la reciente tala masiva de árboles de gran porte ha podido perjudicar a muchas de las aves que ahora compiten entre sí? La sustitución de éstos grandes árboles, por otros más pequeños, sabemos que no solucionará el problema a corto plazo, pero seguir repoblando Sevilla con más árboles siempre debería ser una prioridad.

En cuanto a la reciente licitación pública que su Ayuntamiento anunció con carácter de urgencia el pasado 8 de abril, para el servicio de control de las especies exóticas mencionadas, que ustedes llaman invasoras, y para la potenciación de las especies autóctonas en el ámbito de la salud pública, he de decir que en el pliego de prescripciones técnicas ustedes avisan que entre octubre-2019 y marzo-2020 prevén, entre otros trabajos, capturar y sacrificar unas 300 de éstas aves, según se menciona en el apartado referente al Lote nº2. Y que, básicamente, por tales capturas, sacrificios, tratamiento de cadáveres y esterilización de huevos en los nidos, han presupuestado para dicho Lote un total de 131.717€.

¿No cree usted que es mucho dinero para eliminar tan solo a un 10% de la población total de cotorras? ¿Qué ocurrirá con las otras 2.500 o más que seguirán en libertad? ¿Volverán a gastarse el mismo dinero o más el año que viene para matar otras 300? Y si es así, ¿Cuántos años tardarán en deshacerse de todas ellas a este ritmo y a este precio?

Y, por último, ¿No sabe usted que existe una alternativa científicamente comprobada para controlar la base de la pirámide de población de las cotorras mediante la esterilización de los machos? Supongo que sí, porque al menos sé que el Partido Animalista Contra el Maltrato Animal presentó esta alternativa bien documentada en el registro de su Ayuntamiento, en junio del año pasado.

Por tanto, Sr. Espadas, estaría muy bien que se documentara y le asesoraran bien al respecto, porque esta solución más respetuosa con la vida animal, podría permitir que las cotorras argentinas y las cotorras de Kramer continúen viviendo en Sevilla mientras disminuye poco a poco su población, permitiendo de este modo que estas aves puedan finalizar sus días de forma natural.

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