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En realidad, Zetkin estaba reflejando con su defensa a ultranza de que las mujeres se uniesen a la lucha del proletariado la realidad del momento.
Por Eduardo Montagut | 23/10/2024
Clara Zetkin fue una de las fundadoras de la Liga Espartaquista y del Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania o USPD, escindido del SPD en el año 1917, precisamente por su postura ante la Gran Guerra. En enero de 1919, tras la Revolución de Noviembre del año anterior, se fundaría el Partido Comunista de Alemania (KPD), formación a la que se unió Zetkin, siendo elegida representante en el parlamento alemán entre 1920 y 1933. Hasta 1924 fue miembro de la oficina central del KPD, y entre 1927 y 1929 fue miembro de su Comité Central. Perteneció al Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista desde 1921 hasta 1933. Además, fue elegida en el año 1925 como presidenta del “Socorro Rojo”.
De 1918 es su escrito La revolución y las mujeres, donde quiso demostrar la necesidad de la alianza entre el movimiento feminista con el movimiento obrero. El primero debía perseguir los objetivos del segundo, aunque no desarrolló claramente las razones. En realidad, Zetkin estaba reflejando con su defensa a ultranza de que las mujeres se uniesen a la lucha del proletariado la realidad del momento, cuando se consideraba que la socialdemocracia alemana había traicionado a la revolución.
En su trabajo Directrices para el movimiento comunista femenino plantea ya de forma más clara la diferencia entre una postura socialista o socialdemócrata de otra comunista en relación con la cuestión femenina. Esa diferencia se sustentaba en una crítica de lo que habría terminado por hacer la Segunda Internacional, donde ella había comenzado a luchar tanto. Al final, en su opinión, la organización internacional habría dejado la solución de las aspiraciones de las mujeres en manos de las organizaciones sindicales y de los partidos socialistas de cada país, profundizando con ello en la gran diferencia o abismo entre teoría y práctica, propio del reformismo, que tanto estaba combatiendo. La Segunda Internacional, por ejemplo, habría permitido que las organizaciones inglesas luchasen por la introducción del voto restringido de la mujer, o que los socialistas belgas y austriacos no incluyesen en sus programas la reivindicación del derecho al sufragio de las mujeres. La Segunda Internacional, en fin, no habría creado un órgano que promocionase internacionalmente la realización de las reivindicaciones de las mujeres. La organización internacional de las mujeres obreras y socialistas habría nacido por una acción al margen de la organización, de forma autónoma, seguramente, pensando en su propia labor en la creación de las Conferencias internacionales. Además, Zetkin debía estar pensando en que muchos socialistas no habían hecho nada por fomentar la creación de organizaciones concretas en favor de las mujeres en el seno de los partidos socialistas, un mal que también vio en algunos comunistas, como confesaría al propio Lenin.
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