![]()
Votar no fue lo más importante, fue solo un medio para cosechar lo que se sembraba y protegía, día a día, en la lucha cotidiana.
Por Diego Hernando Gómez | 27/10/2026
En Serbia, casi dos años después de la caída de la marquesina de la estación de Novi Sad, que dejó 18 víctimas fatales, el domingo tuvieron lugar las elecciones parlamentarias. La principal lista opositora, “Studentska lista – Studenti pobeđuju” (Lista Estudiantil) se enfrentó a la oficialista “Aleksandar Vučić – Ujedinjena Srbija“ (Serbia Unida). Dos “mundos”, imposibles de convivir el uno con el otro entraron en disputa.
Pero esta lucha no fue una mera disputa electoral. Una medición de fuerzas entre pares que, más o menos, comparten la misma visión del mundo y la sociedad. Entre fuerzas políticas, con amplia trayectoria en la pútrida arena política electoral, que luego de los comicios verán como se arreglarán para repartirse la torta. No habrá acuerdo. No será como siempre: el que gana tendrá más, el que pierde menos, pero ninguno “irá” por el otro, porque en el fondo son lo mismo.
Lo que sucedió no tiene que ver con los conocidos, desalentadores y falsos comicios a los que la democracia burguesa nos tiene acostumbrados. Ninguna disputa de “caballeros”, de “honorables” hombres (y mujeres) del establishment legislativo fuertemente ligados a los intereses económicos concentrados de Serbia y del mundo.
No. Esta vez no. Esta vez no hay árbitro en el ring. Está vez la pelea no está arreglada y las trompadas son de verdad. De un lado el oficialismo del “Partido Progresista Serbio”, que gobierna el país desde el 2012 a la fecha. De otro la lista de los estudiantes universitarios. De un lado una organización política nacionalista de derecha que viene haciendo negocios con todos los grandes protagonistas económicos y políticos mundiales. Ninguno falta a la hora de hacer dinero y destrozar la vida de los serbios de a pie. Con China y con la Unión Europea; con Rusia y con los Estados Unidos de América. Todo está a la venta, todo se corrompe.
Pero con el fin de ocultar la realidad el régimen siempre recurrió al mito nacionalista, que pretende la profunda y continua enemistad del pueblo serbio con sus pares albaneses, croatas, musulmanes de Bosnia, etc. Enemistad que se exacerba con el fin de generar una identidad alienada que permita seguir lavando cerebros y así seguir haciendo negocios. Porque si el enemigo está siempre ahí, a la vuelta de la esquina, tenemos que estar unidos, tenemos que “tragarnos” todos los sapos y las mentiras que el régimen de Aleksandar Vučić nos da para comer.
Pero no, esta vez no. Esta vez al árbitro, comprado por el régimen, no se le permitió subir al ring a impartir “justicia”. Esta vez los estudiantes y el pueblo impidieron que la pelea fuera amañada. Los estudiantes armaron brigadas de 10 personas que se encargaron de controlar, en cada lugar de votación, que no haya robo, que no haya fraude. No dejaron que esta mafia asesina robara las elecciones con el fin de proteger lo que aún queda de la sociedad. Se plantaron y organizaron con el fin de cuidar y velar por el futuro de sus hijos y nietos.
El movimiento estudiantil (y el pueblo trabajador) luchó y luchará para que las instituciones funcionen, que funcionen en beneficio de todos; que en cada puesto se ubique el más capacitado y no el militante oficialista clientelar. Se votó, se luchó, para que dejen de engañar con el virus patriotero, que aleja a los serbios de sus hermanos del otro lado de la frontera. Lucharon y lucharán para acabar con el nacionalismo chovinista y bregar por un internacionalismo cosmopolita. Porque la idea es construir puentes en lugar de derribarlos, como se hizo en las fratricidas guerras yugoslavas de los años 90 del siglo pasado. Se cuidaron los votos para lograr una sociedad más justa en la que no haya que emigrar, en la que no existan esclavos de los intereses económicos de las grandes potencias y los grandes capitales.
Pero lo más importante de todo, lo central es que las elecciones no han sido un fin en sí mismo. Para el movimiento estudiantil universitario, y el pueblo trabajador, fueron un medio, un medio que se combina con otros “miles” que se vienen llevando adelante desde diciembre de 2024, cuando los estudiantes se pusieron al frente y comenzaron a decirle no al régimen.
¿Cómo lo hicieron? Con marchas, tomas de facultades, peregrinaciones de cientos de kilómetros dentro del país y en el exterior (Bruselas y Ginebra para presentar demandas ante entidades y tribunales internacionales). Con los cotidianos dieciséis minutos de silencio en memoria de las 16 víctimas del trágico derrumbe de la marquesina de la estación de tren de Novi Sad, ocurrido el 1 de noviembre de 2024, como consecuencia de la corrupción gubernamental (la corrupción mata). Con ingeniosos y sofisticados cortometrajes realizados por los estudiantes de la Facultad de Arte Dramático. Pero sobre todo con una organización absolutamente transversal en la que no se destaca ni un solo líder. Una organización que decide todo en enormes asambleas a lo largo y ancho del país.
Pero lo más importante de este triunfo, no es el triunfo en sí mismo, sino que ha sido el resultado de dos años de luchas en las calles, en los lugares de trabajo, en las universidades, en las escuelas, los hospitales, en las plazas, en los bares, en todos los lugares públicos.
Lo importante es que se recorrió el camino correcto, es decir la construcción de un poder social (proveniente de la base, de la gente de a pie) que se terminó plasmando en las elecciones. No fue solo votar. Porque ir a votar fue el último paso, fue ir a recoger el fruto que se había sembrado y cuidado durante dos años hasta que madurara. Votar no fue lo más importante, fue solo un medio para cosechar lo que se sembraba y protegía, día a día, en la lucha cotidiana.
El movimiento estudiantil serbio es absolutamente innovador, se distingue sustancialmente de las organizaciones políticas burguesas convencionales. Aquí no se esperaron las elecciones para que el cambio social se produjera por el mero hecho de ir a votar. Porque la historia ha dado innumerables que solo la vía electoral no cambia las cosas. Porque lo único que se hace es depositar en esos viejos, rancios y aburguesados políticos nuestra esperanza de liberación. Y tanto como Papá Noel y los Reyes Magos son los padres, los políticos burgueses traicionan a sus votantes. Siempre, pero siempre. Digan los que digan, como el escorpión, está en su naturaleza.
En cambio, este movimiento transversal, que compromete a la sociedad toda, organizado por los estudiantes universitarios y los estudiantes más avanzados de la escuela secundaria, trae una alentadora brisa de esperanza. Porque este mundo espantoso en el que vivimos, este mundo en el que el desastre ambiental, la distópica inteligencia artificial y la falta de conciencia de clase nos está llevando, cada día más, a un desastre irreparable, puede detenerse y cambiar de rumbo. Sin dudas que es posible. No estamos condenados. No somos animales (a los que deberíamos proteger y no explotar y extinguir), y por eso podemos reflexionar, podemos transformar lo que está mal. No hay porque vivir así. Todos los niños merecen un futuro digno. Todos los abuelos tienen que ser respetados. Todos los pueblos y nacionalidades forman parte de una misma especie y como tal se debería bregar por el bien colectivo. Para que como decía Marx en los Manuscritos Económico-filosóficos:
“En la sociedad comunista, donde cada individuo no tiene acotado un círculo exclusivo de actividades, sino que puede desarrollar sus aptitudes en la rama que mejor le parezca, la sociedad se encarga de regular la producción general, con lo que hace cabalmente posible que yo pueda dedicarme hoy a esto y mañana a aquello, que pueda cazar por la mañana, pescar por la tarde, pastorear por la noche y hacer crítica después de cenar, según que me plazca, sin necesidad de transformarse en cazador, pescador, pastor o crítico.»
Se el primero en comentar