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Francisco Martínez López, minero de profesión, se involucró desde muy joven en la red de apoyo al movimiento guerrillero y combatió en las montañas de León, El Bierzo, La Cabrera y zonas de Galicia y Ourense.
Por Marta Vital | 18/04/2026
El largometraje documental “Guerrillero”, dirigido por el documentalista madrileño Joan Gamero, ha llegado a las pantallas en 2026 como uno de los testimonios más potentes y urgentes sobre la resistencia armada antifranquista en España. La película, de aproximadamente 90 minutos, se centra en la figura de Francisco Martínez López, conocido como “El Quico”, quien, con más de cien años (nacido el 1 de octubre de 1925 en Cabañas Raras, El Bierzo, León), se convierte en el último testigo vivo de aquella lucha silenciada durante décadas.
El estreno en España tuvo lugar en el marco del Festival de Cine El ojO cojo de Madrid, donde se proyectó el 16 de abril como uno de los platos fuertes de la programación. Previamente, la película ya había tenido presentaciones y proyecciones especiales, como en Ponferrada (tierra natal de Quico) y otras muestras de cine y derechos humanos. Gamero filmó “justo a tiempo”: con la lucidez intacta y el carisma hipnótico de un centenario que aún recuerda con precisión detalles de su vida en la guerrilla.
Una historia que no se puede olvidar
“Guerrillero” no es solo un retrato biográfico; es un acto de memoria contra la “amnesia pactada” que, según el propio director, ha rodeado durante mucho tiempo la posguerra española. Francisco Martínez López, minero de profesión e hijo de una familia republicana de campesinos y mineros, se involucró desde muy joven en la red de apoyo al movimiento guerrillero. Formó parte del
Servicio de Información Republicana (SIR) y, tras ser descubierto por la policía en 1947, se echó al monte.
Combatió en la Segunda Agrupación del Ejército Guerrillero de Galicia-León, primero en el grupo de Manuel Girón (hasta su muerte en 1951) y luego con otros compañeros. Su lucha se prolongó hasta 1952 —siete años después del final oficial de la Guerra Civil—, en las montañas de León, El Bierzo, La Cabrera y zonas de Galicia y Ourense. Los bellos y duros paisajes de estas comarcas acompañan el relato en la pantalla, contrastando la belleza natural con el terror, la persecución y la solidaridad rural que permitió la supervivencia de los guerrilleros.
Quico fue condenado a muerte (aunque nunca indultado formalmente por el Estado franquista), tuvo que exiliarse a Francia en septiembre de 1951 junto a compañeros como Manuel Zapico, Pedro Juan Méndez y Silverio Yebra, y vivió allí trabajando en la construcción y la metalurgia, llegando a ser responsable del PCE en el país vecino. Regresó a España tras la muerte de Franco y se reencontró con “los restos del franquismo”.
Durante décadas, su historia —y la de miles de maquis— prácticamente no existió para la mayoría de los españoles. El documental rompe ese silencio dando voz directa al protagonista, quien narra su infancia republicana, el golpe de Estado, la violencia de la represión, el día a día de la resistencia armada y la solidaridad de los enlaces en los pueblos.
Un documental necesario y emotivo
Joan Gamero (Madrid, 1952), con una trayectoria que incluye participaciones en festivales como Berlín o San Sebastián, firma aquí una obra íntima y respetuosa. La película se construye principalmente a partir del testimonio en primera persona de “El Quico”, acompañado de imágenes de los escenarios reales de su lucha y un enfoque que prioriza la emoción y la memoria viva por encima de la reconstrucción dramática.
“Guerrillero” no solo rescata una página poco conocida de la historia de España —la resistencia armada organizada en León y Galicia que se extendió hasta principios de los años 50—, sino que interpela al espectador sobre el valor de la memoria democrática, el olvido colectivo y la dignidad de quienes se negaron a rendirse. Como ha señalado el propio Quico en diversas intervenciones, sin memoria democrática es difícil construir un futuro justo.
La proyección en festivales como El ojO cojo ha generado un gran interés, especialmente en regiones como León y Galicia, donde la huella de la guerrilla aún resuena en la memoria local. La película se presenta como un documento irrepetible: el testimonio de un hombre que cumplió cien años en 2025 y que encarna la última voz directa de aquella generación de resistentes.
“Guerrillero” es, en definitiva, un homenaje a la resistencia, un ejercicio de justicia histórica y una invitación a no olvidar. En una época en la que las voces de los testigos directos se extinguen, Joan Gamero ha conseguido capturar una de las más valiosas que quedaban. Una película que merece ser vista y debatida, porque la memoria de “El Quico” es también la memoria de todos.
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